miércoles, febrero 4, 2026
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MI VISITANTE

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Álvaro Espinoza escritor de la Disputa

visitante, visitante, visitante

Eran ya tres o cuatro noches al hilo sin conciliar el sueño; nada extraño, podría suponerse, viniendo de mí. Sin embargo, la incapacidad de mi conciencia para hallar el asueto empezaba a hastiarme. Nada se podía hacer para salvarme del desahucio. Leía párrafos enteros en búsqueda del sopor que me había sido arrebatado, el bisbiseo de la televisión me amodorraba, para luego, cruelmente, despabilarme con uno de sus previsibles estruendos y el celular solo erosionaba mi visión, sin que mis anteojos paliaran el escozor de mi cansancio. Incapaz de franquear el sólido mampuesto de pensamientos y dudas, me sumergía entre las cobijas hasta los lindes de la asfixia, para que así, un venturoso desmayo me otorgara el descanso. Los ronquidos que provenían del tálamo de mis padres sonaban como los regaños que mi madre pronunciaba a diario, cuando uno o dos de mis largos cabellos yacía envuelto entre las hendijas de la coladera. El reloj no hacía más que burlarse de mi suerte, rumoreando carcajadas entre cada repique de sus manecillas; “JA-JA”, parecía anunciar, en sincronía con los segundos.

-En la noche se delira, o más bien, los delirios nos visitan – pensé.

La locura distorsionaba las formas y sonidos a mi alrededor. La poca cordura que me quedaba y mi voz con la que musitaba réplicas a cada desquicio, eran ahora mi resguardo. De pronto, los litros de agua que había trasegado a granel empezaron su recorrido hacia mi vejiga. Cuando húbose percatado de la acuciante necesidad, mi conciencia depuso su monólogo y salí hecho una tromba directo hacia el pasillo que conduce al baño. Sin apenas esforzarme, una cristalina salpicadura se vertió en el sanitario, primero en las paredes que bordean el retrete y luego directo en el blanco. Mi rostro expresaba un visible alivio. Esa iba a ser probablemente la sensación más cercana al descanso.

Las horas pasaban a cuentagotas y la desesperación se hacía patente. De regreso a mi habitación, me detuve frente al visillo que recubre la ventana justo detrás de mi cama. Allí, algo fascinante atrajo mi atención; ligeras capas de neblina acompañaban el rielo de las farolas, mientras que el relente de la noche contorneaba figuras cada vez más antropoides. En medio de mi embeleso, lo que parecía ser la silueta de un hombre alto y garboso empezó a columbrarse. Aquel sujeto caminaba con porte marcial y natural desenfado. La gracia de sus pasos era hipnótica y no pude evitar tirar hacia un costado para verlo ya no entre la cortina, sino por el enrejado. El extraño dio un par de pasos más hasta situarse justo en mi delante. Por un momento quise que notase mi presencia, pero no tardé en lamentar tal disparate.

Las manecillas se movían sordamente, mientras el rostro de mi visitante se volvía en dirección a mi ventana. Un escalofrío recorrió mi espina y antes de siquiera reconocer alguno de sus rasgos, me tumbé sobre mis espaldas, dejando que las cortinas pendieran por sí solas hasta la calma. Unas furtivas lágrimas y unas cuantas gotas de sudor perlaban mi rostro ¿Por qué me aterraba tanto aquel extraño? No entendía la razón de mi repentina angustia. Traté de darme ánimos y haciendo acopio de una valentía que disimulaba mi espanto, erguí mi cabeza hasta que mis ojos vislumbraban el borde de la calzada. Él permanecía inmóvil, justo en la posición en la que lo dejé hasta antes de mi sobresalto. Habiendo advertido mi presencia, el viandante encaminó su mano derecha hacia el bolsillo de su abrigo. Una parte de mí le rogaba de fondo:

– ¡Tira del maldito gatillo! ¿qué esperas?

Pero el sinvergüenza solo prorrumpió en risas, mientras continuaba su recorrido hasta perderse en la bruma. Parecía haber escuchado mis lamentos ahogados.

Seguí sus pasos hasta que el alborozo declinó en la lejanía. Entonces retorné hacia mis cobijas, completamente confundido y sin asomo de letargo. Tenía demasiadas preguntas, pero una vez más, mi organismo apremiaba y debía emprender otro viaje al sanitario. Esta vez, ya no me detuve a deleitarme con el placer del desahogo. Me apresté a volver a mi recamara, sin sospechar que una sombra de particularidades consabidas me esperaba en el corredor. En un principio, supuse que se trataba de mi hermano, pero pronto me di de bruces con la silueta de aquel nefario. Lo siguiente a eso es muy confuso; mis piernas languidecieron hasta que desfallecí en el umbral de mi dormitorio. No recuerdo nada más de esa noche.

A la mañana siguiente, desperté cómodamente arrebujado en mis aposentos. Le pregunté a mi madre si había escuchado el estruendo de mi caída, a lo que extrañada me inquirió:

– ¿Anoche te caíste?

-Me parece que sí, o quizá solo lo soñé -respondí, fingiendo que se trataba de una de mis cuchufletas.

Luego de tomar un ligero tentempié, subí hasta mi habitación. Apenas puse un pie dentro de la estancia, noté que la cortina estaba desarreglada, como de resultas de un vistazo hacia la avenida por el paso de un extraño. Avancé hacia mi ventana y atavié el visillo para devolverle su nimio encanto. Entretanto, una aguda aflicción en mi cabeza hizo que me detuviera. Dirigí mis dedos hacia el núcleo de mi dolor y descubrí un pequeño bulto, cuyo origen desconocía.

Eché un vistazo al corredor, solo para advertir con mayor pavor que, el umbral de mi puerta tenía una ligera abolladura, como si mi cabeza se hubiese estrellado directamente contra ella. Mi intemperancia investigativa entonces sucumbió. No quise conocer más detalles de lo que realmente me ocurrió la noche anterior. Ahora procuro ir a dormir antes de que pase el último conductor; antes de que se escuche la última voz, la última canción y los pasos queditos del último peatón. Sé que después de aquello, a quien he decidido llamar “mi visitante”, emprende su viaje a la espera de que yo lo vigile. La próxima noche espero estar dormido cuando decida visitarme…

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

La Disputa

Mujeres, participación política y elecciones 2021

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Participación

La inclusión de las mujeres en el quehacer político y electoral del país es un derecho, no un favor. Es una lucha histórica contra la invisibilidad de una democracia con sesgo patriarcal que las mantuvo relegadas de lo público, de la política y que las condenó casi por dictamen a cumplir roles secundarios apartadas del poder y la toma de decisiones. Lo cual representa una falla de origen del sistema político ecuatoriano, pese a que esta no limitó su funcionamiento durante cuatro décadas.

Para hacer frente a esta realidad y fomentar la participación política en condiciones de equidad, las reformas electorales al Código de la Democracia –que entraron en vigencia en febrero de 2020– dispusieron a las organizaciones políticas inscribir de manera obligatoria y progresiva a las mujeres como cabezas de lista en las elecciones pluripersonales con un porcentaje mínimo del 15% para el proceso electoral de 2021 hasta llegar al 50% en el año 2025. Sin embargo, los resultados fueron poco alentadores.

De un total de 533 candidatos (hombres y mujeres) que figuraron como cabezas de lista para las dignidades de asambleístas nacionales, provinciales, del exterior y parlamentarios andinos; apenas 157 fueron mujeres, es decir el 29.54%, cifra todavía lejana a los 376 hombres (el 70.55%) que recibieron la confianza de sus partidos y movimientos para cumplir con este rol.

Aquí un detalle importante, el mayor número de mujeres que lideraron las listas de sus organizaciones políticas estuvieron en las provincias de: Pastaza (7 de un total de 12 candidatos), Zamora Chinchipe (4 de un total de 8 candidatos), en la Región Amazónica; Manabí, en la Circunscripción 1 Norte (9 de un total de 17 candidatos), en la Región Costa; y, Pichincha, la Circunscripción resto de Pichincha (9 de un total de 17 candidatos).

La única dignidad de elección popular en la cual las mujeres lideraron las listas de sus partidos y movimientos en mayor número que los hombres fue en la de parlamentarios andinos (13 de un total de 15 candidatos, es decir el 86.7%). ¿A qué se debe esto? Una respuesta preliminar da cuenta de que las mujeres son designadas a encabezar las listas de sus partidos y movimientos en localidades donde posiblemente no triunfen. Lo cual constituye una nueva forma de exclusión, pues el centro de la política en las capitales de provincia sigue siendo patrimonio exclusivo de los hombres.

A esto se suma que el número de legisladoras en la Asamblea Nacional se redujo de 54 (39.5% del total de parlamentarios en el periodo 2017-2021) a 51 (37.22% en el periodo 2021-2025). Pero no es todo, mientras en las elecciones generales de 2013 las candidatas a asambleístas nacionales llegaron al 49.7% y en 2017 al 48.4%, en el último proceso electoral su participación bajó al 48.2%. Esta reducción contrasta con el incremento de las candidatas a asambleístas provinciales en las elecciones de 2021, en este ámbito la participación de las mujeres alcanzó el 47.3% en comparación con el 46.1% de 2017 y el 46.3% de 2013.

Como se puede evidenciar, la participación de candidatas principales a las distintas dignidades de elección popular todavía se mantiene por debajo del 50%.

Por otra parte, según datos oficiales del órgano electoral en las elecciones generales de 2021 la presencia de candidatas mujeres (principales a todas las dignidades) llegó al 47.5%, tan solo 1.2% más que en las elecciones de 2017 y 1.3% por encima de las de 2013.

El rango etario de las mujeres también deja entrever las distinciones y preferencias de las organizaciones políticas a la hora de seleccionar a sus candidatas. Por ejemplo: de un total de 2.247 candidatos principales –entre hombres y mujeres– (a las dignidades de binomio presidencial, asambleístas nacionales, provinciales, del exterior y parlamentarios andinos) las mujeres con edades de 30 a 64 años tuvieron mayor presencia en las listas con 722 candidatas (32.13%); en el caso de las mujeres jóvenes (de 18 a 29 años) su participación se redujo a 326 candidatas (14.50%); mientras que en mujeres con edades de 65 años en adelante su presencia en la conformación de las listas fue únicamente con 20 candidatas (0.89%).

Un dato no menos relevante es el papel de las mujeres jóvenes con edades de 18 a 29 años en las listas. De un total de 484 candidatos principales de ese grupo etario, 326 fueron mujeres (67.4%) y 158 hombres (32.6%). Lo expuesto arroja algunas inquietudes: ¿Qué motiva a los partidos y movimientos a incluir más mujeres jóvenes en sus listas que hombres? ¿Por qué esto no ocurre, por ejemplo: en el caso de las mujeres adultas o de adultas mayores? ¿Es solo un tema de renovación al interior de los partidos, carisma de las candidatas o simple marketing político para captar el voto de los hombres? ¿Cuántas de esas mujeres jóvenes se formaron en los partidos políticos a los que representaron? ¿Cuántas de ellas fueron o son militantes, afiliadas o adherentes?

En todo caso, el problema de la participación equitativa de las mujeres (y los hombres) en la política y los procesos electorales –así como en cualquier otro ámbito– no debe ceñirse de manera exclusiva a la suma de personas, sino a la calidad, compromiso y eficiencia de quienes ejercen y aspiran a ejercer un cargo público. Solo así las sororidades no serán cómplices y encubridoras de la corrupción y el fraude, y las reivindicaciones de las mujeres no serán vaciadas en su esencia por actos proselitistas en su nombre; pues la elección de un mayor número de mujeres no necesariamente implica una mejor administración de la cosa pública, mucho menos la puesta en escena de prácticas republicanas en el quehacer legislativo, aunque sí dota a la democracia de condiciones más equitativas y de un enfoque de género.

La desigualdad estructural que llevan a cuestas las mujeres, se debe combatir con la democratización plena y sincera de partidos y movimientos políticos; la vigilancia estricta del órgano electoral, no solo al cumplimiento formal de la ley, sino a que esta se aplique sin “trampas” y perjuicios políticos y electorales; y, el empoderamiento de quienes decidan cambiar esta realidad.

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

La Disputa

Reseña de la Obra: La Isla de Robinsón- Arturo Uslar Pietri

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Fernando Endara escritor de La Disputa

Reseña de la Obra: La Isla de Robinsón- Arturo Uslar Pietri

“La Isla de Robinsón”, aquella ínsula en donde quedó cautivo el Crusoe de Defoe, se asemeja en algo a la soledad interior, a esa enorme amargura de saberse aislado, incomunicado, incomprendido. “La Isla de Robinsón” es un espacio inaccesible e intransitable, es el abismo interior de cada persona con sus cavilaciones, miedos y sueños; es un refugio, un escondite y un desierto; es aquel rincón del cerebro que nos permite crear un mundo interior.

Simón Rodríguez, expósito, escapaba a su islote de vez en cuando para reflexionar, retomar fuerzas o mejorar sus enseñanzas pedagógicas; lo hacía con voluntad, con el desprendimiento de quien carece de familia o de origen, con la certeza de ser pasajero y protagonista de una época agitada y de cambios, con la ambivalente ventaja de mudar de nombre y de historia cada tanto. Samuel Robinsón o Simón Rodríguez (1771-1854) es recordado como “el maestro de Simón Bolívar”; sin embargo, su huella en los movimientos independentistas y republicanos es muchísimo más profunda de lo que se imagina: trabajador honesto, patriota incansable, esmerado profesor, práctico, sencillo, humilde, entregado a la tarea interminable de formar ciudadanos, ejemplo e inspiración para las futuras generaciones de educadores.

Arturo Uslar Pietri rindió tributo a la inmensa figura del primer pedagogo de la América libre en el formato de una biografía novelada: “La Isla de Robinsón”, publicada en 1981, que nos descubre a un personaje histórico casi marginado, tanto ahora como en su tiempo, a través de los extraordinarios dones narrativos del escritor venezolano. Uslar Pietri ya le había dedicado a Simón Rodríguez un capítulo en la obra: “Letras y hombres de Venezuela” en 1948, acá, amplía su investigación hasta convertirla en una novela anecdótica sumamente estilizada por su exuberante, potente y desbordante lenguaje, con un ritmo musical de subidas y bajadas de tono, que nos permite advertir las diversas facetas de su biografiado mientras plantea una serie de proyectos educativos y de utopías para el futuro de las nacientes repúblicas que nunca terminan de cuajar, que se malogran, que fracasan, que devienen en nuestros países empobrecidos: es que casi siempre las utopías terminan en matanzas, guerras civiles y/o campos de concentración. “La Isla de Robinsón” es entonces, además de una biografía novela, la crónica del fracaso de una revolución independentista que hizo caso omiso a las necesarias reformas educativas, económicas y sociales; y se fragmentó para el beneficio de unos pocos y el prejuicio de las mayorías.

Arturo Uslar Pietri inició su periplo literario, narrativo y ensayístico a partir de 1930, participó en la política como diplomático y embajador de Venezuela ante la UNESCO, acuñó la expresión “Realismo Mágico” en 1948 para referirse a la nueva narrativa latinoamericana, produjo varias telerevistas; se destaca “Valores Humanos”, enfocada en la Historia y en la Artes, ganó el premio de periodismo hispanoamericano “Miguel de Cervantes” en 1973, obtuvo numerosos galardones y reconocimientos por su destacada trayectoria intelectual y literaria.

Para embarcarse en la escritura de “La Isla de Robinsón”, Arturo Uslar Pietri realizó un estudio exhaustivo previo, pues su interés fue sacar a la luz a un personaje olvidado en el Siglo XIX, cuya vida fue un sinsabor, una infortuna hasta después de la muerte. Así nos presenta a Simón Rodríguez, padeciendo desde la infancia: expósito, sin padres, adoptado por el cura Carreño.  Un niño que terminaría por convertirse en un inteligentísimo maestro y sociólogo: un hombre extravagante, utópico, poco compatible con la realidad, que fracasó en cada uno de sus planes; pero que tuvo más claro que nadie el norte del proyecto independentista. Primero la Educación, después la Educación, al final la Educación. No se involucró en guerras fratricidas ni aspavientos políticos; buscó la igualdad, la fraternidad y la justicia de manera práctica: adoptó, crio y enseñó a generaciones de niños y jóvenes, sin mirar su condición económica o social, propuso un sistema de educación pública y gratuita que permitía formar a los infantes en la luz republicana. “Para forjar república se necesitan republicanos, solo una escuela republicana puede hacerlo”.  La sociedad y la escuela están unidas, una escuela tradicional perpetúa una sociedad tradicional.

“La Isla de Robinsón” enlaza a través de una biografía novelada: un retrato de época, una novela de aprendizaje y un libro de viajes. Los personajes transitan por la Europa postrevolucionaria de las guerras napoleónicas, desde París hasta San Petersburgo, pasando por Madrid, Roma, Viena, Ámsterdam y Milán; y por diversas regiones de la América recién emancipada: Caracas, Bogotá, Quima, Lima, Arequipa, Guayaquil, Latacunga, Santiago, Valparaíso; ciudades cubiertas por un velo de decepción y esperanza, carcomidas por sus guerras intestinas y sus caudillos. La sociedad se describe confundida, convulsa, confusa, confabulada, fragmentada, dividida, desordenada, ambivalente, en el ocaso exacto del antiguo régimen y el nacimiento de uno nuevo. En ese sentido, la novela nos recuerda a “Las Lanzas Coloradas” del mismo autor y a la “Relación de un Veterano de Independencia” del ecuatoriano Carlos Rodolfo Tobar; pero resuena, con un eco más hondo con “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, por sus viajes trasatlánticos ausentes en las Lanzas o en la Relación.

“La Isla de Robinsón” es, además, una novela perspectivista en donde el tiempo, el espacio, los narradores, las conversaciones y los puntos de vista saltan de un sitio a otro, del futuro al pasado, de la montaña al mar, de la vejez a la juventud. La novela se construye con numerosos diálogos fehacientes debido a la cantidad impresionante de referencias reales, exactas y rigurosas, sostenidas en una amplía utilización de fuentes documentales directas como cartas, noticias, escritos de la época, periódicos, entre otros.

 “La Isla de Robinsón” es también la crónica del naufragio del proyecto ilustrado independentista americano, el sueño/pesadilla de los Simones. Bolívar fue enviado a vivir con Rodríguez porque su tutor Carlos Palacio y Blanco no podía atenderlo. Era 1795, el discípulo estaba por cumplir 12 años, el maestro tenía 25, ejercía su vocación en la “Escuela de lectura y escritura para niños”. A pesar de las negativas y las tretas iniciales del jovenzuelo, que intentó escapar de su custodia, los Simones entablaron una estrecha relación de amistad fraterna: Rodríguez se convirtió en consejero, ejemplo y mentor del futuro “libertador”.

Los Simones se volvieron a reunir en París en 1804, Robinsón tenía 34 años, Bolívar 21, estaba abatido por la reciente muerte de su esposa madrileña María Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodríguez del Toro y Alaiza. Samuel hizo aspaviento a su soledad en la compañía del jovenzuelo, compartiendo reflexiones, ideas y utopías sobre los repentinos y trascendentales cambios del mundo; Bolívar por su parte, se dejó contagiar, encausó su dolor y energía en trasladar estos cambios a su natal aldea: su América Española. En 1805 entablaron un viaje por Italia, observaron a Napoleón coronarse rey, acudieron al Monte Sacro en Roma, en donde un conmovido Bolívar pronunció su famoso juramento, comprometiéndose en liberar a América.

En 1806, el futuro libertador regresó a Venezuela para empezar la beligerancia; el mentor vivió en diversos sitios de Europa, siempre atento, esperando el momento oportuno de regresar a Caracas para poner en práctica sus reformas pedagógicas republicanas, sus proyectos educativos que, (en teoría) encausarían la igualdad, la fraternidad y la justicia de los nuevos países, con mejores resultados que la bayoneta y el arcabuz.

El regreso se produjo finalmente en 1823. Simón Rodríguez entabló un verdadero periplo para dar con el libertador. Bolívar, para sorpresa de su séquito militar de perdices, se mostró amable, respetuoso, cariñoso, obediente con su mentor, le encargó la educación de los niños y jóvenes de las nuevas repúblicas, le concedió nombramientos, le otorgó recursos, le imploró poner en marcha la ansiada reforma educativa.

La perspectiva innovadora de Rodríguez molestó a unos pocos y confundió a la mayoría: educó infantes de diversa condición social, sin distinguir entre el aristócrata o el mendigo, entre el criollo o el negro, entre el mulato o el indio, impidió el ingreso a los chicos mayores, puesto que ya estaban perdidos; enseñó ideas y oficios, formó el carácter, les dio el impulso necesario para ganarse la vida como honrados ciudadanos; ya no siervos, ni súbditos, ni esclavos. Sin embargo, sus intentos se frustraron una y otra vez debido a la incongruencia de sus métodos con la realidad. Cuando Rodríguez se empeñó en buscar la igualdad, la fraternidad y la justicia; la mayoría de los funcionarios, patriotas, republicanos y grandes hombres se concentraron en dividir territorios, esclavos, mujeres, bienes y demás prendas de guerra, trazaron líneas imaginarias, copiaron consignas casi ajenas, redactaron documentos que en el nombre del pueblo los perpetuaba en el poder, se revistieron de títulos y escarapelas: se convirtieron en presidentes, generales, ministros. Naturalmente un hombre como Robinsón, interesado en la reconstrucción educativa, social y política, sin ambiciones ni intrigas, fue derrotado por la ambición y el caudillismo, fue visto como un loco, un hereje, un tipo con la cabeza repleta de disparates.

Sus escritos confirmaron la idea egoísta que las mayorías se hicieron de Rodríguez: “Escribir es pintar las ideas” sostenía, mientras llevaba a la imprenta sus enigmáticas obras: una “tipografía caprichosa y una ortografía insurgente”, en cada página varios tipos de letra, de todos los tamaños, con colores, frases sueltas conectadas por un solo verbo o sustantivo que se unía a diversos complementos mediante líneas y trazos, casi un sinsentido, únicamente inteligible para su autor. “Inventamos o erramos” escribió el maestro con urgencia, interpelando a sus contemporáneos a nuevas búsquedas y preguntas, los urgidos respondieron perpetuando las jerarquías: los antiguos vicios con nuevos nombres. Simón Rodríguez naufragó; pero Uslar Pietri acertó en mostrarnos la “crónica de un fracaso anunciado”, nos entregó una novela crítica que al mismo tiempo que rescata de las sombras a un personaje histórico admirable casi olvidado, cuestiona los procesos independentistas republicanos. Finalmente, “La Isla de Robinsón” es un trabajo novelístico, investigativo y estético que nos llama al desengaño: “Ya no me hago ilusiones sobre ningún gobierno, mientras más he vivido y visto cosas menos puedo hacérmelas. Tal vez usted se las hace todavía. Desengáñese, no hay en el mundo gobierno bueno”. Concuerdo, y ¿usted?

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La Disputa

Noctámbulos buscando amar

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Álvaro Peña articulista La Disputa

Palabras clave: Vacío, ser humano, amar, búsqueda, luz

Imagen que muestra una cafetería llamada Phillies, muestra a un hombre sentado en la barra solo de espaldas con traje y sombrero elegantes, frente de él en la misma barra está sentada una pareja hombre-mujer, ella con vestido rojo, es pelirroja y el hombre lleva sombrero y traje elegante. tras el mostrador se muestra un mesero. Todos llevan expresión seria.
Nighthawks, de Edward Hopper, 1942
(https://www.infobae.com/cultura/2020/12/28/la-belleza-del-dia-noctambulos-de-edward-hopper/ )

Adentrarnos en el mundo de arte es realmente fantástico, porque vislumbramos los sentimientos y pasiones que los artistas plasman en sus obras, evocando emociones de todo tipo, tanto para quien las crea como para quien las recrea.

Edward Hopper, pintor y grabador estadounidense (Nyack, 1882 – Nueva York, 1967), se caracterizó por ser uno de los máximos exponentes del realismo en su país, influenciado por el arte clásico español y francés, logró sellar su estilo único con el realismo personal que lo expresó en todas las obras que realizó. Nighthawks (1942) (Noctámbulos en español) es una de sus obras cumbres que lo catapultaron a la fama; el óleo pintado ha sido objeto de muchos elogios y análisis de expertos, porque tras de él hay una historia bastante interesante, Edward empezó a pintarlo justo después del ataque sorpresivo de los japoneses a Pearl Harbor, provocando esto un gran desánimo y preocupación en todo el país. Además se refleja la vida urbana moderna de la ciudad, su vacío y soledad, aspectos tan comunes en la mayoría de las obras de Hopper.

En esta ocasión, trataré de poner mi grano de arena a las mil y una interpretaciones que expertos en el tema, le han dado a esta maravillosa obra. La descubrí hace más de un año, justamente cuando la cuarentena hacia lo suyo en casi todo el mundo, buscar algo que nos mantenga entretenidos para paliar la situación y sacarle el máximo provecho. Como siempre, me enfocaré en analizar algunos detalles de la obra con el comportamiento del ser humano en el diario vivir.

Noctámbulos muestra un restaurante en un barrio popular en Manhattan,  muy elegante, como los personajes que lo visitan, por supuesto casi vacío. La solitud del lugar y la actitud de sus actores hacen ver las carencias del ser humano, por un lado, su elegancia, como quien quiere impresionar a los demás, y por el otro, la soledad y alienación del hombre. ¿No les parece que esa actitud ha vuelto a la moda? El hombre de espaldas refleja el egoísmo del ser humano, que lejos de socializar y empatizar con el otro, siempre se ensimisma consigo mismo de espaldas al mundo, ávido de captar la atención de los que aún con sus afectos viciados no pueden trascender, acomodados en las seguridades del trabajo, la buena fama, el buen vestir y el qué dirán de los demás.

El vacío impulsa a la contemplación silenciosa, que no es más, que vernos desnudos frente al monstruo acaparador del efecto gravitacional de la sociedad; imitar a alguien o tener algo, porque nos vemos indefensos con las manos vacías y el corazón embotado en no sé qué. El vacío refleja también la actitud licenciosa del hombre, y por ende la vulnerabilidad ante eventos fortuitos y placenteros de los cuales disfruta, porque aún hay algo que llenar. No es casualidad encontrarse en un bar, son lugares donde casi todos hemos acudido a buscar algo: el afecto, que por lo general, el ser humano siempre lo encuentra en amigos de una noche de copas y pasión.

La mujer siempre da la pincelada maestra en todas las obras de arte; aquí no hace la excepción, con su rojo escarlata impresiona a su acompañante, amante o amigo; inician o terminan una charla, al parecer sosa y trivial, el rechinar de los platos y el murmullo de la cafetera hacen la sinfonía de la noche, que es la única testigo de tan patético lugar. Se nota claramente la apatía y desinterés a su amigo, tanto así, que hace reverencia a su pulcro manicure,  lo acompaña quizá por dinero o también por llenar sus vacíos existenciales.

El camarero representa al común de los mortales, todos quienes trabajamos para satisfacer nuestras necesidades o cumplir un sueño, evidentemente muestra la falta de atención a sus clientes, no los soporta, como no soporta la situación, solo trabaja porque tiene que trabajar.

No hay manera de entrar a la cafetería, al menos de forma óptica o a través de la mirada, así de encerrado está el mundo en sus quehaceres. Quizá estos noctámbulos estén viviendo en esa pecera de cristal. Solo nos queda observar… observar la luz que refleja el bar a la calle, escasa luz que alumbra la realidad de la vida, es la luz que anhelan ver en el futuro muy incierto. Observar la actitud y relaciones ambiguas de todos, frente a todos. Cada quien en lo suyo, es de madrugada, todos quieren algo, todos se encuentran en un sitio, lugar donde se encierran las frustraciones, decepciones y profundas tristezas en búsqueda de algo que llene lo que está vacío. Evoca la noche prohibitiva de quienes miran la obra y de quienes están representados en ella.

Como bien decía, la obra se realizó en un ambiente donde la vida política, social y económica era muy incierta. PHILLIES rinde culto al vicio y al comercio, con sus exteriores lúgubres geométricamente bien diseñados hermosean la arquitectura de la ciudad y el desconcierto de aquellos ¿Qué podemos hacer ante la inestabilidad y la duda? ¡Seguir trabajando y viviendo!

Todos de una u otra forma nos vemos reflejados en la obra, estamos en la búsqueda constante de algo o alguien a quien amar y sentirnos amados. San Agustín en sus Confesiones decía: Buscaba qué amar amando amar y odiaba la seguridad y la senda sin peligros…”. Amamos la idea y el hecho de que nos amen a como dé lugar, sin peligros ni prejuicios, esa la máxima expresión del egoísmo que hoy se viste de rojo escarlata y que acapara la atención de todos cuantos andamos en la búsqueda de la pieza en donde encajar.

Referencias:

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La Disputa

Contra la sucia realidad

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Imagen destacada Gabriela Celorio
Gabriela Celorio escritora de La Disputa

contra, contra, contra

Escuchamos apologías falsas,

nos inscribimos en una verdad visual,

que fastidio ver el curso de la Historia,

una Historia gris y colonial.

Merecemos la dicotomía,

no somos lineales,

necesitamos repudiar el miedo,

necesitamos visionarios fuera del privilegio,

¿Será que los sentimientos embaten a lo aparente?

Vivimos en la apariencia de lo ocular,

Nos vemos reflejados en lo que no podemos pagar,

¿Y las utopías? ¿Y la igualdad?

Las absorbimos y las eliminamos del porvenir,

de un porvenir vacío y líquido.

Pero de vez en cuando escuchamos,

de vez en cuando nos hartamos,

nos damos la oportunidad de enfurecer,

de querer tiempo, de querer vivir

nos damos la oportunidad de elegir…

La Disputa

Sin descorreización no hay reinstitucionalización

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Descorreización, Descorreización

Para reinstitucionalizar el Estado –primero– hay que descorreizarlo en toda su estructura, situación que todavía está pendiente por parte del Gobierno Nacional. Frente a esta realidad, los ciudadanos tienen razón al preocuparse, pues la mayoría de ecuatorianos no entregó su voto el 11 de abril para que los mandos medios, afiliados y operadores de las células del correato continúen administrando las instituciones públicas como hace catorce años, aunque ahora guarden silencio y se escuden en el “profesionalismo” para evitar el escarnio y las críticas de la opinión pública.

Resulta imposible olvidar como estas personas –adictas a los privilegios– convirtieron las entidades estatales en extensiones de Alianza País para: afiliar a toda clase de funcionarios al entonces partido de gobierno; crear grupos de ataque y respuesta en defensa de atrocidades como la eliminación del pago del 40% del Estado al IESS; linchar a periodistas y políticos opositores; salir a marchas y concentraciones como parte de la jornada laboral; cobrar diezmos; entregar nombramientos provisionales bajo el mérito de ser miembro del partido de gobierno o acólito de alguna autoridad estatal; y, lo que es peor, montar estructuras cuasi-partidistas (comités de la revolución ciudadana como el denominado “Cambio Revolucionario” y otros) –posiblemente con fondos públicos y de la propia seguridad social– para satisfacer el ego del ex gobernante –hoy prófugo de la justicia– con muestras faraónicas de lealtad.

¿A qué se debe esto? ¿Por qué reciclar a los mandos medios del correísmo moviéndolos de una institución a otra? ¿Qué papel jugaron estas personas en los casos de corrupción de las entidades en las que laboraron en el transcurso de los últimos catorce años? ¿Cómo recuperar nuestra credencial democrática cuando los operadores del autoritarismo asumen que este gobierno –“el gobierno del encuentro”– es tan solo una transición similar al macrismo en Argentina para el retorno al poder del caudillo, sus emisarios y la delincuencia organizada a la que representan?

Si esta situación continúa en las instituciones del gobierno central, con el paso del tiempo quizá tengamos que preguntarnos: ¿quién gobernará en realidad al Ecuador, el Presidente de la República y sus ministros o los correístas anquilosados con el beneplácito de las autoridades de Estado? ¿Tan grande es el peso de la masa laboral correísta dentro del sector público que no se puede prescindir de ella? Si esto es así, el gobierno debe explicarlo para no caer en contradicciones. Por otra parte, ¿quién nos garantiza a los ciudadanos que los potenciales boicots a la democracia no se gesten desde las entrañas de las entidades públicas (tomadas por el correísmo) por sobre cualquier movilización o riña de calle?   

El mandato del pasado 11 de abril fue claro y el gobierno del Presidente Lasso lo sabe: cero tolerancia a corruptos, corruptores y sus operarios; y esto solo se conseguirá con la descorreización del Estado y su posterior reinstitucionalización. Tarea que no se puede postergar, mucho menos relegar al olvido por priorizar el Plan de Vacunación, pues ambas actividades deben y tienen que trabajarse a la par, solo así la ciudadanía no se sentirá engañada nuevamente.

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

La Disputa

LA CASA DEL SUR

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Álvaro Espinoza escritor de la Disputa

casa, casa, casa, casa, casa

El metro calienta su motor en el decurso de la alborada; el conjunto de fierros y aceite hirviendo empieza a producir las primeras dosis de miasma en el aire y yo desde mi habitación, estiro cada brazo hacia un costado, anticipándome a la sacudida que en instantes pronunciará el reloj. Es un viaje largo y más vale que mis zancas no desfallezcan a medio camino. Pasa la primera hora y para entonces, el apremio por llegar a tiempo a mi destino disuade cualquier atisbo de incomodidad.

Empiezo a inquietarme y los segundos parecen premeditar su pronta arremetida hacia los minutos. Una vez que admito mi incapacidad para cumplir con exactitud lo prometido, hago una llamada a quien sabía malvada y entre reclamos y quejas solo me quedo con el repique de su ausencia del otro lado de la línea. “Estoy muerto”- me digo con infausta certeza.

Una vez que arribo a la estación, distiendo mis piernas y me apresto a escalar la pronunciada cuesta. Jadeando, pero con visible sosiego, toco el timbre y del otro lado me recibe un previsible reproche al que mi cansancio no puede desatender. Ni mis mejores requiebros ni ternezas pueden socavar su inmutable disgusto. De nuevo, estoy muerto. En sazón, una figura algo más amigable acude en mi auxilio y efluvios de simpatía y familiaridad se esparcen por el lugar. En medio de esta aparente calma, una extraña sensación dentro de mi cabeza empieza a aguijonearme, recelo del extraño indicio, pero aún es muy pronto para que este necio sepa en que siniestra añagaza ha caído.

Quienes se habían convertido en una reprimenda a mi aséptica existencia, no resultaron ser más que un espejismo, una cruel entelequia con la que la vida decidió jugar conmigo. Entre paramentos y tabiques presencié llantos desconsolados y carcajadas desbordadas que me llevaban al borde de la huida, sin que esta fuese capaz de emerger para sacarme de aquel infierno. Sonrisas apócrifas, afectadas muestras de amor y la demencia que en las mentes de todos fraguaba una malsana distorsión, todos claros indicativos a los que el marasmo de mi voluntad no prestaba atención.

En la casa del sur eres libre de llorar hasta que tu piel se apergamine y tus ojos se marchiten. Poco importan los motivos; el histrionismo y la sensiblería han tomado posesión de tus sentidos. Quizá hoy no te enfrentes a Narciso, pero esa fugaz quietud solo barrunta la próxima hondonada de disculpas con las que tendrás que imprecar indulgencia por tu irredenta insensatez. Has osado ingresar en el salón meridional, esperando sortear un minuto más de tu insoportable compañía para trabar un amor virtuoso con un auténtico esperpento. Te arrebujas con la fría mortaja de tu óbito sin sospechar que aquella mujer, con un voraz apetito de vida, se convertirá en tu primera muerte. Atestiguas las visibles huellas de los embates de la parca. La reconvención y la culpa han anidado en tu mente; no eres ya capaz de verte sino bajo el lente de las acusaciones. Esta, querido lector, es mi primera muerte.

Pero todo está marcado bajo la impronta del eterno retorno y si hoy has encontrado el primer término de tu cuitada conciencia, mañana depondrás el llanto y de la crisálida en la que se mezclan tus peores angustias, nacerá una existencia elevada, con la frente enhiesta y el desencanto al cinto, cargado y listo para vaciar toda la recamará en el próximo adefesio que se atreva a esquilmar tu natural inocencia.

Entiendo que todos, en sentido estricto, somos detestables. Amarse así, aceptando lo despreciables que podemos llegar a ser, no es un cometido que todos estén dispuestos a emprender, sin embargo, es preferible encauzar cuanta virtud se contenga en nuestras vidas para coronar la cúspide de la autoaceptación, en lugar de cultivar ilusiones en tierra infértil.

No importa cuánto nos curemos en salud, una vez que la muerte ha posado su impasible mirada sobre alguno de nosotros, más vale que tengamos la suficiente entereza para superar cada uno de los vericuetos con los que se pretende echarnos al vacío. Cuando todo finalice y un día la desolación no esté más, la bonhomía con la que antes cándidamente nos mezclábamos entre perversos e infidentes, se desvanecerá y un irrefrenable deseo de soledad nos conducirá al más apacible aislamiento.

¿Lo he descrito de modo que sea incómodo de leer? No es mi intención, pero si alguien se ha perdido en algún punto dentro de mis patéticos lamentos de egotismo, que sepa que mi misión es solo apercibir sobre la auténtica maldad con la que a diario estrechamos lazos. Quisiera creer en la amistad de la que Aristóteles hablaba, del Dios en el que Spinoza creía, y del amor en el que yo confiaba, pero todo ello murió junto conmigo y ahora no son más que un torrente de ideas mundanas con las que se perpetró mi paulatino deceso y mi actual nacimiento en el perpetuo ciclo de la muerte y la vida.

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

Nueva LOES por una educación democrática, de calidad y con presupuesto

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Luis Aguirre articulista La Disputa

Palabras claves: democracia, calidad, autonomía, libre ingreso, presupuesto, movilización.

Hace más de 14 años se aprobó a través del Ministerio de Ley, la actual Ley Orgánica de Educación Superior LOES por parte del Gobierno de Correa. Así como en el resto de las leyes aprobadas durante el correismo, se anunció con bombos y platillos que la LOES se convertiría en el elemento necesario para cambiar la educación y garantizar una calidad en el proceso de enseñanza.

El modelo educativo impuesto por el correismo buscaba la construcción de una universidad elitista, retardataria y antidemocrática, que resultaba ser la copia y calca de varios modelos educativos que, aplicados en algunos países se demostró con el tiempo su fracaso. La actual LOES no se sintonizó con la realidad educativa ecuatoriana y desde su inicio generó el rechazo masivo de la comunidad universitaria, tanto de docentes, trabajadores, empleados y sobre todo de estudiantes, que movilizados en las calles señalaron la pérdida de derechos y principios de la universidad pública.

Este modelo gerencial de educación eliminó y redujo los derechos que fueron conquistados a través de luchas históricas del movimiento universitario, poniendo por delante la cacareada “Meritocracia”. Buscaron desmovilizar a la universidad pública con el objetivo de esconder los actos de corrupción, la venta del país a las transnacionales y a los países imperialistas, los negociados con las instituciones públicas, y poner al servicio del gobierno y de su partido político a la universidad ecuatoriana.

Se impuso un organismo que intentó someter a la universidad a través de las intervenciones, de las sanciones, de las acreditaciones y del presupuesto para su desarrollo. La SENESCYT se convirtió en la “Santa Inquisición” de la educación superior, comandada y auspiciada desde Carondelet.

Con la LOES correista se afectó el ingreso a la universidad dejando a más de 1,500.000 jóvenes sin universidad; con el pretexto de que solo los mejores deben entrar a la universidad, se distorsionó la educación, poniéndola como un servicio y no como un derecho, hemos pasado más de 8 años de la aplicación del SNNA, el ENES y todas sus variantes, y dentro de la universidad no existe una educación de calidad, el mito de la meritocracia se cayó por su propio peso.

El cogobierno, la elección de autoridades por parte de la comunidad universitaria, el libre ingreso, las intervenciones universitarias, las acreditaciones, el manejo del presupuesto fueron elementos golpeados drásticamente por el correismo, que además implementó una política de persecución hacia el movimiento universitario, con dirigentes estudiantiles sancionados, expulsados, sumariados, con juicios penales y con la cárcel.

Es por estos elementos que, desde el movimiento estudiantil y su gremio histórico en conjunto con los gremios nacionales de docentes, trabajadores y empleados se presentó el proyecto de Nueva LOES, que se suma a los cuatro proyectos de reformas presentados por la FEUE Nacional ante las autoridades de la Asamblea nacional. En esta ocasión, se logró incorporar firmas de 28 asambleístas que respaldan la necesidad de contar con una nueva LOES que garantice una educación democrática, de calidad, con presupuesto, y que se vincule a las necesidades y demandas de la sociedad.

Fruto de la movilización permanente durante la aplicación de la LOES correista, se logró abrir el debate en la sociedad sobre la educación superior, el ingreso a la universidad, el presupuesto, y se han conseguido algunas reformas a la actual LOES. El gobierno actual ha planteado un proceso de reformas parciales, desde la FEUE Nacional se exije una nueva LOES, para recuperar derechos eliminados y reducidos por el correismo, para garantizar el presupuesto recortado por el morenismo (herencia correista), y para conquistar nuevos derechos.

Queremos una universidad democrática que permita elegir a nuestras autoridades, que recupere la autonomía para conducir la universidad sin los designios de ningún gobierno y sin intervenciones, que garantice el cogobierno estudiantil paritario y se pueda elegir en conjunto a las autoridades, una educación de puertas abiertas donde ingresen todas y todos los jóvenes sin restricciones, para aportar de esa manera en la formación de profesionales y por ende en el desarrollo de la sociedad, una educación de calidad con profesionales altamente calificados, visionarios y críticos, que aporten en la construcción de políticas claras y se conviertan en referentes de la sociedad.

Hay que exigir presupuesto para la construcción de universidades en las ciudades y provincias que se necesiten, con nueva infraestructura para abastecer la demanda interna y externa, así como el empuje de la ciencia, la investigación y el desarrollo de tecnología vinculada a resolver las demandas de los sectores populares, con nuevos laboratorios y readecuación de los que ya se tienen, una universidad desburocratizada, que elimine los trámites innecesarios, que ponga en el centro del proceso educativo a los estudiantes como elemento esencial de la universidad, esto es lo que busca el proyecto de nueva LOES presentado a las autoridades de la Asamblea Nacional.

El gobierno de Guillermo Lasso debe recoger las visiones de la comunidad universitaria. Para la construcción de una nueva LOES se debe incorporar a todos los actores y no solamente a las principales autoridades, es necesario romper con el modelo educativo elitista, antidemocrático y retardatario que actualmente está vigente, de la misma manera, la Asamblea Nacional tiene la obligación de recoger la visión del movimiento universitario que unificado aporta con un proyecto de nueva LOES.

A pesar de que los gremios nacionales presentan un proyecto de nueva LOES a las autoridades de la Asamblea Naciona, y que cuenta con el respaldo de algunos asambleístas, la lucha por una educación superior democrática, de calidad y con presupuesto, se debe desarrollar con propuesta y en las calles, que ha sido el escenario natural de organización del movimiento universitario desde sus orígenes.

Frente a los distintos anuncios por parte del gobierno nacional, el movimiento universitario y en especial los estudiantes debemos estar atentos a cualquier atentado de violentar la universidad pública, el llamado a la unidad de los distintos movimientos y organizaciones estudiantiles debe prevalecer para juntos conquistar la Universidad que necesita el país y la Universidad que los jóvenes merecen.

Calidad, calidad, calidad, calidad, calidad

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Reseña de la novela Teleny atribuida a Oscar Wilde

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Fernando Endara escritor de La Disputa

Teleny o “el reverso de la medalla” es una novela erótica publicada en 1893 atribuida a Oscar Wilde. La autoría de la obra es dudosa y se envuelve en una trama de anécdotas y leyendas literarias de los círculos londinenses más elegantes de finales de Siglo XIX.

Se supone que Wilde dejó un manuscrito en manos de Charles Hirsh, quien sirvió de intermediario entre varios colaboradores que agregaban su parte del texto y devolvían el manuscrito a Hirsh, para que otro pasara a recogerlo y agregara lo suyo. El texto recayó en Leonard Smithers que lo publicó en 1893, modificando la locación de Londres a París, como parte de una serie de novelas eróticas llamada: “Erotika Biblion Society” con un tiraje de 200 volúmenes, convencido de la autoría de Wilde o intentando convencer a sus compradores.

Los críticos tampoco se ponen de acuerdo sobre la cuestión. Para algunos, el texto lleva el estilo incuestionable de Wilde, mientras para otros, no se asemeja en lo mínimo al maestro inglés. La obra es una apuesta estética y política de anónimos pornógrafos, que precisa aquella inversión de los esteticistas: “la vida imita al arte”, a la par que fustiga la moral victoriana crepuscular creando personajes y pasiones hermosas hasta el paroxismo de la locura, más allá de sus cánones contemporáneos del bien y del mal.

La obra se cuenta a manera de diálogo, el narrador ejecuta el rol de entrevistador, mientras Des Grieux rememora sus amores fugaces y eternos con Teleny, renombrado pianista húngaro, que ejecuta sublimes tardas en su repertorio. La novela hilvana muestra un diálogo tras otro, mientras diserta sobre mitos y héroes, secretos y costumbres de los grandes erótomanos homosexuales de todos los tiempos. La obra misógina es un canto a la homosexualidad, al amor del varón por el varón, al deseo, al fuego, a la virilidad, al arte por el arte de esa voluptuosidad que sólo aquellos del mismo sexo pueden procurarse.

Des Grieux asiste junto a su madre a la actuación de Teleny, el nuevo pianista húngaro arribado a París. Al momento queda cautivado, sus miradas se cruzan, compaginan imágenes, sueños y delirios, juntos atraviesan las edades, desde Egipto hasta Roma y a la alcoba de los amantes gemelos en magnetismo telepático.

Wilde, el autor o los autores, describen la mística unión del amor homosexual, más profunda, más prohibida, más voluptuosa que la firme heterosexual. Des Grieux intenta escapar a sus ardores, enamorado de un imposible, se refugia en brazos de una chiquilla que termina muerta a causa de promesas infantiles y de lances furibundos de un salvaje que violenta su inocencia y pubertad. Sin poder escapar a su destino, Des Grieux persigue por las calles al pianista verificando sus lúbricos instintos rodeado de queridas y viciosos. Pero Teleny sella con besos y dulces pensamientos la promesa de su amor, tarde o temprano danzarán las espadas, saborearán los labios y gargantas el acre de la leche seminal, se ensancharán al máximo las posibilidades del agujero negro del placer, para recibir y perpetrar las estocadas que, contra natura, recogen los deleites más ardientes, más insondables, más antiguos.

Teleny y Des Grieux se arrojan a los brazos del ágape, el artista se rodea de heliotropo y de otros aromas finos, de las formas más acabadas, de las bebidas más reservadas, de los platos más exquisitos, de los goces más eficaces, del amor más romántico, sanguíneo y visceral. Es “arte por el arte”, todo es bello, perfecto, sensual, a diferencia de la vida, a veces palpitante, otras veces gris, el discurso estético de Wilde, del autor o los autores, no quiere imitar a la vida, la obra la sobrepasa, se coloca más allá de juicios y prejuicios; pide, excitada, que la vida se asemeja a su invención, que la posea con lúbrica imitación.

Gozan los príapos en orgías que los llevan a la infección, al dolor, rebelan sus cuerpos contra sus funciones, sublevan sus esfínteres hasta la muerte para convertirse en máquinas de placer; gozar y nada más. “El pecado es lo único que da valor a la vida”. Pero Wilde, el autor o los autores, no consideran pecado al amor entre varones, Teleny y Des Grieux sintetizan lo carnal y espiritual, rodeados de los lujos y desenfrenos de una sociedad secreta de ilustres homosexuales, que aportan los instantes más sadomasoquistas de la novela. “Teleny” es el recuento de una de las facetas más conocidas y a la vez más sojuzgadas de la humanidad: la homosexualidad, que aquí, se retrata con regodeo, encanto y ambición. Por el enigma de su autoría, y sus apuestas estéticas, morales y políticas, “Teleny” se convirtió en un clásico del erotismo homosexual de todos los tiempos, sus lectores lo mantienen vivo, casi 130 años después.

Oscar, Oscar, Oscar

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La Disputa

Orgullo LGBTIQ+ en Ecuador un país altamente heteropatriarcal.

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Santiago Sánchez articulista La Disputa

Orgullo, Orgullo, Orgullo

Traveca, transformer, monstrua, lencha, vestida, mijita, mamita, maricón, tortillera, maricona, meco, mariquita, tijeras, loca. Son algunas de las palabras que tenemos que escuchar las personas de la comunidad LGBTIQ+ en nuestra cotidianidad.

¿Te imaginas lo que implica sentirte extraño con lo que eres? las personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+ a lo largo de nuestra vida sentimos que no encajamos, puesto que mientras crecemos, las personas en nuestro entorno generalmente son heterosexuales, es decir erradamente se naturaliza la heterosexualidad. Incluso en el sistema educativo recuerdo que me enseñaron el ¨ciclo vital normal¨: nacer, crecer, “reproducirse” y morir, al gustarme una persona de mí mismo sexo ¡no sabía cómo cumplir mi ciclo de vida!

Sentirse “anormal”, “antinatural”, “extraño”. Es parte del día a día, de las personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+. En un Estado en el cual, no se hacen esfuerzos para brindar una educación sexual idónea a las personas, porque obviamente ¡con mis hijos no te puedes meter!

El heteropatriarcado es un sistema sociopolítico en el que los individuos hombres y mujeres heterosexuales tienen preponderancia sobre las mujeres y los distintos géneros. En Ecuador existe una ideología dominante, en la cual se establecen distintas nociones tradicionales de roles de género. Generando que los sujetos adopten ciertas actitudes y conceptos sobre lo que se considera como masculino o femenino.

La ideología conservadora ecuatoriana erróneamente determina que lo delicado, débil y suave está ampliamente relacionado con las mujeres mientras que, lo rudo, grosero y tosco está relacionado con los hombres. Todas estas nociones establecidas en los ecuatorianos, hacen que todo lo que salga de su concepto equívoco sea visto como inferior, es por ello que existe violencia hacia los miembros de la comunidad LGBTIQ+, ya que, los mismos salen de su marco referencial.

Al Estado ecuatoriano y a sus dirigentes políticos no les importa la diversidad sexo-genérica. Solo en 2019, se registraron 16 muertes violentas de miembros de la comunidad LGBTIQ+ según datos de la Asociación Silueta X, denotando que el heteropatiarcado y la masculinidad hegemónica pueden llegar a matar… Es sumamente doloroso ver como tu comunidad está siendo asesinada y torturada en clínicas clandestinas de conversión de la identidad sexual.

Toda la sociedad ecuatoriana es cómplice de los múltiples asesinatos y de las violaciones a los derechos humanos, porque ¡si señora cuando usted se burla del “afeminado” de la casa de al lado es cómplice! ¡si usted señor que con sus amigos se enorgullecen de su masculinidad es cómplice!, ¡usted señor religioso cuando genera discursos de odio desde su cosmovisión también es cómplice!, ¿Hasta cuándo vamos a voltear la mirada, para no ver nuestra realidad ecuatoriana? ¡Los maricas no desapareceremos y simplemente nos tienen miedo porque no tenemos miedo!

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

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