miércoles, febrero 21, 2024
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LA DIABLADA DE PÍLLARO, PANDEMIA E INSURGENCIA

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Imagen destacada Fernando Endara
Fernando Endara periodista de la Disputa

Palabras claves: Diablada de Píllaro, Ecuador, Pandemia.

La “Diablada Pillareña” es una fiesta popular y patrimonial celebrada en Píllaro- Tungurahua los 6 primeros días del año. Una celebración arraigada en la costumbre de los pillareños y pillareñas que, desde el mes de agosto, inician los preparativos para cada diablada.

El 2020 fue un año inusual, extraño, patológico. Una peligrosa enfermedad se propagó entre la humanidad poniendo en peligro incluso, la pervivencia de la especie. El virus de la COVID-19 tiene consecuencias imprecisas, peligrosas y letales en muchos casos,  que obligó a los gobiernos del mundo a tomar medidas sanitarias y restrictivas para salvaguardar la salud y la vida de sus poblaciones. En este contexto, se vieron sorprendidas las prácticas culturales comunitarias enmarcadas en fiestas tradicionales, rituales, morenadas, inti-raymis, diabladas, etc. Prácticas culturales que tuvieron que adaptarse a la normativa legal y a la tecnología para perpetuar su tradición, su gusto y su fiesta. La “Diablada Pillareña” 2021 no pudo realizarse en sus magnitudes acostumbradas, sin embargo, existieron actividades presenciales y virtuales que permitieron resignificar la tradición y perpetuar una identidad local y rural que se resiste al olvido.

En situaciones normales, la Diablada es una fiesta que aglutina a miles de bailadores y espectadores. Cientos de personas conforman grupos de baile o comparsas denominadas “Partidas” que representan a los barrios o caseríos rurales, campesinos o periféricos del cantón. Cada partida tiene una banda de pueblo[1] y varios disfrazados o personajes: diablos[2], parejas de línea[3], guarichas[4], capariches[5] y chorizos[6]; cada disfrazado sigue un código específico y particular en la fiesta. Las partidas se concentran en sus respectivos barrios o caseríos y “bajan”[7] o se desplazaban bailando desde estos lugares rurales, campesinos o periféricos hasta el centro de la ciudad, para tomarse con bailes y símbolos (Espín 2019) las calles principales del casco urbano, las de la administración política y religiosa, la vía pública por excelencia, el contorno del parque y la iglesia. Las partidas se toman de manera simbólica la ciudad para recordar el importante papel de los habitantes de los barrios rurales, caseríos o periféricos que, asociados a la agricultura y ganadería, son el sustento alimenticio, económico y cultural del cantón (Espín 2019) (Bonilla 2019). Después de recorrer bailando estas calles, las partidas se dirigen a su “descanso” o “posada”. Luego de un tiempo aproximado de dos horas, los disfrazados salen de nuevo a las calles, para hacer su recorrido característico y regresar a sus barrios o caseríos para el remate o compartir final.

Esta diablada se organiza con meses de antelación a través de acuerdos entre el Municipio de Píllaro, cabecillas[8], gestores culturales y bailadores. La fiesta sufrió una serie de cambios y transformaciones durante los últimos años, producto de su declaratoria como Patrimonio Inmaterial Cultural del Ecuador en 2008, de la expansión del estado, de la institucionalización vertical de prácticas culturales, del auge del turismo cultural y de los mercados culturales y de la imbricación de la tecnología en la vida cotidiana. De manera que los últimos años, el municipio (en concordancia con otras instituciones públicas como Intendencia, Comisaria, etc.) fue el eje rector de la fiesta: el que financió las partidas y especificó los horarios y recorridos. Los cabecillas opinan y discuten, pero en última instancia, aceptan las regulaciones municipales para evitar multas económicas al momento de consignar los fondos para la diablada. Para el 2021, la emergencia mundial sanitaria no permitió el desarrollo de la Diablada Pillareña. De manera que el municipio y los actores de la fiesta tomaron diversas medidas y acciones “para no dejar pasar la fecha” y celebrar de manera simbólica nuestra tradición.

La Diablada Virtual del municipio

El Gad Municipal Santiago de Píllaro convocó a reuniones con los cabecillas, como todos los años; pero en esta edición se plantearon varias alternativas virtuales. El trabajo cultural del municipio arrancó el mes de diciembre con una serie de conversatorios que buscaron “devolver la palabra” a los actores de la fiesta. Se organizaron encuentros virtuales con los cabecillas de las partidas, con investigadores de la localidad, con antiguos bailadores y con gestores culturales que sin duda, enriquecieron el acervo de conocimientos pillareños en cuanto a la Diablada. La moderadora y los expositores acudimos al teatro municipal, en donde al calor de la banda y de la fiesta, compartimos nuestros puntos de vista sobre la diablada, sin embargo, el foco de atención de pillareños y pillareñas fue la decisión del COE cantonal, amparado en el COE nacional: suspender la Diablada Pillareña, los pases del niño, los monos y la trajería[9].

Ante la prohibición, el municipio y los cabecillas decidieron hacer una diablada unificada y virtual, de manera que, 7 cabecillas aportaron 4 bailadores cada uno, para crear una única partida de 30 integrantes que bailó en un espacio amplio, alejado de la ciudad y con supervisión policial, de forma que se cumplieron los protocolos de bioseguridad en lo que fue calificado como un “desafío virtual a la pandemia”. La hacienda de Huagrahuasi ubicada a 3200 metros de altura en la parroquia San José de Poaló, al nororiente del cantón, fue el escenario desde donde se trasmitió la Diablada Pillareña el primero de enero. Diana Mesías del departamento de cultura del Municipio de Píllaro recalcó: “este año se coordinaron dos presentaciones, la primera el uno y la otra el seis de enero (trasmitida desde Chagrapamba en la Parroquia Presidente Urbina), únicamente de manera virtual para evitar que la gente se aglomere, el objetivo fue no dejar pasar por alto esta fiesta considerada patrimonio cultural intangible”. Esta iniciativa fue aplaudida por propios y extraños al considerarse una forma de perpetuar la tradición de manera simbólica a la vez que se respetan los protocolos de bioseguridad y las normas del COE cantonal.

Diablo de Píllaro en la Diablada del Municipio de Píllaro. Fotografía que circulo en los boletines oficiales del Municipio. En la imagen se puede observar el traje tradicional del Diablo de Píllaro, con una mascara de grandes cuernos en colores negro y dorado.

Diablo de Píllaro en la Diablada Virtual del Municipio de Píllaro

Fotografía que circulo en los boletines oficiales del Municipio

La Diablada infantil

Por otra parte, la Diablada Infantil, liderada por Jhair Jácome, elaboró una serie de actividades virtuales previas y durante la diablada. La partida “Diablada Infantil” es una de las partidas más jóvenes e interesantes de la fiesta, gestionado a base de patrocinio y auspicio, el proyecto busca “fortalecer la identidad a través del conocimiento, para que los niños vayan aprendiendo y este semillero con los años, ayude a consolidar la autenticidad de la fiesta”, indicó Lara. A partir de su primer año como partida, este grupo infantil se caracterizó por organizar talleres dirigidos a niños y padres de familia, talleres liderados por gestores culturales, bailadores e investigadores de la diablada.

En diciembre se hicieron 3 encuentros virtuales con diferentes voces, entrevistas y ponencias; para los días de la fiesta (1-6 de enero) se convocó a un “concurso”: “diablada virtual infantil”, en donde los niños y niñas podían participar filmándose bailando disfrazados desde su propia casa. Para gestionar el concurso, Lara grabó un set musical con la “Banda Infantil de Emilio María Terán[10]”, que fue enviado a los concursantes, de manera que todos debían bailar la misma canción y enviar el video para subirlo a las redes sociales. Los ganadores serán los videos que consigan mayor interacción y los premios son peluches coleccionables de los personajes de la diablada pillareña en forma de caricatura, donados por una fábrica de peluches que auspicia la partida. El concurso superó las expectativas, fueron alrededor de 35 videos con niños y niñas, solos o en grupo, de diablos, guarichas, parejas de línea y/o capariches, que disfrutaron disfrazados de la diablada infantil virtual. Estos videos superaron los 92,000 visitantes desbordando la página y revelando el interés de actores y espectadores por esta fiesta tradicional de Píllaro, en su formato infantil y virtual.

Título de la Fotografía: Bailador ancestral, con sus implementos. En la imagen se puede observar un adulto mayor caminando con el traje típico del Diablo de Pillaro
Fotógrafo: Bladymir López 

Los Diablos de Píllaro. Los actores de la fiesta.

La mayor parte de actores de la fiesta no participó de estos formatos virtuales/legales, y buscó sus propios mecanismos para perpetuar una tradición. “Sin querer queriendo”, actualizaron antiguas disputas y significados asociados al baile de la diablada: la resistencia y la insurgencia ante el poder. Varios grupos de amigos, colectivos culturales y personas afines al baile se organizaron de forma secreta y casi clandestina, para recrear su propia versión de la diablada, adaptada a las circunstancias sanitarias y a la normativa del COE cantonal, que reitero, prohibió la diablada. El primero de enero llegó con tristeza, no retumbó el bombo ni la trompeta, no sonaron los voladores ni se calentaron las pailas de fritada, no se alistaron trajes ni caretas, casi no hubo un “feliz año”, pero bailaron los diablos, como cada enero desde que se recuerda.

Los bailadores y bailadoras se mantuvieron expectantes y temerosos por miedo a la enfermedad, al contagio, a llevar carga viral a los seres queridos, esto hizo que muchos se refugiasen en sus hogares. Otros tantos, cumplidores de la ley, respetaron la normativa vigente, dejando de lado por este año, el baile o la organización barrial de la fiesta. Pero hubo un pequeño grupo de bailadores, con banda, brindis y disfraz: “Guanguibana Insurgente” que hizo honor a su denominación.

“Guanguibana Insurgente” se formó a finales del 2020 con el afán de participar en un concurso virtual de la Diablada Pillareña, con la iniciativa de José Luis Velasco, Paul López y Stalin López, bailadores de la zona Tunguipamba-Guanguibana, con el lema: “somos un pasado que baila en el presente”. Al poco tiempo, este grupo de amigos, ligados en torno al gusto por el baile, la música y el disfraz tradicional decidió bailar el 1 de enero del 2021, a pesar de todo. Pusieron una cuota, contrataron a la banda 8 de Septiembre[11], consiguieron una casa para realizar el baile final y realizaron un recorrido pequeño en el barrio de Tunguipamba. Stalin López, líder de la agrupación comenta:

“tomamos todas las medidas posible de bioseguridad, colocamos un lugar para limpiar zapatos, un lugar con solución desinfectante, se les fumigaba al entrar, y se les repartía un vasito y una copita para cualquier cariño, también se brindó un refrigerio. Se respetaron los espacios y a los participantes, los asistentes estuvieron con mascarillas y seguimos en comunicación, hasta el momento no hemos tenido ninguna anomalía”.

A pesar de que “Guanguibana Insurgente” eligió una locación alejada de la zona central y mantuvo en secreto su organización, al poco tiempo de iniciar el baile llegaron varias camionetas de bailadores disfrazados de diablos y guarichas. “No los aceptamos, estábamos en casita ajena, había que respetar los protocolos de bioseguridad, solo estuvimos personas allegadas al grupo. Aún al día siguiente cuando hicimos la minga de limpieza del lugar, llegaron disfrazados buscando una banda y un sitio para bailar”, refiere Stalin.

Este grupo no fue el único que se disfrazó del 1 al 6 de enero. El sábado dos de enero hubo dos concentraciones pequeñas. El grupo de bailadores e integrantes de la partida de la Florida gestionó un recorrido por el área rural de su barrio hasta terminar en la casa del cabecilla. José Luis Jácome, el cabecilla, indica que únicamente prestó el nombre y el lugar de su partida a un grupo de bailadores que contrató de su bolsillo una banda y estipuló un recorrido pequeño que fue filmado y difundido al día siguiente.

Por otra parte, el grupo de danza “La Gallada”, realizó una diablada en la zona de Panguigua, parroquia de San Miguelito, Píllaro. El grupo de danza “La Gallada” se conformó en el año 2008 como un grupo de baile familiar en el sector de Callate en el centro de Píllaro, para acompañar con danzas y comparsas “las pasadas” del divino niño de su sector. Al poco tiempo y gracias a nexos con gestores, bailadores y cabecillas, el grupo y sus bailadores se involucró en la diablada, realizando salidas de baile a otras ciudades del país y siendo activos bailadores en cada edición anual de la diablada. Su líder, Stalin Moya comenta:

“Para el 2021 estábamos ansiosos esperando los días de fiesta, pero por la pandemia no se pudo realizar, se vino abajo la tradición. Pensamos hacer algo pequeño en el patio de la casa, con un parlante o amigos músicos. La idea de hacer el baile el 2 de enero, fue de los muchachos que dijeron organicémonos, buscamos un lugar amplio y contamos con unas 30 personas para poder desarrollar la diablada, con todas las medidas de bioseguridad”.

El domingo 3 de enero fue el turno del Colectivo Minga Cultural y el barrio Tunguipamba. Este colectivo trabaja desde el 2014 en varios ejercicios performáticos de la memoria que buscan poner en escena elementos tradicionales de la Diablada Pillareña para resignificarlos en el presente. El cabecilla de Minga Cultural Tunguipamba, Patricio Lara, junto a los gestores de la partida contrataron una banda para que sus bailadores (alrededor de 30 personas) bailen en la casa del cabecilla, respetando los protocolos de bioseguridad; sin embargo, en días previos, se aprobaron nuevas medidas restrictivas a nivel local y nacional que obligaron a cancelar el acuerdo con la banda y reconfigurar su participación. Por la mañana publicaron un video documental sobre su proceso del año 2019-2020 y por la tarde hicieron un baile íntimo entre amigos, con músicos de cuerda: guitarra y violín, organizado por los jóvenes del grupo. Alrededor de 20 disfrazados y 20 acompañantes nos encontramos para interpretar nuestra tradición de forma simbólica, respetando las normas sanitarias. Acá también se repartieron copas personales y se guardó la distancia y el uso de mascarillas.

El lunes 4 y el martes 5 de enero el movimiento fue menor, porque se alistaban los esfuerzos para el 6 de enero, el día en que la fiesta, como cada año, explota. El miércoles 6 de enero hubo al menos 8 concentraciones, partidas o diabladas desarrolladas en diversas localidades rurales de la ciudad, la mayoría de ellas de organización privada y secreta, financiadas por los bailadores, sin tintes turísticos ni comerciales.

Mientras la Diablada Pillareña virtual del municipio se ofreció como un producto cultural virtual y se difundió en medios de comunicación locales y nacionales; las diabladas pillareñas clandestinas fueron el foco de atención de gestores y bailadores que en el último día, tomaron sus implementos de baile y se sumaron al jolgorio. Se activaron recorridos y bailes en las plazas y en las calles de algunos de los lugares más tradicionales de la diablada como Tunguipamba, Guanguibana, Marcos Espinel y La Florida, pero también en barrios rurales no asociados a la Diablada como Chagrapamba, Quillán o San Miguelito; los bailadores buscaron sitios amplios y alejados por el temor a la enfermedad, a la autoridad y a la infracción. Varias de estas diabladas se extendieron hasta altas horas de la noche y congregaron cada vez más bailadores y espectadores dificultando guardar las distancias y las medidas sanitarias, la Policía Nacional intervino con operativos para clausurar las fiestas clandestinas.

Diablos de Píllaro bailando en Tunguipamba (2021). En la imagen se encuentra un grupo de personas danzando con la vestimenta tradicional de la Diablada de Píllaro.
Fotografía: Sebastián Solís
Parejas de Línea bailando la noche del 6 de enero de 2021 en una zona rural. En la imagen se observa un grupo de personas en la celebración nocturna.
Fotografía: Pablo Romero

Fueron varias las organizaciones, las partidas, las bandas y los grupos que bailaron del primero al seis de enero a pesar de la prohibición del COE cantonal, actualizaron así, el sentido de insurgencia, una de las nociones socioculturales más antiguas de la fiesta. Si la Diablada Pillareña en sus orígenes fue un baile que se oponía al poder colonial, a las imposiciones étnicas, culturales y religiosas, y afianzaba un sentido de pertenencia rural, en el 2021 se recuperaron estos sentidos que, con el tiempo fueron omitiéndose, perdiéndose o desvirtuándose.

Milton Pullupaxi, integrante del grupo cultural “Los Piketeros” indica: “como pillareños, nos identificamos con la rebeldía que corre en nuestras venas, muy aparte del covid, cada uno de los muchachos tomó las medidas sanitarias para bailar, meternos en el personaje y olvidarnos de todo lo malo del año”. Néstor Bonilla, gestor cultural con amplia experiencia en la diablada menciona:

“Quienes estaban organizados son jóvenes, prácticamente rompen el orden establecido, se recupera una motivación básica de la fiesta, no podríamos juzgar el nivel de riesgo al que se han expuesto, pero vemos que prevalece la intención de no dejar pasar la fiesta desapercibida, sino realizarla en sus espacios. No justifico el incumplir una norma establecida, pero entiendo que son reacciones que están dentro de la lógica de las comunidades, de la práctica cultural, de la misma  naturaleza de la diablada, de su origen. El contexto mismo de la fiesta trata de romper un orden establecido, aunque sea de manera simbólica, esta vez fue de manera real, no podemos propender que la lógica de la fiesta funciones en torno a una u otra autoridad o normativa. La fiesta va respondiendo a una especie de subversión simbólica ante todo el sistema, ante el COE cantonal; la decisión que optaron las comunidades, para no exponer a su gente, fue hacer la diablada en sus barrios, como se hizo con el Inti Raymi en otras regiones del país”.

Estos grupos de baile también cuestionan al turista, o más bien al comportamiento del turista en la fiesta, demostrando que para una gran cantidad de bailadores, el gusto por el baile es invaluable y está por encima del comercio, la mercantilización o el turismo. Al respecto Néstor menciona:

“Hace un tiempo nos dimos cuenta que uno de los grandes problemas de la diablada, es la forma en que se estaba vendiendo una práctica cultural que era de las comunidades y que ahora se la planteaba como un referente de identidad comercial, para que despierte el apetito de un turismo desechable, que no se articula con lo que hace la comunidad. Un turismo de consumo, que lastimosamente va chocando o va quitando, usurpando espacios físicos y simbólicos a la diablada, provocando un conflicto para quienes bailan, la ciudadanía y las autoridades […] es difícil controlar un segmento tan amplio de personas que visitan el cantón y tienen un apreciación bastante distorsionada de la fiesta”.

Stalin López, líder de “Guanguibana Insurgente”, agrega:

“El señor turista, por la emoción de bailar, se convierte en un caudal que no es bien manejado. Se necesita una guía que enseñe al turista como debe mantenerse, comportarse y compartir durante la fiesta. Cuando el turista se cree el dueño de casa, te empuja, te jalonea, te coge la máscara, te coge los cachos, están pasados de copas. Un bailador no quiere dar espectáculo al turismo, quiere estar en paz con uno mismo y bailar”.

La Diablada Pillareña 2021 en el contexto de la pandemia mundial por COVID-19, fue un desafío que actualizó disputas en torno a los motivos del baile, la insurgencia y el turismo. Frente al temor del contagio, al miedo por propagar la enfermedad en los hogares y ante las posibles infracciones penales, los bailadores eligieron tomar su careta y transfigurarse en personajes de leyenda, demostrando que la fiesta pervive aunque el mundo se caiga a nuestro alrededor. Y que, sobretodo, la fiesta es un gusto personal para cada bailador, porque al bailar se conectan con el ande, con la música, con el disfraz, con su memoria, con su cuerpo y con su experiencia para encarnar una identidad, un lugar en el mundo.

El 2021 también resaltó el trabajo de los bailadores más jóvenes que demostraron que se pueden retomar antiguos procesos organizativos, autogestionados, colaborativos e insurgentes. En efecto, el líder de “Guanguibana Insurgente” comenta:

 “Lo hicimos meramente por bailar, por no quedarse con la pica de bailar un primero de enero, por no quedarse con el mal sabor de boca, pero siempre estaba el miedo de que llegue la autoridad a cumplir su trabajo. Estábamos incumpliendo la ley, porque estaba prohibido. Estábamos haciendo caso omiso a lo que nos decía la autoridad, y ahí prevaleció o salió a flor, el gusto de ser insurgente, una insurgencia con razón, muy pendiente y muy cuidadosa de tener todas las medidas, hicimos todo lo posible a nuestro alcance, el miedo siempre está, más por las personas mayores, hasta ahorita hemos mantenido diálogo con todos los muchachos del grupo y se encuentran muy bien. No solo nosotros hicimos diablos. […] Nos desenvolvimos de la mejor manera, siempre con el gusto de recibir un año nuevo y augurar un mejor 2021 para todos, por esa bailamos, para celebrar el año y augurar un mejor presente.

Stalín Moya, líder del grupo de danza “La Gallada” nos cuenta también:

“Todos los muchachos quedamos contentos, conformes y satisfechos, por primera vez intentamos sacar nuestra propia partida, pudimos disfrutar, teníamos banda propia, teníamos los personajes, bailamos como que estuviéramos en la casa del cabecilla o en la posada, fue totalmente diferente, no tener mucha presencia de turistas, que de pronto por la euforia que tienen se meten a las partidas y quieren ser partícipes y eso incomoda al bailador y al participante. Tuvimos la libertad, nos sentimos contentos de poder disfrutar […] Si, teníamos el temor de que baje alguna autoridad, nos asesoramos y nos dijeron que lo único que pueden hacer es suspender el evento más no detener a las personas ni sancionar económicamente. […] Tenemos un mismo gusto, somos pillareños, y esto es lo que más nos gusta, sea como sea debíamos hacerlo. […] La salud prevalece, lo hemos realizado con las medidas más importantes de bioseguridad, se trató de hacer lo más privado, no queríamos que haya mucha afluencia, pero el sonido del bombo atraía a la gente al calor de la fiesta”.

Diablo de Píllaro llegando a una Diablada clandestina. En la foto se observa un padre de familia llegando a la celebración con los trajes típicos de la diablada.
Fotografía: Darío Guachi.

Propios y extraños llegaron a las diferentes diabladas del 6 de enero, las fotos y videos no tardaron en surgir en las redes sociales y en los medios de comunicación. Aunque entendemos perfectamente las críticas ciudadanas a los bailadores y gestores insurgentes que propiciaron fiestas clandestinas en medio de una pandemia mundial, también entendemos la posición de los actores de la fiesta, respaldamos las manifestaciones culturales que, tomando las medidas sanitarias posibles, buscaron espacios en sectores rurales para bailar, disfrazarse y perpetuar una tradición.

Que la Diablada Pillareña del 2021 nos permita volver los ojos al campo, a la ruralidad, a la economía local y a las gentes de las comunidades, barrios, caseríos y parroquias periféricas de Píllaro que son el sustento alimenticio, económico y cultural del cantón, y que son, unos verdaderos DIABLOS DE PÍLLARO. La Diablada Pillareña 2021 también nos recordó que el turismo y el negocio son secundarios para los bailadores, que sus corazones, su espíritu y  su voluntad no están a la venta, ni se exhiben exóticos en vitrina, nos recordó que el gusto por el baile siempre será invaluable, íntimo, clandestino e insurgente.

Viva la Diablada Pillareña

Viva Píllaro.

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

La Disputa


[1] La banda de pueblo, conformada por uno o dos bombos, un tambor, platillos, 3 o 4 trombones, 3 o 4 trompetas, 3 o 4 saxos (puede incluir clarinetes, güiro, timbales, tubas, entre otros); interpreta San Juanitos, Tonadas y Pasacalles principalmente.

[2] El personaje más popular y el que da nombre a la celebración. Los pillareños y pillareñas elaboran sus propias caretas, pelucas, coronillas, vestidos y boyeros para la ocasión. Su misión es “abrir espacio” para el baile de las “parejas de línea”. Su baile es desgarbado y sucio. Intenta asustar y jugar con los y las observadoras.

[3] Personajes que representan a los “hacendados” o blanco-mestizos de alcurnia, llevan caretas de blanqueamiento (caretas de malla), pañuelos franceses, camisas, vestidos y pantalones adornados con papel brillante, su baile es acompasado y elegante.

[4] Este vocablo empleado en Colombia y Ecuador se refiere a una mujer (en la época de la colonia y en la conformación de la república) que suele acompañar o estar en presencia de los soldados en la campaña o en las marchas militares. En la Diablada Pillareña, representan a mujeres de vida promiscua en el sentido machista y patriarcal de la costumbre. Son vistas como mujeres libertinas, parranderas e infieles

[5] Representa a los barrenderos

[6] Payasos que dan la lección: rima, verso o juego de palabras a los asistentes. La misión de estos últimos 3 personajes es “abrir espacio” para el baile de las “parejas de línea”.

[7] La mayoría (pero no todas) las partidas se concentran en barrios o caseríos que tienen más altura en metros sobre el nivel del mar que la parroquia central, por lo tanto, la gente suele decir: “ya bajan los diablos”.

[8] Persona de carisma, líder de cada una de las partidas.

[9] Los monos son disfrazados de la parroquia de San Andrés en Píllaro. La trajería es un baile tradicional de la parroquia San José de Poaló en Píllaro.

[10] Emilio María Terán es una parroquia rural al sur de Píllaro. La Banda Infantil es un Proyecto particular del músico Leonardo Moreta que, en familia creó un semillero de talentos cuyo objetivo es convertirse en una banda de pueblo tradicional, sin shows ni orquestas, para acompañar la diablada. El Proyecto contempla el reemplazo de los músicos para tener siempre una banda infantil, mientras los mayores conformarán la banda tradicional.

[11] La Banda 8 de septiembre lleva más de 40 años tocando la música de la Diablada Pillareña.

Terrorismo: la nueva normalidad del Ecuador

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Imagen destacada Alfredo Espinosa
Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Que nadie se engañe, el Ecuador libra un combate contra delincuentes avezados, malandros drogodependientes -en su mayoría menores de edad- que operan como terroristas y que han sumido al país en una ola de violencia sin precedentes históricos. Muchos de ellos son provenientes de las barriadas más desatendidas y lúmpenes de las provincias de la costa; pero también hay extranjeros, aquellos que ingresaron “como Pedro por su casa” por nuestras fronteras gracias al dichoso experimento progresista de la “ciudadanía universal”.

De hecho, aunque algunos híper-garantistas amantes del neoconstitucionalismo y los derechos humanos selectivos lo quieran negar, la narcodelincuencia -con todos sus tentáculos en la justicia, la política e incluso la economía- marca la condición de una nueva normalidad.

“La guerra interna” con la que tenemos que lidiar -al menos- si queremos sobrevivir en este ambiente hostil, donde a cualquier hora del día hay amenazas de bomba, amotinamientos carcelarios, secuestro de personas, “vacunas”, quema de autos y muertes violentas que develan -ante los ojos del mundo- el rostro de un Estado gangrenado y sufriente, que intenta recuperar el control y su autoridad al interior del territorio nacional; pese a que su institucionalidad está enquistada por las mismas organizaciones criminales que auspician y financian los actos terroristas perpetrados por jóvenes, en su mayoría afros y cholos que visten de pantaloneta, usan chancletas, andan de a par en moto y cargan desde pistolas hasta fusiles de asalto y explosivos para matanzas individuales y carnicerías colectivas.

La realidad es durísima, pero hay que reconocerla. Solo en un país sin limitaciones morales y, por ende, de absoluta putrefacción social -del cual el Estado, los gobiernos anteriores y las élites políticas son corresponsables-, puede haber orgullo y satisfacción al autoidentificarse con cualquiera de las 23 organizaciones de terrorismo urbano y su rastro de muerte que, en 2023, dejó 7 878 crímenes entre asesinatos, homicidios, femicidios y sicariatos, con una tasa de homicidios de casi 50 muertes por cada 100.000 habitantes; y un alarmante un décimo lugar en la lista de los países más peligrosos del mundo, según Global Organized Crime Index 2023, (con un puntaje de criminalidad de 7,07), y el más violento de la región.

Frente a ello, hay que admitir que, pese a no estar de acuerdo con varios aspectos de fondo y forma de la gestión del presidente de la república, Daniel Noboa, este ha tomado el combate al terrorismo como primerísima prioridad -aunque alias ‘Fito’ líder de ‘Los Choneros’ todavía no aparezca y más allá de cualquier cálculo electoral que pueda existir- a tal punto de que ya no importa si el Plan de Seguridad del Gobierno Nacional se llama “Fénix”, “gorrión”, “paloma” o “halcón”; la clave es combatir a la narcodelincuencia y a sus operadores con la fuerza de un Estado que con sus policías y militares legitima la unidad nacional.

Sin embargo, este mismo Estado batalla contra su propio sistema de justicia, anacrónico y corrupto, que boicotea el trabajo de policías y militares al dejar en libertad a los miembros del terrorismo urbano, como ocurrió con una estructura de ‘Los Lobos’ detenida infraganti el pasado domingo 14 de enero, por atentar con explosivos contra las instalaciones de la Policía Judicial.

Solos no lograremos sostener el conflicto interno, mucho menos ganar esta guerra. Por ello, más allá de cualquier sesgo, es clave la presencia de la cooperación internacional en materia de seguridad y de los gobiernos amigos para derrumbar la cuasi soberanía que hoy tienen en barrios, parroquias, cantones y provincias del país las organizaciones terroristas y sus malandrines drogodependientes.

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Ecuador ante el desafío del terrorismo

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Andrés Ojeda

Antecedentes del Terrorismo en Ecuador

En 2008, el país experimentó un atentado en Sucumbíos atribuído a las FARC, dejando varias víctimas mortales y poniendo de manifiesto la vulnerabilidad del país frente a la influencia de grupos armados provenientes de naciones vecinas.

Para el período 2018-2020, los enfrentamientos entre los grupos se intensificaron, iniciando la conformación de nuevas bandas que tomaron control de los recintos carcelarios. Para el período 2021-2022, hubo otros atentados y masacres en diferentes recintos penitenciarios, con bajas de más de 120 personas. En 2023, surgieron ataques inéditos en Quito con coches bomba, el magnicidio del candidato Fernando Villavicencio; y en diciembre, Fiscalía dio a conocer el caso «Metástasis».

Es esencial fortalecer la seguridad interna y la cooperación regional en la lucha contra el terrorismo. La amenaza no conoce fronteras y el país debe estar preparado para enfrentarlo; evitando caer en la división y el miedo. La respuesta no debe ser solo militar o represiva, sino también adoptar medidas que aborden las causas subyacentes del extremismo. La inversión en educación, la promoción del diálogo y la inclusión social son herramientas poderosas para prevenir el surgimiento de grupos radicales.

Estos apuntes son un recordatorio de los desafíos que la nación ha enfrentado para construir un futuro más seguro y resiliente. El gobierno tiene la oportunidad de fortalecer el tejido social, promover la unidad y trabajar en conjunto con la comunidad internacional para prevenir y combatir la violencia.

El terrorismo en la actualidad

Con el «cáncer» del terrorismo irrigado por todo el aparato estatal, el gobierno enfrenta su primera crisis. En enero de 2024, el Presidente Daniel Noboa, estableció el Estado de Excepción y Conflicto Armado Interno, indicando que no se negociará con el narcoterrorismo y declarando a los grupos como objetivos militares. Los recintes atentados contra TC Televisión, entidades educativas y el secuestro de guías penitenciarios, causaron conmmoción nacional. La crítica compara al Ecuador con Colombia y México, países que por años han enfrentado situaciones similares.

La crisis exige una respuesta coordinada y decidida por parte del gobierno y la sociedad. Ecuador se ha visto sacudido por incidentes que han despertado la preocupación de la ciudadanía. El terrorismo, con sus variadas manifestaciones, no distingue fronteras ni ideologías. Es imperativo reconocer la necesidad de unidad nacional. Frente a la violencia, la fragmentación y la polarización solo sirven para debilitar la capacidad de respuesta del país. La cooperación entre ciudadanos, comunidades y diferentes niveles de gobierno es crucial para detectar y prevenir posibles actos terroristas.

El gobierno debe fortalecer los mecanismos de inteligencia y cooperación internacional para anticipar posibles riesgos. La inversión en tecnologías y capacitación del personal encargado de la seguridad es fundamental para prevenir y neutralizar cualquier intento de perpetrar actos terroristas en suelo ecuatoriano.

Se insta a abordar las raíces del terrorismo. La desigualdad, la exclusión social y la falta de oportunidades pueden contribuir al reclutamiento de individuos por grupos extremistas. El Estado y la sociedad civil deben trabajar en conjunto para promover políticas que aborden estas problemáticas.

Es importante destacar que el combate al terrorismo no debe traducirse en la vulneración de derechos fundamentales. El respeto a los derechos humanos y el Estado de derecho son pilares que deben ser preservados incluso en los momentos más desafiantes. La seguridad y la libertad no son conceptos opuestos, sino complementarios.

La nación se enfrenta a un reto significativo en materia de seguridad con la irrupción del terrorismo en su escenario nacional. Sin embargo, este desafío también brinda la oportunidad de fortalecer la cohesión social, mejorar la capacidad de prevención y abordar las causas profundas que alimentan estas manifestaciones. En este momento crítico, es fundamental que la sociedad ecuatoriana, junto con sus autoridades y fuerzas del orden, actúe con determinación y unidad para preservar la paz y la seguridad del país.

La corrupción carcome el sistema Judicial y Penitenciario

La corrupción ha socavado los cimientos de la sociedad ecuatoriana, afectando no solo la confianza de los ciudadanos en las instituciones, sino también minando la integridad de dos sectores fundamentales: el sistema judicial y penitenciario. En Ecuador, la corrupción en estos ámbitos ha alcanzado proporciones alarmantes, generando un profundo deterioro de la justicia y la rehabilitación.

El sistema judicial, diseñado para ser la columna vertebral de la justicia, se encuentra plagado de prácticas corruptas que socavan su propósito original. La manipulación de procesos, la compra de sentencias y la falta de transparencia son solo algunas de las formas en que la corrupción ha permeado este vital sector. La confianza de la ciudadanía en la imparcialidad del sistema judicial se ha erosionado, dejando a muchos ecuatorianos decepcionados e incrédulos de la justicia.

La corrupción también ha encontrado refugio en el sistema penitenciario, donde la falta de recursos y la negligencia han creado un caldo de cultivo propicio para prácticas corruptas. La sobrepoblación carcelaria, la violación de derechos humanos más la complicidad entre funcionarios y reclusos son evidencias palpables de la descomposición penitenciaria. Esto no solo impide la efectiva rehabilitación de los reclusos, sino que también perpetúa un ciclo vicioso que alimenta la criminalidad en lugar de corregirla.

La impunidad en el sistema judicial y penitenciario es un agravante adicional. La falta de consecuencias reales para aquellos que abusan de su poder contribuye a la perpetuación de estos comportamientos indebidos. Se deben tomar medidas drásticas para erradicar la corrupción en todas sus formas y niveles, desde los funcionarios de menor rango hasta aquellos en posiciones de mayor autoridad.

Una reforma integral se hace necesaria, empezando por la implementación de mecanismos efectivos de supervisión y rendición de cuentas: la transparencia en la asignación de recursos, la selección y capacitación de funcionarios, así como la revisión constante de los procedimientos judiciales y penitenciarios. La sociedad ecuatoriana debe exigir la integridad de sus instituciones, así como la responsabilidad y castigo para aquellos que han traicionado la confianza depositada en ellos.

La lucha contra la corrupción en el sistema judicial y penitenciario es una tarea ardua, pero prioritaria para la construcción de una sociedad justa y equitativa. Solo mediante la erradicación de la corrupción podremos restaurar la fe en la justicia y garantizar que el sistema penal cumpla su función primordial de mantener la paz, proteger los derechos de los ciudadanos y rehabilitar a aquellos que han transgredido la ley.

Consulta Popular 2024

Sobre la Consulta Popular 2024, relacionada a la erradicación de la violencia extrema, el gobierno propone en las 10 primeras preguntas que no se formulen cargos a las fuerzas del orden por combatir a la delincuencia y al terrorismo; que se incrementen las penalizaciones a estos grupos, incluyendo el cumplimiento de toda la condena dentro de las cárceles; y que se fortalezca el control migratorio. La pregunta 11 sobre casinos, se desvía del contexto de la consulta. Si bien estos establecimientos pueden generar fuentes de trabajo, sería para un sector particular de la población, más no aseguraría empleo para todos, ni respaldaría la seguridad interna.

Debería sustituirse la pregunta 11 por otras de interés nacional como reformas a la Constitución; reducción de asambleístas; creación de nuevas bases militares en todos los puertos a nivel nacional, incluyendo zonas de frontera; eliminación de sueldos vitalicios a ex mandatarios sentenciados; supresión de la ciudadanía universal; endurecimiento de las penalidades a menores vinculados al terrorismo o grupos paramilitares; e intensificar el control militar y policial en los terminales terrestres, exigiendo el documento de identidad, por ser un canal de transporte para personas que se desplazan para cometer actos delictivos.

Ecuador no puede ser un pais de leyes muertas, ni de políticas que blindan al narcoterrorismo y la corrupción. Hay normas que no se aplican efectivamente o que deslegitimizan la causa por las que fueron promulgadas. Por tanto, no queda más que defendernos por mandato popular. Por justicia, los ecuatorianos merecemos que se haga un control de las omisiones del Estado, los abusos de poder y los excesos del sistema judicial.

Por 15 años, muchos asuntos de relevancia social han sido descartados por el sistema. Si el Presidente Noboa somete esta consulta al escrutinio del legislativo, la mayoría de oposición votaría en contra. De ganar el sí, la Asamblea deberá ratificar los resultados con inmediatez e implementar las reformas al Código Orgánico Integral Penal. Debemos desarrollar un comportamiento popular inteligente que formule criterios razonables, evitando la desinformación y analizando juiciosamente las preguntas.

Finalmente, si el mandatario Noboa aspira a la reelección, deberá cumplir sus promesas de campaña; pero también deberá analizar la pertinencia de ejercer el mandato desde el exterior, tomando medidas de extrema seguridad que precutelen su integridad y los intereses del país. Es fundamental que el gobierno mantenga el hermetismo de la información en los medios y la oposición, para la prevención de manifestaciones sociales manipuladas o un posible derrocamiento del poder. Se exhorta a aceptar la ayuda internacional, por ser la única manera de confrontar la situación. El gobierno prometió defender a su país y es tiempo de demostrarlo con hechos.

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Tertulia Navideña

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Álvaro Peña

La semana fue bastante pesada para Martín, los ajetreos de las fiestas navideñas lo tenían impaciente. Eran muchas cosas las que tenía en mente y casi ninguna ha realizado, porque el tiempo no le daba, ni los bolsillos se ajustaban. Entró al bar de siempre. Compró su cerveza como de costumbre y se sentó a escuchar la música, aunque no era de su agrado, optó por relajarse. No tenía otra opción.

En la mesa vecina surgía una acalorada y muy interesante tertulia entre tres amigos, al menos supuso que eran amigos, por la confianza en que se trataban y la libertad con la que hablaban de la vida. Discutían sobre el regalo de navidad que debían comprar para el intercambio del fin de semana siguiente. Por los discursos que escuchó, pudo definir que entre ellos había un ateo, un religioso católico y un creyente no practicante. Empezaron criticando a los jefes, como siempre son la comidilla de las reuniones, de la hipocresía que siempre surge en estas fechas y el esfuerzo que debían hacer para salir victoriosos de toda esta pantomima que el ateo, con total arrogancia y despecho, definió a la navidad.

El ateo predominaba la charla, trajo a relucir la porquería de regalo que le dieron el año pasado. Odiaba las corbatas y más aún los colores amariconados que no le van bien con su personalidad, ni con sus gustos, pero haciendo de tripas corazón, tuvo que estrujar con fuerza el abrazo a su amigo secreto. Lo hizo a propósito, pensó. La borrachera de más tarde, alivió el desencanto.

Comparó el festejo navideño de la empresa con la cena familiar, concluyó que se no diferenciaba en mucho, ya que, con la familia, los enemigos son conocidos y llevan la misma sangre. En fiestas como estas, siempre se encuentran, en los cumpleaños de los abuelos, y por supuesto, en los funerales de los parientes. Mientras terminaban una de las rondas que tenían en la mesa, hizo una pregunta: ¿por qué celebrar una fiesta que ni nosotros mismo la entendemos y muchos la odiamos? Todos asintieron con un “no sabemos”.

Esto no es más que un invento del sistema, continuó. Es propicio para fomentar el consumismo, para vaciar los bolsillos y que el pobre siga siendo pobre y el rico más rico. El asunto de la navidad no es más que un evento para dejarnos chiros, pero contentos. A cuenta del amor al prójimo, del nacimiento del niño dios y de un sinnúmero de inventos para tenernos alienados. Sigo pensando que esto no es más que una etapa más del ciclo del año y que no se le debe prestar mayor atención, sin embargo, estaba consciente de que, no podía eludir ninguno de estos acontecimientos, porque sin querer estaba inmerso en ellos.

En el ínterin de tan amena charla, otro de los tres, al que Martín lo definió como religioso católico, comentó que no debían ser tan radicales ni ortodoxos con la forma de pensar. Que, si bien es cierto, la navidad es una época religiosa que se celebra el nacimiento del redentor del mundo, todos los que nos han precedido, han hecho bien, en fijar esta fecha para la reconciliación, el resurgimiento y un nuevo nacimiento. Son alegorías para empezar un nuevo ciclo y con él nuevos propósitos y una mejor forma de vida. Uno de ellos (el ateo), sarcásticamente lo increpó justificándolo por ser religioso católico.

Él, no desmintió tal aseveración, aduciendo que Dios lo ha ayudado mucho y ama la navidad, porque a más de celebrar el nacimiento de Jesús, recuerda con nostalgia y las épocas más felices de su niñez, con regalos, fiestas y celebraciones en la escuela y en la familia; además el ser creyente no era así nomás, Dios había obrado en su vida, y que, como fiel devoto, cumple, observa y agradece todas las bondades venidas del cielo. Después de tal réplica, hubo un silencio corto, en el que le daban la razón, porque lo conocían de muchos años, y habían visto muchos milagros en su vida.

El último amigo (el creyente no practicante) retomó la conversación justificando su gusto por la navidad. Pensó y dijo que la navidad no es lo que nos han hecho creer. Más allá de quien la inventó o cuál fue el verdadero propósito, siempre es una fecha para mejorar, limar asperezas con sus enemigos y sobre todo compartir, también es una temporada para conocernos como seres humanos. Adujo que todo acontecimiento era propicio para conocer a quienes nos rodean. La familia como toda organización social, no es perfecta. Así como los amigos y conocidos.   

Pidieron al mesero una ronda más, dijeron que era la última, sus tonos de voz ya daban signos de que el licor estaba haciendo efecto y debían retirarse. En casa, les esperaba otra replica de reclamo a la que no estaban dispuestos a tolerar. Martín por su parte, dubitativo pensaba todo lo que escuchó e hizo un análisis profundo. Todo lo que sus vecinos dijeron era verdad, pero había en él algo más, que siempre le llamaba la atención celebrar navidad. Sus vecinos hablaban desde el odio, el resentimiento, desde lo que les ha tocado vivir. Y de cierta forma, es comprensible.

No podemos dar nada de lo que no tenemos y eso notó en ellos. Por supuesto, con él la situación no ha sido muy diferente, ni un cuento de hadas, más bien se identificó con sus posturas respecto de la navidad, sin embargo, en Martín hay un resquicio de esperanza, de amor. Aspira cada vez a mejorar, de hecho, anhela a diario ser mejor persona, entender al otro, discernir entre lo que parece bueno y lo que realmente es.

Terminó su última cerveza y decidió que esa navidad sería diferente. La navidad es lo que uno quiera que sea. Él dejaría nacer todo deseo bueno que ayude a mejorar el mundo, pero también que debía dejar crecer ese deseo bueno, y que los frutos sean obras, así mismo, buenas. Con un “feliz navidad” se despidió del mesero, que también era su amigo.

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Reforma electoral o afianzamiento del parlamentarismo correísta al 2025

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Que nadie se engañe, la proactividad y el ímpetu inusual del correísmo por impulsar a toda costa cambios a las reglas del juego electoral con miras al 2025, responden no exclusivamente a la gobernabilidad, sino a su necesidad de retornar a la Asamblea Nacional como partido predominante y bloque de mayoría, todo esto, al calor de los resultados obtenidos tanto en las elecciones seccionales como en las legislativas de 2023.

Consecuentemente, la reforma de fondo que impulsa la Revolución Ciudadana para maximizar el reparto de escaños en su beneficio es cambiar el método Webster y retornar a un viejo conocido: el método D´hont, reformando el artículo 164 del Código de la Democracia. Este método, que se caracteriza por desestimular la representación de las minorías políticas, se introdujo por primera vez en el país hace 23 años y que se lo aplicó en las elecciones generales de 2002, 2006, 2013 y 2017, a sabiendas que, en 2013 el correísmo obtuvo 100 de las 137 curules (casi un parlamento unipartidista) y en 2017, alcanzó 74 (mayoría absoluta).

La intención, la prioridad de la Revolución Ciudadana es clara, afianzar su poder parlamentario en las elecciones generales del 2025, para seguir gravitando en la órbita política de los pactos y repartos (hoy denominados tregua) con el Ejecutivo; sin descartar el uso de prácticas como el chantaje, la obstrucción y potencialmente el golpismo institucional como ocurrió con Lasso. Y, si es que llegan a ser gobierno, allanar el camino -vía alza manos y genuflexión- para subsumir la Función Legislativa a los dictámenes de Carondelet o del ático, donde quiera que este se encuentre.

¿Se necesita cambiar el método de asignación de escaños para tener gobernabilidad en el país? No, porque el problema real es de cultura política, de la incapacidad de las élites para deponer agendas particulares y gestionar espacios de diálogo y consenso. Tal es así que, en Ecuador, los dirigentes partidistas -que deberían ser los llamados a fortalecer sus organizaciones- han promovido, desde el retorno a la democracia hasta la presente, la desinstitucionalización de sus propias tiendas.

Este contrasentido ha hundido en un pozo séptico al sistema de partidos. Salir de ello, demanda una reforma seria al Código de la Democracia que va más allá del cambio en el método de asignación de escaños; esto implica eliminar por completo el transfuguismo y, con ello, este negocio rentable de los independientes al interior de la Asamblea Nacional.

Dicho en fácil, el problema de la gobernabilidad no radica -como nos quieren hacer creer- en el método de asignación de escaños, sino en el transfuguismo y en las curules que mantienen los “independientes”. Ese es el foco histórico de la dispersión legislativa.

Según datos del Observatorio Legislativo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo (FDC), en el periodo 2017-2021, el Parlamento tuvo 65 legisladores independientes, mientras que el periodo 2021-2023, se registraron 23 casos. La actual Asamblea postmuerte cruzada tampoco es ajena a esta lógica perversa de las voluntades fluctuantes y los camisetazos por prebendas e intereses particulares, pues días antes de su sesión inaugural, varios legisladores abandonaron los partidos y movimientos que los auspiciaron y por los que obtuvieron su curul.

¿Qué hacer para cambiar esta realidad? Hay que modificar el artículo 95 numeral 2 del Código de la Democracia que estimula la militancia itinerante (electoral) para incorporar la permanencia de al menos dos años en una misma organización política como requisito para ser candidato, con una salvedad, partidos y movimientos deberían tener solo un 10% de invitados. Algo que hoy en día no existe porque los caudillos relegan a su semillero político para dar cabida a deportistas, periodistas de farándula, animadores y demás gente que alquila y transacciona espacios para integrar las listas y llegar al poder para operativizar sus agendas particulares a costa de la degradación institucional de las tiendas políticas que los auspiciaron.

A esto se suma un hecho concreto: ¿Por qué si la forma de votación en las elecciones pluripersonales es a través de listas cerradas y bloqueadas, como establece el artículo 120 de la normativa electoral -es decir por partidos y no por personas- todavía existe y tiene peso la figura de independientes en la toma de decisiones de la Asamblea Nacional? La misma Ley Orgánica de la Función Legislativa, en su artículo 117, estimula la presencia de los independientes al reconocerles el derecho a formar bancadas. Sin embargo, si los ciudadanos votan por listas y no entre listas (por candidatos de distintas tiendas) lo correcto sería impulsar una reforma a la norma legislativa para que los asambleístas que se desafilien o sean expulsados del partido o movimiento que los auspició (previo proceso disciplinario) pierdan su curul.

¿La pérdida de la curul atentaría contra voluntad soberana expresada en las urnas? De ninguna manera, porque los ciudadanos sufragan por partidos y movimientos. Es más, para ser preciso, si los candidatos dejan de lado a la organización que los auspicia, se estaría vulnerando la voluntad popular, como en efecto, ocurre ahora. Sin embargo, para no dar rienda suelta a vendettas, hay que democratizar y transparentar los procesos disciplinarios al interior de las distintas tiendas políticas para que se respete el principio elemental de unidad en la diversidad. 

De nada servirá impulsar una reforma al artículo 99 del Código de la Democracia para segmentar y estratificar los ámbitos de participación de las organizaciones nacionales y locales en la competencia electoral (partidos y movimientos nacionales para las elecciones generales y tiendas políticas locales para cada provincia, cantón y parroquia), si los candidatos hacen de la itinerancia electoral e inorgánica su modus operandi para llegar al poder, porque esto también deprecia la calidad de la representación.

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Morir por error: ¿cuántos más?

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Imagen destacada Gabriela Vivanco Collantes
Imagen destacada Gabriela Vivanco Collantes

Hace un mes recibí la noticia de la muerte violenta del hermano menor de una buena amiga, para muchos es una muerte entre tantas que acrecienta las cifras en Manta, una de las ciudades más violentas del país, para su familia significa una pérdida cruel, un golpe doloroso que hace tambalear a cualquiera.

Ese acontecimiento, me recordó con tristeza, que en los últimos meses las muertes violentas nos han cercado, a tal punto que se ha normalizado, sin que afecte como antes, cuando debería ser lo contrario.

Los asesinatos que han sucedido en el último año remueven la estructura social, como lo sucedido con Agustín Intriago, alcalde de Manta o el atentado mortal contra Fernando Villavicencio, candidato a la Presidencia de la República, sumado a las muertes de personajes políticos, cómicos, influencers y otros relacionados a la farándula que nos han provocado indignación, pero conforme pasan los días, hundimos sus nombres en el olvido.

Es que nuestra memoria histórica es de corta retentiva, olvidamos que hace poco salió un gobierno de derecha con los zapatos ensangrentados, con un vicepresidente que brillaba por su ausencia. Quienes nunca ejecutaron una política de seguridad acorde a la realidad del país, y nos dejaron en manos de la delincuencia, envueltos en un sistema de justicia corrupto que avanza a paso de tortuga, mientras las víctimas se aglutinan en las calles.

Olvidamos que Esmeraldas está en zozobra constante, que Manta acumula 262 muertes violentas, que la ubica como una de las ciudades más violentas de Manabí; mientras que hasta octubre se reportan 1830 muertes violentas en Guayaquil; por su parte Durán vive atrapada por las mafias; ni que decir de Quito, la capital respira inseguridad en cada esquina.

Actualmente, Ecuador es uno de los países más violentos en América Latina; así lo afirma el Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado de Pan American Development Foundation (PADF), en su boletín semestral que señala un incremento del 528.1% en homicidios, comparado al primer semestre de 2019.

Aun así, no existe una propuesta clara para reducir este espantoso aumento en las cifras, pasamos de ser un rincón mágico de ensueño para el retiro de extranjeros, a una jaula que encierra muerte y devastación.

Mientras las estadísticas siguen en aumento, las familias lloran a sus muertos, que caen sin ninguna posibilidad de defensa a manos de la delincuencia común o de mafias que, en su afán de poder, están cegando vidas que ni siquiera empezaron a florecer.

Hace pocos días, una terrible noticia inundó las redes sociales, los titulares parecían de película, cuatro niños fueron acribillados por error en el Guasmo, uno de los barrios más peligrosos de Guayaquil, su madre quien estaba embarazada falleció en el hospital, su padre hoy tiene que sepultar a su familia entera.

Las muertes violentas han sido recurrentes, el mes pasado un adolescente de 13 años fue secuestrado y luego su cuerpo encontrado sin vida en un barrio de Guayaquil; hace meses, un estudiante de 16 años fue asesinado a modo sicariato mientras se dirigía a su colegio, otro fue acribillado al salir de una unidad educativa.

¿Por qué? me pregunto ¿qué pudieron haber hecho para merecer esa muerte? Sus vidas fueron truncadas de un solo golpe, sin opción a nada, en la más profunda impunidad, sin que a las autoridades se les mueva una sola fibra del cuerpo.

¿Cuántos más tendrán que morir para que alguien haga algo?, ¿cuánto más tendrán que llorar las familias para que las autoridades muevan un dedo?

Sus asesinatos no pasaron desapercibidos, no, estaban en los titulares de cada periódico, liderando la crónica roja de medios digitales, pero tomamos una decisión, deslizamos la pantalla, eliminamos la alerta y continuamos campantes con nuestras vidas, mientras afuera, a dos cuadras de nuestra casa, se matan sin miedo.

Cada muerte injusta se disuelve en medio de notas banales sobre cualquier tema sin importancia, mientras unos luchan por sus vidas, otros se toman fotos para la portada de una revista.

Lo que más incomoda es el silencio de las autoridades, esa tibieza de sus declaraciones, esa falta de empatía por la vida de un ser humano que murió en medio de una guerra que no era suya. Daños colaterales dicen, detesto esa expresión, no son piedras, eran personas, eran niños y niñas, eran adolescentes, eran jóvenes con sueños inimaginables. Para ellos no había límites, pero un “error”, redujo todo a dolor y a cenizas guardadas en cajas blancas que encierran silencios absurdos, espacios vacíos que nos llaman a reflexionar.

Hoy, más que nunca exijo justicia, acciones estatales y un poquito de vergüenza ajena para buscar salidas a esta intensa ola de violencia que nos carcome cada día, que mata a inocentes, superando cualquier plan o estrategia de seguridad.

Me seguiré preguntando sobre el valor de las vidas, porque unos tienen todos los honores cuando mueren, sin importar las circunstancias, y otros, víctimas de cualquier dizque valiente con pistola, ni siquiera reciben una nota de pesar decente, ni dos líneas de respeto, ni un día de luto, nada…

Por ahora, solo queda esperar a que el Gobierno decida proteger nuestras vidas y la de nuestras familias, seguiremos avanzando con el miedo intacto y la enorme desesperanza en la que nos han hundido.  

Dedico esta nota a la memoria de quienes han perdido sus vidas, víctimas de la violencia que vive el país, y a sus familias por las pérdidas irreparables que han sufrido, sus vidas fueron valiosas y perdurarán en los corazones de quienes los amaban.

Nota aclaratoria: este artículo no promueve un lenguaje sexista y está de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo. Pero no utiliza los pronombres el/la los/las o les, para evitar posibles confusiones.

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Referencias:

El Universo. (01 de noviembre de 2023). Con escalada de muertes violentas, Durán y Guayaquil entrarían en el top 10 del listado de ciudades más violentas del mundo. https://www.eluniverso.com/noticias/seguridad/guayaquil-y-duran-zona-8-ciudades-mas-violentas-del-mundo-nota/

Expreso. (12 de noviembre de 2023). Hombre fue asesinado en una vía de Manta.

https://www.expreso.ec/actualidad/hombre-asesinado-via-manta-179149.html

 Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado. (Junio, 2023). Boletín semestral de homicidios intencionales en Ecuador. Enero-junio de 2023.

https://oeco.padf.org/boletin-homicidios-intencionales-ecuador/

Vicepresidencia, espacio ornamental o plataforma política con angurria electoral

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Candidatos de alquiler y partidos de transacción que buscan llegar al poder con agenda propia, más no con un proyecto político medianamente consensuado que trascienda la lógica edulcorada de la tregua entre las élites (pacto y reparto), esa es la génesis del problema entre el actual presidente de la República, Daniel Noboa Azín, y su binomio, Verónica Abad. Problema que -una vez más- deja en claro que, el contar con un compañero de fórmula electoral no es lo mismo que tener un compañero de fórmula para gobernar, así sea por tan solo dieciocho meses de gestión. Coyuntura que nos invita a reflexionar sobre los criterios para el escogitamiento del segundo mandatario: su perfil, carrera política y empatía con los ciudadanos o -al menos- con un grupo específico de ellos en el que su imagen pueda influir.

¿Qué tanto sumó la presencia de Abad a la campaña y al triunfo de Noboa, más allá de sus polémicas declaraciones sobre la ideología de género (violencia política, equidad y paridad), los voucher para que “los pobres” se puedan atender en el sistema de salud, la privatización de la seguridad social o el “sufrimiento” de los empresarios al pagar el seguro a sus empleados? ¿Error constante de comunicación o extrovertida promotora anti-derechos que se encontró, al igual que Noboa, con un triunfo electoral no previsto? ¿Qué busca la señora Abad, hacer de la desavenencia una plataforma propia para fortalecer, con proyección al 2025, su discreto camino en la política?

Solo así, quizás, se explicaría su reunión con Victoria Villarroel, vicepresidenta electa de la República Argentina por el Partido Libertario de Javier Milei o con Santiago Abascal del partido de extrema derecha español, VOX. ¿Acaso estas reuniones de Abad con líderes de la región y de Europa podían entorpecer el pacto político entre la Revolución Ciudadana (RC), el Partido Social Cristiano (PSC) y la alianza Acción Democrática Nacional (ADN) o es que intentó hacer arreglos con otras tiendas políticas -a espaldas de Noboa- para el reparto del poder en la Asamblea Nacional a costa de esa tan manoseada “gobernabilidad”? ¿Es esa la traición a la que se refirió Noboa en la entrega de credenciales?

Lo cierto es que el actual mandatario tuvo que ver alguna virtud en Verónica Abad más allá del sí flojo para integrar el binomio presidencial; mérito que la mayoría de ecuatorianos todavía desconocen, pero que seguramente no guarda relación con la tarea que el Presidente Noboa le encomendó: “colaboradora para la paz” en Tel Aviv para subsanar el histórico problema entre israelíes y palestinos. Tarea que, a más de costosa, no calza con su línea profesional y que, sin embargo, por simple capricho se impulsó para dejar una señal clara a todos los no alineados con el régimen. Aunque en el camino, Daniel Noboa abrió un chaquiñán enorme para que su vicepresidenta pase del cuasi-anonimato a la revictimización mediática, sin que en este tramo Abad se ruborice y reconozca que el primer acto de corrupción de un servidor público es asumir un cargo o función para el cual no se está preparado.

Y las preguntas saltan a la vista de manera mucho más directa, ¿cuál fue el hecho tan grave que cometió la Vicepresidenta Abad para que el Jefe de Estado haya preferido enviarla con sus maletas fuera del país -a una zona de conflicto bélico- antes que mantenerla en el anonimato, como un ornamento más de los tantos que han pasado por la Vicepresidencia de la República? ¿Noboa está administrando el Estado como si se tratara de los navieros o haciendas de su padre? ¿La presencia física de Abad es peligrosa para el Gobierno?

En todo caso, resulta inverosímil que la vicepresidenta de la República, pretenda enfilar críticas contra el correísmo radical, el socialcristianismo y el correísmo moderado (el de MOVER antes Alianza País que integra la alianza ADN de Noboa), cuando en febrero de 2023 la misma señora Abad participó en las elecciones seccionales como candidata a la alcaldía de Cuenca por la facción chimbadora del correísmo -el Movimiento Amigo-, organización que se creó al calor de un juicio político y el posterior escándalo por delincuencia organizada en la construcción del hospital de Pedernales que tuvo como principal protagonista al fundador de esta tienda política, el ex asambleísta de Manabí por el movimiento Alianza País, Daniel Mendoza.

Desde luego, la señora Abad no tuvo ni de lejos vela en ese entierro, pero debe estar consciente que, al postular por una organización política -así sea una de alquiler o transacción- el candidato o candidata asume algo más que el nombre y el membrete para salir en la papeleta electoral. Es el presente y el pasado de ese partido o movimiento, sus aciertos y también sus descalabros, entre ellos la corrupción.

Por otra parte, ¿qué tan probable es que el pacto (de futuro incierto) entre las bancadas con mayor número de legisladores (RC, PSC y ADN) tenga como finalidad el “posible retorno del ex presidente Rafael Correa” al Ecuador? ¿No será que en su afán de notoriedad, la vicepresidenta Abad buscó hacerse de un espacio para surfear en las olas del anticorreísmo a costa del polémico apellido del autócrata? ¿Ante la evidente crisis de liderazgos, pretende “pescar a río revuelto” para representar a un nutrido, pero acéfalo anticorreísmo de derecha?

Mientras la ruptura entre el Presidente y la Vicepresidenta de la República copan hasta los espacios de farándula, el Ecuador atraviesa una de sus peores crisis económicas con un riesgo país que superó -al cierre de noviembre- en 2016 puntos al de Argentina; y la idea de la consulta popular perece mediáticamente ante la urgencia por obtener recursos que permitan el funcionamiento del Estado.

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Los duendes del bosque

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Andrés Ojeda

En lo más profundo de un inmenso bosque encantado, en el corazón de la tierra, vivían diminutos seres conocidos como los Duendes del Bosque junto con otras criaturas fantásticas entre duendes, hadas y muchos seres encantados.

Un día se celebró una asamblea general en el bosque para proteger el medio ambiente y preservar el equilibrio ecológico. Al evento asistieron los duendes del bosque, hadas, elfos, así como criaturas de todas las formas y tamaños; reunidas para debatir cómo podrían proteger a la madre tierra de las amenazas humanas y de los embates de la naturaleza.

Los duendes del bosque eran los más notables, la asamblea acordó que ellos cumplirían funciones trascendentales para la supervivencia de la Tierra: Inka sería el líder; Achik evitaría el calentamiento global y la deforestación; Yareth y Ameyal mantendrían la pureza del agua y del aire; Alom defendería la flora y las especies animales; Itzé reciclaría los desechos; Rumi e Inti combatirían los desastres naturales y los incendios forestales; e Ikal cuidaría la selva y sembraría los cultivos.

Una mañana, antes de que los rayos del sol se filtren entre las espesas ramas, Inka con su piel del color de las hojas iba pintando con su varita verde destellos de colores en las flores y susurraba secretos a los riachuelos. Podía comunicarse con los animales y tenía una conexión especial con los robles ancianos que le contaban historias de sus batallas contra el hombre. Un buen día, Inka reunió al resto de duendes para grabar un mensaje en una gran piedra que decía:

Querida Naturaleza,

En este bosque encantado, los duendes queremos expresarte que observamos con asombro la danza de las hojas, la melodía del viento entre los árboles y la armonía de los arroyos que fluyen.

En cada rincón vemos tu fuerza y fragilidad. Nos duele ver cómo a veces el ser humano olvida su conexión contigo, causando heridas que tardan en cicatrizar. Prometemos defenderte y hacemos un llamado a todos los seres que habitan este maravilloso lugar a unirse en la preservación y cuidado de cada ser vivo. Juntos, animales, plantas, humanos y duendes, podemos coexistir en armonía. Todos somos parte de algo sagrado, por ello debemos atesorarte y apreciarte. Prometemos cuidar cada bosque, riachuelo y criatura que habita en ti. Que cada paso que demos sobre la tierra sea con respeto y gratitud.

Con amor y reverencia,

Los Duendes del Bosque.

Los duendes siempre estaban atentos a las alertas de su líder Inka. Alom llevaba un sombrero verde y puntiagudo, de ojos chispeantes, su piel pintaba el color de la hojarasca, y sus pies estaban cubiertos de musgo. Una vez, Alom escuchó un llanto lastimero proveniente de un arbusto. Al acercarse, descubrió a un grupo de conejitos asustados, maltratados por los humanos.

Con su varita, creó un hechizo que envolvió a los maltratadores en una densa niebla. Los conejitos quedaron a buen resguardo y le tejieron a Alom una capa con hilos de oro y hojas de plata en señal de agradecimiento.

Alom conocía desde las cascadas, el arroyo que serpenteaba entre los árboles hasta el claro donde las hadas danzaban bajo la luz de la luna; procurando que ningún leñador malintencionado se acercara a cortarlos. Era muy sabio y amado por todos en el bosque. Mientras correteaba por los prados, dejaba regalos sorpresa para sus amigos: pequeñas flores brillantes, hojas de oro y piedras brillantes que encontraba en sus exploraciones. Estos obsequios siempre llevaban una nota que decía: «Con amor, Alom».

Otro día, Alom descubrió que los codiciosos humanos planeaban talar los árboles para construir sus casas. Acudió a la aldea para recordarles la importancia de respetar la naturaleza; les contó historias sobre la magia del bosque y cómo cuidarlo traería prosperidad a sus vidas. Alom regresó a casa contento, y los demás duendes se sentían orgullosos de él.

En otro momento, Achik recibió una inquietud por parte de Inka a cerca del calentamiento global. Achik debía observar por qué este fenómeno estaba marchitando los árboles, secaba los riachuelos y la fauna perdía su hábitat; e ideó un plan. Cada noche, mientras los demás duendes dormían, salía sigilosamente a recoger rayos de luna en pequeños frascos encantados. Con sus habilidades, transformaba los destellos en energía limpia que liberaba para equilibrar los efectos del cambio climático. Gracias a su dedicación, el bosque reverdeció, y su historia se contaban entre las generaciones como recordatorio de la importancia del cuidado ambiental.

Al amanecer, Inka dispuso a Yareth y Ameyal la custodia de dos tesoros vitales: el agua y el aire. Yareth, con sus ojos como gotas de rocío, velaba por los arroyos cristalinos que se fluían entre las praderas. Yareth trabajaba porque el agua fluya limpia y pura; mientras Ameyal se deslizaba como el viento entre las hojas, resguardando el aire que soplaba a través del bosque. Si alguna vez algún ser malintencionado amenazaba con contaminar el agua o empañar el aire, Yareth y Ameyal se unían en una danza mágica, con movimientos ágiles y música suave, purificaban el entorno y restauraban el bosque. Sus corazones llenos de amor por la naturaleza hacían que el agua fluyera cristalina y el aire fuera puro; recordándonos que son recursos agotables que merecían ser protegidos.

Al llegar la aurora, Inka encomendó a Itzé que debía encargarse del reciclaje. Revolvía entre los desechos que los humanos dejaban en los linderos del bosque. Con su pequeña bolsa mágica, Itzé recolectaba botellas vacías, latas olvidadas y trozos de papel. Con su varita encantada, convertía botellas en lámparas brillantes, las latas en campanas resonantes, y el papel tomaba forma de mariposas multicolores. Los demás duendes miraban con asombro cómo Itzé convertía la basura en belleza. El río que antes estaba lleno de desechos ahora brillaba con la luz de las lámparas mágicas, y los árboles estaban decorados con polvos dorados. Itzé construyó un escondrijo donde los residuos humanos se transformaban en obras de arte radiantes; enseñando a sus amigos y hadas la importancia de reciclar y reutilizar.

El duende Rumi, de tamaño diminuto, pero de corazón tan grande como la montaña que se alzaba en el horizonte estaba a cargo de proteger el bosque de los caprichos de la naturaleza. Cada noche, Rumi recorría los campos con sus ojos centelleando como luciérnagas. Tenía el poder de calmar las tormentas furiosas y apaciguar los ríos desbordados. Los agradecidos aldeanos, dejaban ofrendas de miel y frutas frescas al pie de un antiguo roble, el santuario de Rumi. En épocas de sequía, invocaba a la lluvia para que dé de beber a los sedientos campos.

Era amigo de los árboles y de los vientos. Cuando la tierra temblaba, Rumi extendía sus brazos, abrazando los cimientos de las casas para que la calma regresara. Así, se ganó el cariño de la comunidad, y sus anécdotas se contaron de generación en generación, recordándonos que hasta el ser más pequeño puede luchar contra los desafíos más grandes.

Cada amanecer, Ikal labraba la tierra con su pequeño arado encantado. Plantaba semillas de todos los colores y tamaños, creando un mosaico de cultivos que bailaban al ritmo de la brisa. Mientras las plantas crecían, Ikal tarareaba música alegre que aceleraba el proceso de crecimiento. No contento con solo cultivar, también sembraba árboles. Con paciencia y cariño, introducía en el suelo fértil pequeñas plántulas que, con el tiempo, crecían hasta convertirse en majestuosos árboles. Los aldeanos admiraban su dedicación y pronto se unieron a su labor. Juntos crearon un paraíso de biodiversidad donde cada planta y árbol contaba su propia historia. Gracias a Ikal, el bosque encantado prosperaba y recordaba el cuidado constante de la naturaleza.

La piel del pequeño Inti brillaba como el oro. Su labor era custodiar el bosque de los incendios forestales. Con su magia ancestral, tejía hechizos protectores alrededor de los árboles alertando a los demás. En las noches estrelladas, cuando el viento divulgaba secretos a las hojas, Inti caminaba encendiendo pequeñas luces que guiaban a los animales a lugares seguros. Cuando los primeros destellos de humo aparecían en el horizonte, Inti extendía sus brazos, convocando a las aguas del arroyo a combatir el fuego. Los aldeanos, honraron a Inti como el guardián de la vida silvestre. Su alegría provenía de haber cumplido su deber. Inti continuó su eterna tarea, defendiendo el bosque de las llamas, como recordatorio de la importancia de la preservación ambiental.

Y así, los duendes del bosque y todas las aldeas vivieron felices, cuidando y protegiendo la madre Tierra. Con el tiempo, los seres humanos se concientizaron, replanteando su relación con el entorno natural y aprendiendo a vivir en armonía sin degradarlo; sin maltratar a los animales, ni talando los árboles. La moraleja del cuento es la demostración de trabajo en equipo y respeto de los duendes hacia la naturaleza; haciendo de la conservación ambiental una prioridad, para que las generaciones venideras tengan un futuro sostenible y garantice nuestra propia supervivencia en el planeta.

Elecciones presidenciales 2023 y deterioro del populismo correísta

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Por: Alfredo Espinosa Rodríguez*

En 2021 Guillermo Lasso (CREO) ganó la Presidencia de la República con el 52,36% de votos válidos frente al 47,64% de Andrés Arauz (UNES); mientras que, Daniel Noboa (ADN), se convirtió en el nuevo mandatario del Ecuador -postmuerte cruzada- con el 51,83% de votos versus el 48,17% de Luisa González (RC).

La conclusión a primera vista daría cuenta de que el correísmo se está marchitando aceleradamente y con él, una forma de populismo estaría en potencial deterioro no solo por la suma de fracasos en las elecciones presidenciales (dos entre 2021 y 2023); sino también porque -hasta el sol de hoy- no supera los cuatro años de gestión morenista (correísmo sin Correa) y sus repercusiones en el cuasi desmantelamiento de la estructura autoritaria que levantó el expresidente Rafael Correa.

El mejor medidor de esta crisis del populismo correista es la cartografía de los procesos electorales de 2017, 2021 y 2023. Por ejemplo, en el año 2017, el correísmo, de la mano de Lenin Moreno, triunfó en 12 provincias, entre ellas toda la Región Costa más Imbabura (55,41%), Carchi (51,43%), Santo Domingo (52,45%) y Azuay (53,67%), en la Sierra. Esas cuatro provincias, en el año 2021, inclinaron la balanza a favor de Guillermo Lasso, con ello, el correísmo quedó afincado -únicamente- en las seis provincias de la Costa: Esmeraldas (55,75%), Manabí (66,10%), Santa Elena (61,10%), Guayas (53,05%), Los Ríos (62,35%) y El Oro (51,64%) y, en la Región Amazónica, en la provincia de Sucumbíos (56,31%). Para las elecciones presidenciales anticipadas de 2023, la cartografía electoral de 2021 se repetió casi en su totalidad, con una salvedad, la candidata del correísmo, Luisa González, triunfó en la provincia de Orellana (52,90%).

La segunda conclusión es clara y mucho más pragmática: la crisis del populismo correista pasa por un enfoque regionalista y la pérdida de incidencia en la Sierra y en buena parte de la Amazonía; pese a que en las elecciones seccionales de febrero de 2023 obtuvo las alcaldías y prefecturas en localidades claves del país: Quito y Pichincha, Guayas y Guayaquil. ¿Qué sucedió? ¿Por qué no funcionaron las redes clientelares y el aparato de propaganda organizado desde el poder local? ¿O la sola imagen de Correa tiró abajo el trabajo en territorio de sus operadores?

Ahora bien, este deterioro de la Revolución Ciudadana no marca su fin político y electoral, principalmente por su nutrido bloque en la Asamblea Nacional (52 legisladores); aunque sí debería encender las alertas al interior de la organización política, porque su discurso seudo-disruptivo y cuasi refundacional pensado ahora en pretérito, se diluyó y hasta aburrió a la ciudadanía; a tal punto que, lejos de posicionarse como alternativa ante la partidocracia y el histórico abuso de sus prerrogativas; se reafirmó como parte de esa élite política y electoral que pugna por retomar el control sobre el monopolio de la actividad pública, a costa de la propia independencia de las instituciones del Estado e incluso de las libertades civiles.

Nada nuevo si se considera que, por dos ocasiones consecutivas, los ciudadanos no vieron en los candidatos presidenciales del correísmo, una opción real y viable para superar la crisis sistémica por la que atraviesa nuestra democracia representativa, pues identifican a su alta dirigencia como co-responsable de los problemas del país; aunque los aludidos públicamente se revictimicen y no lo reconozcan, ni siquiera el propio Rafael Correa.

¿Correa y los correístas seguirán pensando -cada uno por su lado- que el Ecuador de este complejo 2023 es similar al del año 2007?

Esta ausencia de autocrítica y reflexión sumada a: 1) un inoficioso cambio de rostros; 2) la persistencia por institucionalizar en el Estado la venganza personal del exmandatario reñido con la justicia y; 3) la falta rotunda de autonomía para deliberar por fuera del mito urbano de la traición, dieron cuenta de que la racionalidad democrática y sus prácticas contravienen los cánones de convivencia al interior de las huestes correístas, cuyo sello distintivo es el enfermizo culto a la personalidad volátil de su “líder”.

Sin embargo, las opciones de la Revolución Ciudadana no son muchas, o se reinventa para pensar en un proceso de sucesión que permita superar la idolatría al caudillo, enviándolo al ático de la historia y apartándose tanto de su dedo histriónico en Twitter, como de las lógicas intimidatorias con las que asume la política; o camina en el mismo terreno de 2021 y 2023, a sabiendas de que esto lo condenará -hasta que la gente se canse o la crisis sea más profunda- a ser el “segundún” de las elecciones presidenciales.

¿Qué quiere Correa y qué quieren los correístas? ¿Gobernar exclusivamente desde el Parlamento al mismo estilo de sus aliados socialcristianos, presionando a los gobiernos de turno a cambio de votos y estabilidad política? El parlamentarismo criollo siempre será una autopista con dirección al chantaje por la que muchos caudillos deseen transitar.

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¿Conciliación, gobernabilidad o impunidad?

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Varios hicieron votos para que el expresidente Rafael Correa controle su incontinencia verbal en redes sociales y no tire por la borda los diálogos previos entre su organización política -la Revolución Ciudadana (RC)-, el Partido Social Cristiano (PSC) y la alianza oficialista Acción Democrática Nacional (ADN). Sin embargo -y como era de esperarse- esto no ocurrió.

Los dimes y diretes entre Correa y el asambleísta socialcristiano, Henry Kronfle develaron como el diseño institucional del país repele a toda costa la gobernabilidad y estimula -exclusivamente- el reparto y el chantaje como mecanismos de convivencia y presión entre las élites políticas para el control temporal de espacios de poder; pero también dejaron en claro que el ejercicio de fiscalización de esta remozada Asamblea Nacional, que entrará en funciones en los próximos días, estará supeditado -como en ocasiones anteriores- al cumplimiento de las agendas e intereses particulares de los dueños de los partidos, así como a la fluctuación y adquisición de voluntades. Solo así se explica que Correa pidiera la cabeza de la fiscal general, Diana Salazar, para -sobre esa base- negociar un pacto de gobernabilidad en el que -supuestamente- también estuvo involucrada la bancada del gobierno entrante.  

Dicho de otra manera, el viejo maridaje político-legislativo entre el correísmo y el socialcristianismo (social correísmo) barajó la posibilidad de canjear impunidad, por gobernabilidad al amparo del juicio y censura a Diana Salazar.

Pero, ¿correistas y socialcristianos buscaban solo esto? Es decir, ¿cuáles eran los términos reales y el alcance del pacto entre la RC, el PSC y ADN más allá de defenestrar a la Fiscal General y exhibirla como trofeo de guerra de condenados y proscritos de la justicia?, ¿querían un incentivo temporal como condición para armonizar la distribución de espacios de poder (reparto) en la Asamblea Nacional, lugar en el que se disputa no solo el control de la presidencia y las dos vicepresidencias de ese organismo, sino también la titularidad en la Comisión de Fiscalización, espacio apetecido para el archivo, investigación, encubrimiento y persecución política? Si todo esto se llegara a operativizar -pese a la tardía, pero tajante declaración del presidente de la República electo, Daniel Noboa- el precio a pagar por la conciliación sería altamente costoso.

Ahora bien, ¿debe el nuevo mandatario cerrar la puerta de diálogo al correísmo y al socialcristianismo? La formación de coaliciones en regímenes presidenciales es necesaria, sobre todo cuando los gobiernos -como en el caso del recientemente electo o su antecesor- carecen de una mayoría parlamentaria propia. Por consiguiente, aunque defenestrar a la Fiscal no sea materia de negociación para el nuevo régimen, muy probablemente el gobierno de Noboa tenga que entregar incentivos selectivos a sus potenciales aliados en la Asamblea Nacional, por ejemplo: puestos en la administración del estado central, en la diplomacia o incluso incorporar en su tentativa de consulta popular temas y preguntas formuladas por otros partidos y bancadas.

¿Entrarán correistas y socialcristianos en ese grupo de posibles privilegiados de las concesiones legislativas otorgadas por el presidente Daniel Noboa, o este virará la página y regresará a ver al anti-correísmo variopinto? Eso dependerá del tipo de acuerdos y su alcance en los próximos 18 meses. Pero como dijo el expresidente de la república, Rodrigo Borja, “en política nada es cierto y nada es mentira, porque lo que hoy es, mañana no lo es”.

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Una buena dosis de moralidad

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Álvaro Peña articulista La Disputa

“Es signo de ineptitud el dedicar demasiado tiempo a los asuntos del cuerpo, como hacer ejercicio físico, comer, beber, defecar o copular en demasía. Estas cosas, sin embargo, debemos hacerlas como algo accesorio, y dedicarnos por completo al pensamiento” (Enquiridión – Epicteto)

Así están las cosas. Un mundo donde impera el culto al cuerpo, el hedonismo, la gula desenfrenada, los placeres exacerbados, las trivialidades y la sexualidad desordenada. El contexto social y tecnológico en que vivimos nos ha arrojado a sumarnos al ingente sistema de hiperconsumismo. Alienados; es el tiempo del apuro, del deseo de mostrarnos de algún modo al mundo que nos rodea. Es tiempo de llamar la atención. Es tiempo de no perder el tiempo…

Epicteto, nacido en torno al año 50 d. C., forma parte de la famosa corriente estoica, siendo esta escuela filosófica una de las más influyentes del pensamiento antiguo. A él se atribuye la frase con la que se empieza este artículo, gracias a los apuntes de uno de sus alumnos, Arriano de Nicomedia, historiador y filósofo que compuso entre otros documentos, el Manual de Epicteto o Enquiridión. Este manual, aunque fue escrito hace dos mil años, es tan vigente hoy, en la forma en como describe el comportamiento de las personas y sus estilos de vida

Según los estoicos, el objetivo de la vida es vivir de acuerdo con la naturaleza humana racional que se adecua con la práctica de la virtud y esta racionalidad sobre la naturaleza humana no puede limitarse a la reflexión sobre el impulso de preocuparnos por la salud, las posesiones y cosas similares: lo que podría llamarse lo meramente humano; o de las conductas de aquellos ineptos, mencionadas con anterioridad. El objetivo de esta racionalidad es vivir la virtud predicada.

¿Por qué Epicteto haría énfasis en recalcar estas conductas poco saludables para el alma, la mente y cuerpo? No cabe duda que los comportamientos del ser humano han sido los mismos en todas las épocas. Solo ha cambiado el contexto en que se han desarrollado. Hoy, la situación sigue vigente y dada la coyuntura globalizada y tecnificada que vivimos, empeorará si no nos detenemos a pensar a dónde iremos a llegar, y por supuesto, a actuar de acuerdo con esa virtud a la que aspira el estoicismo.

Los asuntos del cuerpo como comer, beber, ejercitarse e inclusive tener relaciones sexuales, de acuerdo con la pirámide de necesidades de Maslow, son las necesidades básicas o fisiológicas que todo ser humano debe cubrir para subsistir (según él y su psicología). La finalidad es aspirar al segundo escalón y así hasta el quinto, donde se encuentran las necesidades de autorrealización. El problema radica en que, dados los comportamientos de estos tiempos, el ser humano aunque sigue aspirando a los bienes sublimes como la autorrealización, se le dificulta sobrepasar y superar las necesidades básicas, porque se ha alienado en lo atractivo del mundo.

Se decía que hoy se rinde culto al cuerpo. Sí, es cierto, los gimnasios pasan repletos. Las bibliotecas cada vez más vacías. De hecho, se las ha cerrado, los libros digitales ganaron la batalla, lo poco que se lee, se lo hace a través de dispositivos digitales. Los manuales y planes de alimentación están a la orden del día. Nuestra cultura consumista ha deteriorado nuestro cuerpo y la salud. Hoy no cabe mucho la templanza y la frugalidad, éstas son enemigas del sistema. Frente a esto, han surgido salvadores que nos ayudan a mejorar lo poco que queda de sano y bueno, vendiéndonos la idea de cómo ser más saludable y de tener una vida “más feliz”.

De lunes a viernes nos quejamos de la crisis económica, de los políticos, de las deudas, del desempleo de la inseguridad en las calles y de un sinfín de problemas que nos aquejan, que no son pocos, sin embargo, el fin de semana, nos olvidamos de la precariedad y acabamos los pocos dólares en el relax y el consumismo, bajo la premisa de “nos lo merecemos”. El lunes, nuevamente retomaremos la retórica de la moralidad, la ética, el buen comportamiento, del ahorro y de entrenar con más énfasis.

Muchos nos preguntaremos entonces ¿Para qué vivir si no vamos a disfrutar los placeres de la vida? Es la gran paradoja que la Filosofía, nos asiste con el análisis del pensamiento y del entorno en el que vivimos. Pasar de ese pensamiento primitivo de satisfacer las necesidades básicas como un acto imperativo, al pensamiento más racional y sensato. Discernir lo bueno y lo perfecto. Lo malo ya lo conocemos, el sentido común no necesita demasiado esfuerzo.

La ansiedad, el estrés y la depresión son el producto de este desgaste emocional al que nos ha arrojado el sistema y nuestro apego desmedido a aquel. La excesiva preocupación por el futuro en este sistema precarizador, a jóvenes y viejos nos tiene sumidos en la ansiedad, más aún cuando no hay garantía alguna, ni de ningún ente social ni gubernamental. Las obligaciones de adultos comprometidos nos generan estrés. La idea del fracaso ha deprimido a más de uno.

Ese es el contexto, por aunarnos a la mayoría, estamos desgastados por satisfacer las necesidades del cuerpo, que no son pocas, ni infravaloras, sino mal enfocadas y por ende mal satisfechas. El estoicismo nos ayuda a esto. A descubrir el verdadero sentido de la vida a través de práctica de la virtud en todos y cada uno de los actos que el ser humano vive y realiza, aunque sea pequeños o insignificantes. Urge aprender a discernir, por qué nos suceden las cosas. Urge aprender a discernir los tiempos y acontecimientos que vivimos.

Para terminar, cierro con otro célebre pensamiento del gran Epicteto: “Ante cualquier situación que puede sobrevenirte, recuerda volverte hacia ti mismo y preguntarte con que poder cuentas para afrontarla. Si ves a un hombre o una mujer hermosos, descubrirás que el poder frente a eso es la continencia. Si se te presenta alguna dificultad, hallarás la perseverancia. Si se trata de un agravio, hallarás la tolerancia. Así, cuando te hayas acostumbrado a esto, no te verás arrastrado por tus representaciones”

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