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Quiéreme trans

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Imagen destacada Gabriela Vivanco Collantes
Imagen destacada Gabriela Vivanco Collantes

“Yo nací diferente, y eso es lo más normal del mundo”

Jorge Parada

Hace pocos días, una organización presentó una propuesta de Ley para la inclusión laboral trans en Ecuador, cuyo objetivo es que las empresas contraten a personas trans, en un porcentaje igual al 1% del total de sus empleados.

Si bien no existen cifras actualizadas sobre su acceso a educación o trabajo, extraoficialmente conocemos que las personas trans no acceden con facilidad a estos espacios, debido al estigma que la sociedad ha creado sobre ellos y a la discriminación de la que son víctimas.

Por ello, cada 31 de marzo se celebra el día de la visibilidad trans, como parte de una lucha interminable para comprender que sus vidas importan, incluso si muchos, buscan anular o disminuir su presencia.

Algo que debería provocarnos rabia e indignación es que un grupo de personas sea discriminado de tal manera, que no pueda culminar sus estudios o acceder a un trabajo digno, ni a servicios de salud adecuados.

Los casos de discriminación hacia la población trans ahondan nuestras diferencias, colocándonos como mejores, sin distinguir que las personas cisgénero tenemos más oportunidades en todo ámbito.

Las exclusiones y discriminación comienzan a muy temprana edad, cuando al mostrarse como son, muchos de ellos son expulsados de sus hogares y deciden abandonar sus estudios por los malos tratos que reciben.

Y ustedes seguramente están pensando: “el bullying nos pasa a todos”, y puede ser, pero no solo me refiero al bullying -cuyos efectos son devastadores en las vidas de niños y adolescentes-, estoy hablando de actos sin nombre, humillaciones y maltratos, que denigran a las personas trans.

Por ello, buscan diferentes maneras de ganarse la vida, como la prostitución, y no se trata de una decisión que toman por simple comodidad, sino, porque no tenían más opciones, nadie los acompañó para que terminen sus estudios, ni estuvo a su lado para decirles que eventualmente, todo pasa.

Esto no solo sucede en instituciones educativas, también en cafeterías, restaurantes y oficinas, producto del desconocimiento sobre quiénes son. Tan fácil sería, que nos expliquen desde niños que somos iguales, aunque nos veamos diferente.

Pero esto va más allá de nuestras sociedades, me pregunto: ¿qué hacen las autoridades? ¿qué planes de política pública pretenden implementar a futuro para proteger las vidas trans, para ayudarles a sostener sus vidas y cumplir sus metas?

Cómo piensan cuidar las infancias trans, ¿a cuántos docentes han sensibilizado?, ¿cuántas unidades educativas han clausurado por discriminar? Espero que la respuesta no sea cero, pero en el fondo, sé que estoy equivocada.

Precisamente por la falta de garantías de nuestra institucionalidad, las luchas que se han gestado desde las familias y sociedad civil impactan en la búsqueda de la igualdad de condiciones y respeto a sus derechos.   

Unos años atrás, la historia de Amada nos hizo reflexionar sobre la inmensa diversidad que nos rodea; ella y su familia iniciaron una lucha que representa a la niñez trans en nuestro país, para reconocer su derecho a la identidad.

Mucho antes, en 2009, Estrellita Estévez, mujer y activista trans consiguió el cambio de sexo en su cédula, el proceso no fue nada sencillo por las trabas del sistema y el desconocimiento de un aparataje estatal, que sigue sin comprender que tenemos los mismos derechos.

Su lucha y tenacidad también sientan un precedente, luego de que hace unos días, un Tribunal de la Sala Civil de la Corte de Pichincha, adoptó una decisión favorable dentro de su caso, ordenando al Ministerio de Salud Pública, realizar la cirugía de retiro de prótesis y colocar otras.  

Así, de a poco parece que, a partir de diversas luchas, los avances en materia de derechos humanos se sienten. Pero, más allá de lo que dice la norma y la teoría, es preciso generar cambios profundos en las personas.

Entender nuestras diferencias, pero sobre todo respetarlas, no sucede de la noche a la mañana, sensibilizar en nuestros entornos sería un primer paso.

Los cambios empiezan por comprender que lo diferente a mí (a nosotros) no es malo, es una oportunidad para mirar desde otra perspectiva a quienes parecen muy diferentes, aunque cuando los conoces, en realidad no lo son tanto.

Cambiemos el discurso, mejoremos las herramientas, cambiar no es tan difícil cuando te lo propones. Pero si al final, cambiar no es lo tuyo, entonces aprende a respetarles, porque no es tu vida, es la vida de alguien más que decidió mostrarse como es, con miedo o no, es más valiente de lo que imaginan.

Hacerlos visibles es un compromiso de todos, de quienes convivimos con ellos y ellas, de quienes compartimos nuestro tiempo y experiencias de vida, de quienes buscamos un mundo más justo para todxs.

Tómate un minuto para pensar en lo difícil que son sus vidas, y deja de hacerlas más complicadas.

¡Aprende, comprende, acepta!

Nota aclaratoria: este artículo no promueve un lenguaje sexista y está de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo. Pero no utiliza los pronombres el/la los/las o les, para evitar posibles confusiones.

Referencias:

El Comercio. (23 de marzo de 2022). Dayris Estrella, la primera persona trans en cambiar su sexo en la cédula, obtuvo otro logro judicial. https://www.elcomercio.com/actualidad/seguridad/dayris-estrella-trans-logro-judicial.html

Gk. (5 de septiembre de 2021). La pelea por unos implantes de senos que es una pelea por derechos. https:e//gk.city/2021/09/05/senos-imp

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La vida y la paz. Conflicto en Ucrania

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Napoleón Saltos
Napoleón Saltos

Quito, 16 de marzo de 2022

Las preguntas

La tarea fundamental actual es defender la vida y la paz en el mundo. Un primer paso es tratar de entender las raíces y las causas de la violencia y las guerras. La pregunta no es solo por qué se da esta guerra, sino cómo construir una cultura de paz, una corriente de países y pueblos no alineados, que abra un camino de desarme universal, de resolución política de los conflictos y de paz para todos los pueblos.

En las guerras, la verdad es sustituida por la postverdad, la propaganda y la contrapropaganda, ampliadas en la actualidad por las redes virtuales y las estrategias de biopoder y de control de la opinión pública. Estamos sometidos a una guerra global mediática y de información de alta intensidad, como parte de una lucha cultural más amplia.

No se trata sólo del cerco informático a Rusia, la censura inquisitorial de todos los medios del enemigo y el desate de un ambiente macartista de rusofobia, sino un ataque al derecho de la humanidad a la información y la imposición del pensamiento único. El poder global nos impone temas unilaterales que recubren y ocultan los otros problemas de fondo. Hasta el 24 de febrero, el bombardeo mediático giraba en torno a la pandemia del COVID19; sorprendentemente, el tema ha desaparecido de las pantallas globales; CNN, BBC, Facebook, Google, YouTube, las redes sociales, los noticiarios, los análisis, ahora están copados con el nuevo tema único: la invasión rusa a Ucrania.

Se ocultan las otras guerras e invasiones imperiales de la OTAN y Estados Unidos, en Palestina, en Yemen, en Siria. Desaparecen los problemas que emergieron en la pandemia, el cambio climático: nos olvidamos que tenemos un plazo irreversible hasta el 2030 para poder restablecer equilibrios básicos en la relación con la madre naturaleza. Nos olvidamos de la desigualdad de un mundo de abundancia y exceso del 1% que concentra la riqueza, y que ahora seguirán aumentando su riqueza obscena en el negocio de la guerra, el negocio armamentista, frente al mundo del empobrecimiento y de los desechables. Y se impone un alineamiento único ante el enemigo común.

Esta es la primera batalla que debemos enfrentar, si queremos avanzar hacia una política de paz; defender nuestro derecho a tener acceso a la información necesaria, de diversas fuentes, para tratar de establecer la realidad. Desmontar el fetichismo de la guerra, la naturalización del conflicto, la inevitabilidad de la conflagración. Una de las variantes del fetichismo del poder es la construcción de un espacio binario amigo-enemigo, sin posibilidad de alternativas.

El tratamiento del conflicto entre actores estáticos, esencias que se mueven unilateralmente, desconociendo tanto los complejos procesos internos como las relaciones del contexto internacional, las sucesivas formaciones de constelaciones de poder y de sentido. La forma extrema es reducir el tema a las figuras dominantes, la imagen de Putin frente a la imagen de Zelensky, para ensalzarla o demonizarla. La propaganda bélica de cada bando juega en esta dinámica.

Para un análisis objetivo, el primer resguardo es superar la parcialidad de las fuentes, contrastar los hechos, las informaciones, las opiniones. Aunque nos enfrentamos con una dificultad estructurada por el poder global: los cercos informáticos de los poderes mundiales, el bloqueo de la información por el dominio del poder mundial de los grandes medios y de las redes sociales, la segurización de la información y los alineamientos bajo definiciones estructuradas a priori.

La guía es compartir del dolor de los pueblos que son las víctimas de las guerras, sentar la defensa de la paz y de la vida como principio ético-político rector.

Raíz ontológica

Como dice Natalia Sierra, hay una raíz ontológica de oposición entre las pulsiones de muerte y las pulsiones de vida.[1] La tendencia a la destrucción y conquista del otro se ha impuesto como la fuente de realización y triunfo en la modernidad occidental, bajo una triple dominación capitalista-colonial-patriarcal. Se expanden las violencias contra la madre-naturaleza, contra los trabajadores, contra los pueblos, contra las mujeres, contra la vida. Sin una respuesta que recupere el sentido sagrado de la vida de todos los seres, la fuerza de la comunidad y la colaboración, la capacidad de escuchar al otro y de reconocer en la diferencia la complementariedad, no hay salida a la cultura de muerte y violencia.    

La guerra se ha convertido en el camino sin salida de las disputas del poder mundial. Ya no existe la justificación ideológica de los tiempos de la Primera Guerra Fría por la presencia dela URSS. Ucrania es el tablero de las batallas geopolíticas entre la alianza anglosajona, encabezada por Estados Unidos y Gran Bretaña, y la alianza euroasiática en ascenso, establecida entre China y Rusia. El trasfondo es la crisis de la hegemonía unilateral de los Estados Unidos impuesta a raíz de la implosión de la URSS. La decadencia de los imperios y el surgimiento de nuevas potencias en la historia se han dirimido a través de guerras prolongadas. ¿Cómo superar las tendencias históricas?

Hoy la mirada está centrada en el conflicto en Ucrania, pero el mundo está atravesado por conflictos armados olvidados: en Siria, en Yemen, en Camerún, en Libia, en Irak y, sobre todo, en Palestina, con miles de víctimas de los pueblos. Se presentan otras formas de enfrentamientos y violencias, los muros de cerco contra los pueblos y los migrantes, las violencias contra las mujeres y la madre naturaleza. La guerra no se reduce sólo al conflicto armado, hoy todavía circunscrito al territorio de Ucrania, estamos en medio de una guerra mundial atravesada por guerras comerciales, guerras financieras, guerras de la información, guerras tecnológicas.

La raíz histórica

Un camino para entender el actual conflicto es recuperar el tiempo largo, para ver las tareas inconclusas de la humanidad y las fisuras en donde puede brotar la nueva flor. Una raíz del conflicto está en la historia de las relaciones entre Rusia y Ucrania.

Tenemos que regresar al punto de origen, a la alianza en el año 910 entre una parte de los vikingos, los Varegos, que iban desde Occidente, desde Suecia, hacia Bizancio, y se encontraron con los pueblos eslavos que venían desde la gran estepa, la tribu de los Rus. Allí nace la Rusia de Kiev, como una alianza pacífica, en que cada uno aporta para un nuevo proceso: los vikingos una forma más moderna de administración y los eslavos, el sentido comunitario de los pueblos. Una alianza que se amplía al acuerdo con la Iglesia cristiana ortodoxa. La invasión mongol en 1236 destruye las bases de la Rusia de Kiev, por lo cual se desplaza a una nueva capital, Moscú.

Cuando se constituye el Imperio Ruso, con la dinastía de los Romanov, a inicios del siglo XVII, empieza el dominio sobre los otros países. Se amplía la expansión, primero hacia el Báltico, bajo Pedro El Grande, con el dominio sobre los reinos de Letonia, Estonia, Finlandia, y derrotan a Suecia. Se impone la política de la rusificación de los pueblos conquistados. Catalina expande el Imperio hacia el Mar Negro, incluido el dominio sobre Ucrania. Los dos Alejandros expanden el Imperio hacia Asia. Cuando Bizancio cae, Rusia se convierte en depositario de los restos culturales y religiosos. Con los dos Nicolás, el Imperio zarista está constituido. La Primera Guerra Mundial es el marco de la crisis del Imperio Zarista y de la Revolución de Octubre.

Al comenzar el siglo XX, Ucrania pasa por un breve tiempo de búsqueda de constitución de un Estado moderno. Con el triunfo de la Revolución Bolchevique, la historia de Ucrania se entrecruza con este proceso. La constitución de Ucrania como república se asienta en la política de Lenin para la instauración de la URSS; pero el proceso de formación del Estado-nacional ucraniano no concluye, lo que se refleja en la indefinición de los límites territoriales.

En las 15 repúblicas que integran la URSS, conviven varias Rusias, entre las cuales está la Rusia original, blanca-eslava, integrada por Rusia, Ucrania y Bielorrusia. El problema de la igualdad entre las naciones se convirtió en un tema clave para el nuevo gobierno. Stalin planteó un modelo de Federación de Repúblicas Socialistas, con un centro fuerte, la Gran Rusia heredada del zarismo, bajo el dominio del partido.

Lenin logró que se establezca la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, basada en la igualdad. Con el dominio del estalinismo se impuso la política de subordinación y rusificación, bajo el modelo del socialismo en un solo país, al margen del internacionalismo, y con historias dolorosas, como el holodomor entre 1928 y 1933, que desembocó en la hambruna y la muerte de miles de ucranianos.

La URSS enfrenta y derrota al nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Rusia y Ucrania comparten el mayor sacrificio. En el lado oeste de Ucrania se dio el apoyo de diversos sectores al nazismo, lo que quedó como una herida sin sanación. El reparto del mundo después de la Segunda Guerra  da paso al dominio soviético en las repúblicas circundantes,  con problemas, resistencias y estallidos, como los casos de Hungría y Polonia, los mismos que irán creciendo; éste será uno de los factores para la implosión de la URSS.

Cuando se disuelve la URSS, Gorbachov plantea una reforma económica de incorporación al capitalismo y una política de desarme global. El Golpe de Boris Yeltsin consolida el control de los grandes capitales mafiosos en Rusia e impulsa una política orientada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para desmantelar el control del Estado. Yeltsin conforma la Federación de Repúblicas Independientes, integrada por Rusia, Ucrania y Bielorrusia, con lo cual reconoce la independencia de los otros países.

Ucrania entra en un proceso complejo por su ubicación estratégica como bisagra geopolítica-geoeconómica entre Occidente y Oriente, sobre todo en el comercio de hidrocarburos y materias primas fundamentales; y también por su composición interna, pluriétnica, el noroccidente predominantemente con una cultura ucraniana, mirando hacia Europa y con contaminaciones pro-nazis, y el suroriente marcado por una cultura rusa, mirando hacia Rusia.

El problema se agudiza con el Golpe del Maidán en 2014 que derroca a un gobierno pro ruso e instaura un gobierno que plantea la incorporación a la Unión Europea y a la OTAN. En respuesta, Crimea se reincorpora a Rusia y el Donbass proclama su autonomía. Allí se trazan las líneas rojas desde los planes de seguridad de Rusia. Y también se abre una guerra civil entre el Gobierno de Kiev y las repúblicas de Donetsk y Lugansk.  

Los Acuerdos de Minks firmados en 2014 y 2015, abren un cauce de solución, para poner fin a la guerra civil, Ucrania se compromete a reconocer la autonomía del Donbass y a no atacarlo. Por un tiempo Rusia respalda una salida federada, que garantice la unidad de Ucrania y la soberanía del Donbass; y al mismo tiempo demanda la neutralidad de Ucrania, el no ingreso a la OTAN, para evitar la instalación de bases nucleares que amenacen el territorio ruso.

La guerra civil oculta cobra 14 mil víctimas mortales, mientras el Gobierno de Kiev insiste en el ingreso a la OTAN. Queda descartada la salida de una especie de Estado plurinacional dentro de Ucrania, que logre la unidad en la diversidad. Esa será la chispa o el argumento del Gobierno de Putin para iniciar la invasión.

Esta cuestión no es privativa del caso ucraniano, se presenta bajo diferentes formas en los estados con presencia plurinacional. En Estados Unidos, la Guerra de secesión terminó con el triunfo del Norte y las tesis federalistas, que reconocen la integración de los Estados, con un centro, pero con soberanías de cada Estado, mediante un sistema electoral indirecto de cuotas. Actualmente, este ordenamiento está bajo asedio y es uno de los factores de confrontación que puede amenazar la integración de los “Estados Unidos de América”.

Tampoco la Unión Europea ha logrado resolver esta cuestión, se mueve entre la disputa y el dominio de centros fuertes, sobre todo entre Alemania, Francia y Gran Bretaña, y el funcionamiento periférico de los Estados menores. Esta situación y la dependencia del poder americano son el fundamento de la debilidad de la UE, un gigante económico y un enano político. El Bréxit es uno de los capítulos inconclusos de este problema.[2]

La raíz geopolítica

En el actual conflicto de Ucrania se confrontan dos estrategias imperiales: el cerco de la OTAN contra Rusia y la invasión de Rusia contra Ucrania. Estamos en un escenario de crisis de la hegemonía norteamericana, el largo siglo XX empieza a cerrarse con la crisis de los sistemas que imperaron, la implosión de la URSS y la decadencia prolongada de Estados Unidos, la misma que tiene su signo en la derrota de Kabul y en la amenaza de un estado larvado de guerra civil interna.

El conflicto envuelve varios escenarios y niveles, como en un juego de matrioskas: el Gobierno de Kiev ataca a los pueblos de Donbass, el Imperio Ruso ataca a Ucrania, el Imperio norteamericano en alianza con Gran Bretaña y el sometimiento de Europa expande la OTAN e impone sanciones económicas en un cerco contra Rusia; la confrontación global entre el eje anglosajón y el eje euroasiático arrastra a la humanidad al riesgo de una guerra mundial.

En estos enfrentamientos, la humanidad y los pueblos de Ucrania y de Rusia son los afectados. La defensa de la paz implica exigir a los dos lados deponer la política de guerra, desescalar el conflicto y abrir las puertas a las negociaciones y las salidas políticas en Ucrania. Al mismo tiempo hay que superar el doble rasero de silencio ante las otras guerras olvidadas; y respaldar a los movimientos y pueblos que se defienden de las agresiones imperiales: la paz o es mundial, o no se puede consolidar.

Hay momentos decisivos que los poderes mundiales han desaprovechado para sentar las bases de una cultura mundial de paz. Después de la caída del Muro y la disolución de la URSS, concluye el Pacto de Varsovia, con lo cual era posible y necesario disolver también la OTAN, pues ya no tenía justificación. Se inicia un breve lapso de desarme mundial. Hay un acuerdo verbal para que la OTAN no se expanda hacia oriente, al área de influencia de Rusia. La euforia del triunfo y la proclamación de fin de la historia llevaron al poder norteamericano a expandir la OTAN hacia los ex-países socialistas, como un muro para impedir la unificación de Europa en acuerdos de colaboración también con Rusia, y mantener sometida a Europa a la estrategia de una larvada Guerra Fría, que nunca concluyó.

En 1994 se firma el Documento de Budapest, por el cual Ucrania entrega a Rusia el tercer arsenal nuclear más grande del mundo, con la condición de que nunca vaya a ser invadida. En 2014-2015 se firman los Acuerdos de Minks, Ucrania se compromete a reconocer la autonomía del Donbass y parar los ataques. No se cumplen los acuerdos ni por Rusia ni por Ucrania.

La reconstitución del proyecto de la Gran Rusia y la recuperación del poder sobre todo militar de Rusia bajo la dirección de Putin a partir de 2001, altera el dominio geopolítico en Europa y es vista por Estados Unidos como una amenaza creciente. La Rusia de Putin empieza por asegurar el dominio de las regiones en conflicto, en Georgia y sobre todo en Chechenia, mediante soluciones bélicas.

Termina construyéndose una trampa en torno a líneas rojas para la seguridad de cada lado, hasta el estallido del conflicto en Ucrania. Cada bando tiene su relato para la justificación de la guerra. Ningún argumento basado en la amenaza bélica es válido. La pregunta clave ¿era posible evitar esta guerra? Debe ser respondida afirmativamente, bajo una condición, la renuncia a las estrategias imperiales.

Las batallas económicas

En el fundamento de las guerras geopolíticas están las batallas geoeconómicas. La disputa central es el control del monopolio de distribución de los recursos energéticos en Europa. El signo está en los negocios del hijo del presidente Biden, como presidente de Burisma (entre 2014 y 2019, una de las principales compañías de gas de Ucrania).

Europa depende en alrededor del 40% del gas y el petróleo rusos, así como de la provisión de alimentos y minerales claves. Rusia ha buscado consolidar la alianza energética con Alemania a través del gasoducto Stream2 que está listo, pero ahora se encuentran suspendidos los permisos operativos. De su lado, Estados Unidos ha buscado entrar como exportador, y apunta a desplazar la dependencia de Rusia, mediante la diversificación de proveedores.

La batalla económica principal está en el control del monopolio financiero, en primera línea está la amenaza contra el dólar como patrón monetario en el comercio mundial. Estados Unidos ha enarbolado el SWIFT como el arma estratégica para el cerco económico a Rusia; sin embargo, en la práctica no ha logrado cumplir sino un cerco parcial, pues hay canales abiertos para la continuidad de la distribución petrolera y de gas.

El capital se mueve por encima de las fronteras nacionales y por debajo de las leyes, el capital profundo que linda con formas criminales. Rusia se preparó al cerco económico con la creación del propio sistema de operaciones financieras, con desconexiones progresivas del control europeo, con la acumulación de reservas en oro, y el acercamiento hacia la economía china y al sistema internacional de transferencias bancarias chino, CIPS. El cerco económico irá escalando, con costos no sólo para el gobierno, sino para el pueblo ruso, pero también contra la economía europea y con impactos en la economía mundial.

Ningún país puede escapar a las secuelas, también Ecuador siente los impactos económicos al cerrarse los mercados de exportación de banano, camarón, flores hacia Rusia y Ucrania, restringirse la importación de insumos sobre todo para la agricultura, y entrar en la alteración del mercado petrolero con subidas de los precios tanto del crudo como de sus derivados. Las secuelas económicas se traducirán en problemas sociales con nuevas oleadas de despidos de trabajadores en las áreas afectadas.

Las sanciones económicas a Rusia refuerzan el desplazamiento de la economía rusa hacia el eje euroasiático; uno de los signos es el nuevo contrato que firmó la empresa Gazprom para la construcción del gasoducto Soyuz-Vostok, para proveer de gas a China.

El monopolio de las armas nucleares

En el conflicto de Ucrania entra en juego la disputa por el monopolio de las armas nucleares y de las armas de destrucción masiva, como las armas biológicas. No se trata sólo de la carrera armamentista por el número. El Tratado para la prohibición de la proliferación de armas nucleares entró en vigor el 22 de enero de 2021. Sin embargo, Estados Unidos, el Reino Unido, Rusia, China y Francia (las cinco potencias nucleares) y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU no han firmado el acuerdo. Está en juego no sólo la cantidad, sino también la ubicación y potencial ventaja en la amenaza contra el enemigo.

Otra vez, como en la Primera Guerra Fría, regresamos al borde de la extinción de la humanidad bajo la amenaza del holocausto nuclear. Ucrania tiene la capacidad tecnológica suficiente para producir sus propias armas nucleares; y el ingreso a la OTAN implicaría reforzar esa capacidad, son graves repercusiones a la estabilidad de la región. Rusia ha reforzado su poderío militar, sobre todo con la producción de nuevos tipos de armas nucleares. La lucha por el desarme global, la ratificación del Tratado para la prohibición de la proliferación de armas nucleares por parte de las potencias nucleares, es una condición para un mundo de paz.

La raíz civilizatoria

Con ello, llegamos a un punto estructural. El problema geopolítico se amplía a la presencia de China, como nueva potencia en ascenso, con proyectos de expansión global, como la Ruta de la Seda. Dentro de la lógica del capitalismo mundial no hay espacio para una paz de convivencia de dos ejes de poder, la tendencia apunta a la agudización del conflicto.

La confrontación geopolítica tiene una raíz civilizatoria. Otra vez estamos al borde de una nueva barbarie para la humanidad. A las tribulaciones de la pandemia ahora se suman los dolores de las guerras que han llegado a las puertas de Europa y por ello se han hecho visibles; nuevamente, la política amigo-enemigo, la exclusión y condena al otro se han impuesto sobre la necesidad de la paz y la colaboración.

La guerra en Ucrania tiende a prolongarse con el riesgo de un escalamiento de la deshumanización en todos los terrenos: carreras armamentistas, migraciones y desplazamientos de poblaciones, muertes y guerras, cercos económicos y hambre contra los pueblos, hasta el borde de la amenaza de una guerra nuclear que desaparecería a la humanidad. Mientras más se dilata más dolor afectará a los pueblos.

También hay ganadores crueles que medran de la muerte: los mercaderes de la guerra ven con satisfacción la carrera armamentista que se desata sobre todo en Europa; los monopolios hidrocarburíferos de Estados Unidos, después de perder el control del petróleo de Medio Oriente a raíz de la derrota de Afganistán y de la retirada de Irak, buscan controlar el negocio en Europa. Los capitales especulativos financieros buscan apropiarse de las empresas amenazadas con quiebras tanto en Rusia como en Europa. China se mantiene a la expectativa, en un acercamiento condicionado a Rusia, pues sabe que la batalla es con el eje anglosajón, encabezado por la alianza Estados Unidos-Inglaterra.

No se trata sólo de la transición de un ciclo de hegemonía dominado por el eje anglosajón hacia un nuevo orden hegemónico multilateral, con presencia del eje euroasiático; sino también de una transición civilizatoria. Como decía Marx, un sistema desaparece sólo cuando ha agotado todas sus posibilidades. Estamos asistiendo al copamiento del capitalismo en todos los espacios, la pugna entre los ejes se da dentro de la reproducción ampliada del capitalismo global, bajo sus formas extremas, no hay coberturas ideológicas.

Todavía hay un tiempo largo de agitaciones entre las salidas unilaterales impulsadas por las viejas potencias y el multilateralismo que se impone bajo la nueva realidad, como bandera de las potencias en ascenso. El capítulo de Ucrania se presenta como un momento de un trazado de nuevas fronteras económicas y geopolíticas, para desembocar en una paz basada en la disuasión nuclear más que en la colaboración, en las concentraciones y centralizaciones de capitales sobre todo financieros y rentista, ya no sólo por encima de los Estados-nacionales, sino también de los bloques hegemónicos. Esa tendencia la encarna de manera más eficiente la estrategia de la Ruta de la Seda que la expansión geopolítica-militar impresa por Occidente.

Los límites estructurales del sistema se desplazan a un nuevo terreno: al choque del modo de vida capitalista con el ritmo de la madre-naturaleza, que se expresa como los retos del cambio climático y la amenaza de nuevas pandemias; al rebosamiento de la desigualdad social con niveles irracionales, especulativos y criminales de concentración y centralización de la riqueza, y nueva formas de exclusión y empobrecimiento, que se expresa como una nueva división entre el amurallamiento del obsceno mundo de la abundancia y el exceso, ante el mundo excedente de la exclusión; a la exacerbación de todas las violencias y la sobreexplotación contra la Madre-naturaleza, las trabajadores, los pueblos originarios, las mujeres, las guerras integrales-híbridas; a la saturación del control y disciplinamiento de la sociedad para expropiarle el alma en las diversas prácticas, un postnarcisismo que vacíe la posibilidad del goce humano en comunidad.  

Las posibilidades antisistémicas se mueven todavía subterráneamente como conciencias y demandas por la paz, por la comunidad, por la armonía con la naturaleza, como semillas que encarnan un mundo diferente, postcapitalista, postcolonial, postpatriarcal.

Nuestra América

Nuestra América tiene la posibilidad de impulsar una política de no-alineamiento y de paz:

  • Oponernos a las guerras de ocupación y sometimiento de los pueblos en el mundo. Reafirmarnos en el principio de la autodeterminación de los pueblos, y en el derecho a la vida y la paz para todos, sin exclusiones. Solidarizarnos con los pueblos de Ucrania y de Rusia, con los desplazados, respaldar a los movimientos por la paz dentro de Ucrania y de Rusia.
  • Oponernos a la invasión de Ucrania y exigir una salida política que garantice la soberanía de Ucrania, la seguridad y la paz de los países en conflicto; apoyar el carácter neutral de Ucrania y la no instalación de bases militares extranjeras y armas nucleares. Demandar el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk, el respeto a los derechos y a la paz de los pueblos del Donbass.
  • Exigir la disolución de la OTAN, el cese de la expansión en Europa y en el mundo. Oponernos a la contaminación en nuestro continente con la declaración de Colombia como aliado principal no OTAN por el Gobierno de Biden.
  • Impulsar la lucha por el desarme mundial y la suscripción sobre todo por Estados Unidos, Rusia y China de los Tratados contra la expansión armamentista nuclear y biológica.
  • Defender la libertad de información en el mundo, rechazar la dictadura mediática de las transnacionales informáticas para imponer el pensamiento único, condenar la rusofobia.  
  • Solidarizarnos con las luchas de los pueblos por su liberación, empezando por el Pueblo Palestino y Yemen; exigir el cese de las agresiones imperiales en el mundo.
  • Impulsar la comunidad de paz y fraternidad en el mundo, como nueva forma de relación y vida de los pueblos. Reforma profunda de democratización de la ONU para que actúe como espacio de relaciones multilaterales para la solución pacífica de los conflictos.

La raíz comunitaria de los pueblos originarios, las prácticas del cuidado de la vida de las mujeres, las memorias de las luchas libertarias en nuestra América pueden ser la semilla para el cambio civilizatorio que requiere la humanidad, hacia un mundo en paz.

Este conflicto es un punto de inflexión en el orden mundial. Los conflictos no tienen solución en el actual (des)orden mundial y en el marco de una modernidad que se basa en la negación y dominio del otro y de la Madre-naturaleza. La defensa de la paz implica enfrentar el dominio capitalista-colonial e impulsar acuerdos sobre los temas civilizatorios, empezando por la defensa de la vida, de la paz mundial, de la casa común y los bienes comunes de la humanidad.


[1] Para desmontar el fetichismo de la guerra, es necesario abordar un debate filosófico-político sobre el sentido de la violencia y la guerra. Varias pistas: el paso heideggeriano de la visión óntica de la violencia como el punto de apretura del ser, el ente, la respuesta ante el nihilismo y la decadencia de la modernidad para empezar una nueva era; a una visión en donde la violencia es la afirmación de la racionalidad calculadora y, por tanto, la negación del ser, pues tiene el carácter de aseguramiento del poder, en donde el rasgo distintivo del poder es que necesita poder, pues entiende el ser como voluntad. Y desde allí la conexión con el principio de que la guerra, la forma extrema de violencia, es la continuación de la política por otros medios; a través del cual es posible una relectura de la tesis marxista de la lucha de clases como partera y motor de la historia, no en tanto proclamación de la capacidad transformadora de la realidad social, sino como la caracterización de un tiempo que debe ser superado. Pasar por Levinas, para reconocer y sentir en el otro la invocación del ser, responder al llamado del Otro, la ética antes del ser, una humanidad convocada a la bondad.

[2] También en nuestro país éste es un problema pendiente, a pesar del reconocimiento constitucional del carácter plurinacional del Estado. Los conflictos aparecen en los puntos de superposición de soberanías, como en el caso de los proyectos extractivistas que invaden los territorios comunales.

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Reseña del libro colectivo Letras Rebeldes 1

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Imagen destacada Fernando Endara
Fernando Endara escritor de La Disputa

El canon literario de un país, una región, una época o un estilo se construye con los criterios y la aprobación política e ideológica de la crítica literaria que compone el contexto social de producción, recepción, consumo y circulación de las obras artísticas.

En palabras sencilla, el poder se despliega a través de las personas y los medios involucrados en asuntos literarios para crear un canon y a su vez, adherir, restar, restaurar, aumentar, disminuir o quitar autores. El canon literario ecuatoriano es una construcción política que ilumina o ensombrece escritores, que destaca aspectos y oculta otros, que se configuró en torno a la idea de nación y que se reconfigura cada tanto con base en nuevas perspectivas, debates y/o presiones políticas.

Es normal entonces que existan escritores olvidados por la crítica y el canon, por desconocimiento a veces, u omitidos con alevosía por su forma de pensar, vivir o escribir. Es por eso que, la Editorial Efecto Alquimia publicó en 2020 en formato digital el libro colectivo: “Letras Rebeldes 1”, cuyos ejemplares físicos fueron entregados a sus autores y a diversas bibliotecas, periodistas, estudiosos e investigadores del país. Un libro que consta de 6 ensayos biográficos, que abarcan la vida y la obra de autores de las letras ecuatorianas que, en la coyuntura de la política y la Literatura, fueron silenciados o borrados del canon. Revisemos las propuestas analíticas:

Marietta de Veintimilla, Una singular mujer en la encrucijada de lo conservador y lo liberal

El libro comienza con el trabajo de la estudiosa de la Literatura Ecuatoriana, gestora de la obra y de la editorial, Ximena de los Ángeles Flores, titulado: “Marietta de Veintimilla, Una singular mujer en la encrucijada de lo conservador y lo liberal”, un ensayo que reflexiona sobre lo poco que se ha escrito o difundido sobre las mujeres escritoras de inicios de la república, y recupera, la inmensa talla de “La Generalita”, Marietta de Veintimilla, sobrina del presidente Ignacio de Veintimilla.

Para nadie es un secreto que Marietta controlaba los hilos del gobierno de su tío, fungiendo como primera dama y consejera, combinando la vida privada con la administración estatal, confrontando adversarios y aduladores en las intrigas políticas de los conservadores y liberales. La Historia Ecuatoriana grafica al gobierno de Veintimilla como un periodo de desaciertos, de despilfarro y corrupción; lo que culminó en el destierro del presidente, sus partidarios y su familia.

Desde el exilio de Lima, Marietta publicó “Paginas ecuatorianas” en 1890 bajo el sello de la imprenta Liberal de F. Macías y Ca, provocando un sinnúmero de comentarios polémicos y controvertidos. La obra es una historia novelada de algunos episodios políticos de los que fue protagonista, en donde combinó lo privado y lo público, y atacó a varios de sus enemigos. Estos contrincantes, encumbrados en el poder del gobierno ecuatoriano, denostaron, embistieron, silenciaron y olvidaron la obra, excluyéndola del canon. Su valor literario e histórico constituye en que, por primera vez, una mujer escribió y publicó una obra con alto contenido político, un terreno casi vedado a las mujeres de su época.

Ironía y testimonio en periodismo de combate: Sergio Núñez y su semanario Fantoches

A continuación, aparece el texto: “Ironía y testimonio en periodismo de combate: Sergio Núñez y su semanario Fantoches”, escrito por Fabián Núñez Baquero. Un ensayo que recoge la memoria incorruptible de Sergio Núñez Santamaría, hábil periodista crítico que denunció, a través del humor y la burla, las diversas ranuras y traiciones del partido socialista.

Durante las décadas del 30 y el 40 del Siglo XX, surgieron una serie de excelentes narradores afines al partido y a las ideas socialistas, que desplegaron su compromiso con los pueblos a través de una Literatura de realismo social. Sin embargo, al poco tiempo estos ideales fueron fagocitados por la política y la corrupción degenerando los partidos de izquierda que, encaramados en las esferas artísticas y literarias, mantuvieron su hegemonía cultural incidiendo en la producción, recepción y circulación de obras literarias.

En ese sentido, fueron varios los escritores que se alejaron de los centros intelectuales socialistas o del ámbito de influencia de la recién creada Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión” y que, por tanto, quedaron al margen del canon, de la exposición y casi de la Historia. Entre los apartados sobresalió Sergio Núñez Santamaría, escritor comprometido con los ideales socialistas que, al verlos traicionados, se convirtió en un ferviente crítico de los partidos de la izquierda ecuatoriana y de su órgano cultural adjunto: la “Casa de la Puericultura”.

Con un sentido del humor irónico, pícaro y elegante, sus textos periodísticos, publicados durante la segunda mitad de los 40s en el semanario Fantoches, se convirtieron en material inflamable para incendiar a sus rivales políticos y literarios.

José de la Cuadra, el enunciador del montubio ecuatoriano

El tercer texto se ilumina con la insigne figura de: “José de la Cuadra, el enunciador del montuvio ecuatoriano”. Francis Mieles nos ofrece un excelente trabajo de corte académico que reflexiona sobre el contexto histórico y humano de la obra del guayaquileño.

En efecto, el ensayo de Mieles se detiene en uno de los tópicos más interesantes de la Literatura Ecuatoriana: José de la Cuadra como precursor del realismo mágico, puesto que combina una concepción realista de la sociedad con un reflejo mito-poético de los personajes representados. Para Mieles, el realismo social ecuatoriano tuvo tres características fundamentales:

1) El reflejo o pintura de una realidad artísticamente que logra una influencia directa del positivismo y del realismo europeo, que pretende representar (y no solo mostrar) de manera fiel y objetiva la realidad del mundo que circunda al autor, para llegar a conmover al lector.

2) El afán de la lucha social implícita en la obra, es decir que, amparados en los ideales marxistas, los escritores ecuatorianos de la generación del 30 no sólo querían representar la realidad, querían transformarla y aún más, proponer una nueva realidad.

La pretensión de la narrativa ecuatoriana comprometida era ser capaz de influenciar de manera práctica la realidad, es por eso por lo que, cada escritor eligió (casi por vocación) una población a ser representada, por supuesto, enmarcado en el contexto histórico, político, cultural y socioeconómico que les tocó vivir.

Ecuador -en el nexo del Siglo XIX y XX- sufrió una serie de cambios políticos y sociales signados por el acenso del liberalismo: una revolución que refundó el país y que permitió que ciertos grupos poblaciones ganen protagonismo en la palestra pública, tal es el caso del campesinado de la Sierra y de la Costa.

Este último hace su primera aparición en la Literatura Ecuatoriana en: “A la Costa”, del ambateño Luis A. Martínez; aquí, en medio de un sublime paisaje romántico, se describe la región Litoral con su estructura social y económica, con un gran puerto en Guayaquil para la exportación de las exuberantes delicias cosechadas en inmensas haciendas y/o cacaoteras distribuidas en zonas costeras fértiles, bañados por ríos y adornadas con aves y plantas exóticas.

Aunque Martínez sea el primero en incorporar al campesino del Litoral o montuvio a la literatura ecuatoriana; los pinta como sujetos rudos, violentos y vulgares, en contraste con los blancos/mestizos, cultos y educados. Los montuvios tendrían que esperar casi 30 años para ser reivindicados en la Literatura con la vanguardia que constituye los cuentos de “Los Que se Van, cuentos del cholo y del montuvio”, publicada en 1930 por Joaquín Gallegos Lara, Demetrio Aguilera Malta y Enrique Gil Gilbert.

Pero fue José de la Cuadra quien mejor penetró en el alma del agro, de la naturaleza y de las personas del campesinado costeño, su trabajo fue tan complejo, profundo y acabado que fue considerado uno de los mejores cuentistas de América. Además de que, en última instancia, y con el afán de pintar lo mejor posible la cosmovisión montuvia, incorporó elementos de su magia cotidiana: una mito-poética del mundo en donde las familias se parecen a los árboles que danzan bajo la luna, los niños nacen con cola de cerdo o la historia se cuenta a través de voces que parecen viento y gotas de lluvia, que a veces refrescan o se torna tormenta y se desata en la plantación. Esta incorporación es germen, es maravilla, es magia. Y,

3) La cercanía protagónica del autor al mundo representado; los escritores de la generación del 30, además de comprometidos políticos y buenos narradores, fueron curiosos errabundos de los campos y la urbe. Caminaron, conversaron, observaron y recogieron historias, anécdotas, protagonistas para hacerlos literatura. De la Cuadra recorrió el campo costeño, conoció de cerca el agro y la ganadería, convivió con personas antes de convertirlas en personajes. Este contacto entre los escritores y la población representada añade un valor antropológico a las narraciones de la generación del 30.

La apuesta de José de la Cuadra por ahondar en los elementos mito-poéticos del pensamiento montuvio para incorporarlo a su obra, es una clara superación del realismo social ecuatoriano que no se preocupaba por la dimensión sobrenatural o mágica como un componente de la realidad que buscaban representar. Este pequeño salto es lo real maravilloso, o el realismo mágico, o la vida nada más. Estas reflexiones insertan a De la Cuadra en el gran debate de la Literatura Latinoamericana al lado de figuras de la talla de Carpentier, Uslar Pietri o Asturias.

Actualmente, el diccionario de la RAE recoge el término montuvio definido como una persona o habitante de la costa agrícola ecuatoriana, en desuso del antiguo montubio: persona montaraz y violenta.

Dobles y únicos

El libro “Letras Rebeldes 1” mantiene su altísima calidad académica con el trabajo “Dobles y únicos”, un ensayo sobre Pablo Palacio y Joaquín Gallegos Lara, elaborado por Pablo Yépez Maldonado. Conocida es la amistad/rivalidad que estos dos gigantes de la Literatura protagonizaron durante el auge de la generación del 30. El uno, Palacio, el genio solitario, el del Lorenzo Ponce, el lobo estepario seducido por demonios nocturnos, el que se salvó de las aguas y gracias a un golpe en la cabeza se convirtió en un brillante engendro del absurdo literario, el que nos legó la onomatopeya inolvidable del hombre muerto a puntapiés, el que nos enseñó a hacer brujerías, el que nos llenó de pesadillas protagonizadas por seres deformes, el antropófago, la doble y única mujer… o… una mujer y pollo frito, el teniente buscando algo que nunca llega… o Devora, y el ahorcado, viviendo en un continuum infinito de angustia existencial, atrapado en un cubo, colgado en el bosque, parricida.

El otro, Gallegos Lara, el militante, el luchador de barricadas, el aliento espiritual de una generación de narradores, el crítico literario por excelencia, el de la magnífica biblioteca y la iluminada conversación, el de las piernas deformes sostenido en hombros de Falcón, el que nos enseñó a indignarnos contra la injustica, el que sacudió nuestra conciencia mostrándonos la crueldad de los gobiernos  y las miserias de la gente, el que recordamos al mirar el manso Guayas y a sus cruces sobre el agua. Ambas figuras son recordadas con cariño y/o desdén, con soberbia y/o admiración; ambos son baluartes doloridos de las letras ecuatorianas que partieron pronto a la locura y a la muerte.

El ensayo de Pablo Yépez plantea un complemento, más que una contraposición entre Pablo Palacio y Gallegos Lara, a la hora de encarar la descripción de la realidad. Mientras Gallegos Lara denunció la situación de miseria e injusticia de la urbe guayaquileña, y propuso la organización popular, la huelga y la protesta como mecanismo para incidir en la trasformación de la realidad; Pablo Palacio describió el absurdo de esa realidad con un tinte existencialista, sus personajes están perdidos/absortos en medio del vacío cotidiano, del caos y la nada.

Se dice que Palacio fue menos reconocido que Gallegos Lara en la época de su apogeo, sin embargo, la crítica actual parece haber cambiado el foco: es Palacio el eje, el estandarte, el marginal, (concuerdo con Yépez Maldonado en que esta palabreja fascina a la pequeña burguesía y, dicho sea de paso, a la academia) el profeta de la literatura ecuatoriana, el que convoca encuentros, talleres, ponencias y reflexión, el reeditado y traducido, el que, se insertó en la academia, mientras Gallegos Lara “sigue en las calles, en los sindicatos, en las plantaciones de banano, en las minas de cascajo”.

La tesis que defiende Pablo Yépez Maldonado es que Pablo “Palacio es la ley y el orden; Gallegos es la subversión y el asedio de las hordas salvajes al templo, a la Literatura”. Este revelador ensayo nos recuerda que no existe “una verdadera Literatura”, o una pureza literaria o una esencia de la Literatura; que la palabra no es sagrada, que está dispuesta a profanarse en el lodo de la realidad, “una realidad que es más terca que la fantasía”.

Sergio Román Armendáriz: de la voz existencial de Club 7, al poema ecuatorial insurgente por una Patria Nueva

El siguiente artículo: “Sergio Román Armendáriz: de la voz existencial de Club 7, al poema ecuatorial insurgente por una Patria Nueva”, escrito por Diego Velasco Andrade, rememora la figura del poeta guayaquileño que, desde el frente universitario mantuvo firme su pluma y sus ideales; a través de un texto biográfico vivencial que dialoga con la voz de Sergio Román tomada de diversos versos, diálogos y encuentros.

Sergio Román es el testimonio vivo del Club 7 de Guayaquil que, junto a Ledesma Vázquez, Hidalgo Ortega, Benavides Vega y Espinel Cedeño se concibió como “una casa poética extraviada en el interno de tres bosques: la floración íntima, la deriva existencial y el compromiso social”. Y aunque en conjunto no tuvieron una filiación política, Román Armendáriz militó en las filas de la URJE (Unió Revolucionaria de Juventudes Ecuatorianas) y en compañía de Ledesma Vázquez, viajaron a Cuba en plena hecatombe de la revolución.

La poesía de Armendáriz se nutrió de estos viajes, se alejó de la rama comunista electorera, que pregonaba la colaboración para acercarse al paradigma combativo, de barricada, de guerrilla, lo que llevó a ser apresado en el episodio del Toachi. Sus versos quedaron grabados en la Revista Pucuna del grupo Tzántzico: “Toachi, la muerte a cada rato”.

Rafael Larrea, poeta de la liberación

Para finalizar la obra Raúl Arias nos entrega un ensayo que analiza la vida y la obra de “Rafael Larrea, poeta de la liberación”. Larrea Insuasti fue un digno representante del movimiento Tzántzico que “dio una respuesta auténtica, creativa, movilizadora a la demanda ideológica – estética de nuestra literatura en un momento histórico concreto”: las décadas de 1960 y 1970. Su primera obra titulada “Levantapolvos” (1969), es una obra madura, depurada, comprometida, poemas que no llevan título y que, repletos de ironía, critican al poder, a los medios de comunicación y a sus empresarios, a través de la observación atento del contorno urbano, la vida social y el quehacer político. En 1978 Rafael Larrea publica su segundo libro: “Nuestra es la vida” en donde se afirma su pensamiento “revolucionario y liberador”. En su tercer poemario, titulado “Campanas de Bronce” (1983), el poeta se sumerge en la historia para mostrarnos de manera épica y lírica los procesos de conquista, colonia, y mestizaje que devinieron en la configuración actual de nuestros pueblos. En 1988 llegaría “Bajo el sombrero del poeta”, y en 1995 “Nosotros, la luna, los caballos…” en donde se reafirman los lazos solidarios que el poeta tiende a la humanidad para salvarse de su introspección y soledad. Rafael Larrea fue también músico y cantor, trovador y escritor, sus versos y canciones propagaron palabras inolvidables de justicia, igualdad y respeto.

Estos esmerados y trabajados ensayos conforman el primer volumen “Letras Rebeldes”, una colección de la editorial Efecto Alquimia (que por ahora es trilogía), y que busca exaltar la memoria de aquellos hombres y mujeres de letras que en el contexto de la literatura y la política, fueron excluidos o alejados del canon literario debido a los intereses del gobierno o del poder de turno. Recordemos a quienes nos precedieron en los caminos de la lectura y de la pluma, miremos a nuestro alrededor, ¿qué autores están de moda?, ¿cuáles no?, ¿por qué? Que nuestro canon literario ecuatoriano no sea una camisa de fuerza, que sea una guía nada más y que cada quien elija sus ángeles y sus demonios.

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Rusia vs Ucrania: Una invasión con tintes imperiales

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Alvaro Espinosa Imagen destacada Opinión
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El conflicto entre las exrepúblicas soviéticas es de larga data. Su acaecimiento no es sino el resultado de una nimia planificación y puesta en marcha de estrategias que, en el mediano y largo plazo, pertrecharon a la economía rusa. Tras la anexión de la península de Crimea en 2014 -hecho que le costó a Rusia al menos tres tipos de sanciones diferentes-, el Kremlin resolvió preparase para los embates que hoy erosionan a una economía estacionaria (que no presenta cambios en su desarrollo), con apenas un 0.3% de crecimiento anual y una moneda devaluada por debajo del 50% con respecto al dólar.

“Fortaleza Rusia”, como el presidente Vladimir Putin denominó a su plan de contingencia, emprendido tras las sanciones financieras, comerciales y patrimoniales impuestas por Occidente, contemplaba, en seis pasos, la articulación de medidas sustitutivas a su consabido destierro de las finanzas y el comercio internacionales.

Así, la exclusión de Rusia de la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Internacional (SWIFT), el congelamiento de las reservas del Banco Central de Rusia en Estados Unidos y los países de la Unión Europea, la prohibición para la importación de petróleo y gas por Estados Unidos y un abandono progresivo por Reino Unido, la suspensión de la actividad comercial y el cierre de multinacionales en el país, el cierre del espacio aéreo de la Unión Europea para vuelos rusos, la cancelación de la certificación para el inicio de las actividades del gasoducto Nordstream 2 en Alemania, entre otras medidas, para el líder del Kremlin son hostiles, pero no significan un impasse en su cruzada por “la libertad”.

Lo que desde la óptica del presidente ruso es una encomiable campaña de “desnazificación”, para la comunidad internacional es visto como un completo disparate; la materialización de la insensatez de un megalómano insensible que ha escogido la armas y no la paz. Lo ambivalente del hecho no es desestimable. Ya lo afirmaba Sigmund Freud en su célebre “Más allá del principio del placer” (1920), obra en la que describe la disposición instintiva del hombre como una dualidad pulsional entre la creación y la agresividad.

Esta contradicción es palmaria en lo fáctico y lo psíquico. Entonces, cabe colegir que el otro no es visto ya únicamente como un potencial acompañante, sino como una víctima que concita la perversidad a la que las relaciones dialécticamente disímiles avocan a quienes se ven privilegiados.

En consecuencia, la violencia es connatural a la condición humana y se ha mimetizado con arreglo a las coyunturas. Si se hace abstracción de la sevicia y la crueldad como atributos del individuo, su instrumentalización es la consecuencia inmediata de una necesidad de sublimación pulsional con el empleo de mecanismos exógenos a la propia capacidad humana.

En otras palabras, con el desarrollo y mejora de las armas, la castrametación militar y el recrudecimiento de pugnas geopolíticas, los gobiernos ya no son capaces de justificar la guerra ni el mal empleo de la técnica, como medio para el desastre y la dominación. Esto parecer haber sido comprendido por Estados Unidos, la Unión Europea y los aliados de la OTAN y el G7, no así por Rusia y su contumacia bélica.

Es justamente esta obcecación la que ha provocado la actual crisis migratoria. Uno de los países especialmente afectado por el conflicto es Ecuador. Con aproximadamente 870 connacionales dispersos por las distintas ciudades de Ucrania, el gobierno ecuatoriano tuvo que coordinar desde la diplomacia, junto a Cruz Roja Internacional y los Ministerios de Relaciones Exteriores de ambas partes, el establecimiento de corredores humanitarios que garanticen una evacuación segura de los compatriotas atrapados en zonas de riesgo.

Sin embargo, el desconocimiento, la desinformación, o quizá solo las pretensiones partidistas de sectores políticos con intereses bien identificados han impulsado una campaña de descrédito en contra de las actuaciones de la Cancillería del Ecuador. Pese a la expansión de los medios y la generación inmediata de la información, la difusión de noticias se enfrenta a problemas de carácter deontológico.

La estructura mediática actual concibe a los públicos como una estratificación de objetivos separados; por un lado, están quienes desean conocer lo que ocurren en cada momento, y en el otro extremo se encuentran quienes “no necesitan” saber que sucede, siempre que dispongan de medios para entretenerlos, engañarlos o adoctrinarlos.

Esta situación es patente en el contexto local e internacional. Así, Pichincha Comunicaciones -medio abiertamente correísta- entrevistó a un joven estudiante en el aeropuerto Mariscal Sucre a propósito de la gestión de Cancillería para su rescate. Declaraciones desafortunadas que provenían del miedo y la desesperación, no tardaron en ser tendencia en redes para continuar con el desprestigio a la institucionalidad del Estado desde el aparataje mediático y partidista.

Por otra parte, en Rusia, la agencia de regulación de medios, Rozkomnadzor, restringió el acceso a Facebook y Twitter, así como las operaciones de Deutche Welle (DW) como represalia a la suspensión de las transmisiones de RT -medio ruso estatal- por no contar con una licencia alemana. Sin embargo, varias cadenas de televisión y medios de comunicación decidieron cancelar sus labores en Rusia frente a la criminalización de la que son objeto por el Kremlin.

Aun con las complicaciones que supone la promoción de una verdad parcializada, en lo relativo a los protocolos implementados desde el Ecuador, Sebastián Torres, tercer secretario de la Cancillería y funcionario del Comité de Crisis comentó que, incluso antes de que se desatara el conflicto, ya se habían dispuesto algunas medidas para una posible contingencia armada, no obstante, el cierre de los puertos y aeropuertos en Ucrania, un día antes de que se efectuara la invasión, impidió el despliegue de la logística para el rescate in situ de los ecuatorianos residentes en el sitiado país.

Sebastián Torres, tercer secretario de la Cancillería y miembro del Comité de Crisis. Foto: Álvaro Espinosa

“Se conformó un Comité de Crisis, compuesto por distintos funcionarios de la Cancillería en distintas áreas, se estableció un call center, donde se hizo un seguimiento continuo y se puso en contacto con la gran mayoría de jóvenes que teníamos registrados, se utilizó una base de geolocalización, donde podíamos ubicar cuales eran los puntos fronterizos más complejos y hemos realizado un seguimiento continuo, hasta que organizamos los vuelos para que ellos puedan venir de regreso al Ecuador”, enfatizó Torres.

Las negociaciones dieron fruto y los dos primeros vuelos humanitarios extrajeron a 456 ecuatorianos residentes en Ucrania. En paralelo, un vuelo comercial gestionado por México repatrió a 7 ecuatorianos más, mientras que por cuenta propia regresaron otros 67. A este conteo se le agregan los 143 ecuatorianos que llegaron el lunes 14 de marzo en el tercer vuelo humanitario y los procedimientos emprendidos desde Cancillería para la extracción de Diego Moncayo, el último de los ecuatorianos atrapado en Shotska, zona fronteriza con Rusia.

“A partir de la base de datos levantada por el Consulado y a partir de los diferentes registros que se han recibido en los últimos días, en realidad, hicimos un contacto permanente 24/7 con los ciudadanos, todos los días, o pasando un día al menos para conocer su ubicación actual, cómo se encuentran, su deseo o no de retornar al Ecuador y a partir de ello se elaboró una matriz de más 850 ciudadanos ecuatorianos en los actuales momentos”, precisó Michael Revelo, Tercer Secretario de Cancillería.

Michael Revelo, tercer secretario de la Cancillería y miembro del Comité de Crisis. Foto: Álvaro Espinosa

El monitoreo es permanente y la comunicación con los ciudadanos se mantiene durante dos jornadas seguidas. Mediante un análisis continuo, se coordinan acciones con Cruz Roja Internacional y con el personal que se ha movilizado.

Comité de Crisis instalado en la Cancillería del Ecuador. Foto: Álvaro Espinosa

Empero, las negociaciones para el cese al fuego y la retirada de las tropas rusas de territorio ucraniano no han dado resultados. Luego de tres jornadas consecutivas de mediación -dos entre las delegaciones de ambos países en territorio bielorruso y la última en Turquía entre ambos Ministros de Exteriores- lo que ha quedado claro es que Rusia no está dispuesto a ceder, mientras Ucrania no se desmilitarice, se declare un país con estatus neutro y así renuncie a sus pretensiones de incorporarse a la OTAN, se “desnacifique” y declare a las repúblicas separatistas del Donbás, Lugansk y Donetsk, como territorios soberanos e independientes, además del reconocimiento de la Península de Crimea como territorio ruso.

Todas estas exigencias son rechazadas por Ucrania, Estados Unidos y sus aliados. En medio de la escalada de violencia y con pocas probabilidades de consensos, la situación de Ucrania revela la disputa hegemónica por el control de la economía y la política mundial. El poder ejercido así, en términos de Michel Foucault, es expresión de su fase primigenia e imperfecta; el empleo de herramientas, tecnologías y la propia fuerza para la consecución de un fin. No obstante, a toda guerra le subyace la impronta de su trastocamiento; su carácter performativo no es perdurable. Esto patentiza la necesidad de reemplazar a las ambiciones personales e imprevisibles con los objetivos políticos bien definidos. Lo de Putin es fiel testimonio de aquello.

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Amnistía: Institucionalidad a cambio de impunidad

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Solo en un país como Ecuador con una institucionalidad prácticamente descompuesta y legisladores que se ufanan de su genética antidemocrática, se podría consentir –a través de una amnistía sui generis concedida por la Asamblea Nacional “entre gallos y medianoche” – que cualquier persona (de manera individual o en nombre de una organización) – por el simple hecho de adscribirse a una determinada tendencia política o ideológica, utilizar una vestimenta en particular o autocalificarse de “luchador social”– adquiera una suerte de “cheque en blanco” para hacer o deshacer con el país como a bien tenga en gana; sin que nadie responda por sus actos, aunque estos auparan –directa o indirectamente- la violencia (revolucionaria para algunos) en octubre de 2019, a causa de las medidas económicas adoptadas por el gobierno del expresidente Lenín Moreno.

El mensaje que la Asamblea Nacional entrega al país y a la ciudadanía es demencial: quien quiera utilizar la violencia como medio para generar caos, destrucción, zozobra, intentos de golpismo, ultraje a mujeres, quema de edificios, amenazas de suspensión de servicios básicos, obstrucción de oleoductos y demás hechos con notorias connotaciones delincuenciales; quedarán impunes al amparo de una retorcida interpretación del derecho a la resistencia –consagrado en la Constitución de la República–.

También las tan sonadas “reconciliación nacional” y “pacificación social” que sirvieron de excusa para salvaguardar la cabeza de la titular del Parlamento, Guadalupe Llori, y a los miembros del Consejo de la Administración Legislativa (CAL), sujetos a la potencial amenaza de la remoción de sus puestos por los legisladores de la triada: UNES (correísmo), PSC (socialcristianismo) y un sector de Pachakutik afín al presidente de la CONAIE, Leonidas Iza.

Todo esto con el afán de cooptar la institucionalidad legislativa para propiciar el juicio político contra los consejeros de mayoría del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), destituirlos y recuperar su hegemonía sobre esta entidad para apoderarse de este organismo de control del Estado, a través de la designación de autoridades, tal como ocurrió en la época del expresidente Rafael Correa. Es decir, se volvió a utilizar la justicia como moneda de canje para otorgar unas cuantas horas de vida a lo poco que queda de institucionalidad en el país.

Este trueque (institucionalidad a cambio de impunidad) que consagró la amnistía aprobada por la Asamblea Nacional profundiza la crisis de legitimidad que atraviesa el Legislativo y advierte escenarios complejos para el país, pues al meter dentro de un mismo costal a quienes probablemente merecían beneficiarse de este recurso con aquellos que cometieron delitos como secuestro, usurpación de tierras, sabotaje, minería ilegal y otros (sin discriminar previamente las causas). Se crea una peligrosa homologación entre activistas sociales, defensores de los derechos humanos y de la naturaleza, y los violentos que buscaron la desestabilización de la democracia para dar cabida al fanatismo exacerbado de sus ideologías. Sin importar incluso que sus métodos se entremezclen con los de la delincuencia común y las estrategias maoístas de combate callejero.

¿Qué cosecha una Asamblea Nacional que por componendas internas convirtió los delitos tipificados en el Código Penal en delitos políticos? Sin lugar a dudas su extinción por la vía constitucional (muerte cruzada). Mientras que los legisladores que con sus votos –a favor o en abstención de lo resuelto– legitimaron la violencia del pasado y la que posiblemente vendrá a futuro, con igual o mayor terror al amparo de la impunidad; merecen la censura política, moral e histórica de los ciudadanos en el próximo proceso electoral.

Pese a ello una cosa es clara. La amnistía es un rotundo agravio a los afectados por los brotes de violencia e inseguridad que vivió el país en las jornadas de octubre de 2019. En consecuencia, no habrá resolución alguna impuesta por una Asamblea Nacional, carente de autoridad ética, que borre por completo de la memoria de los ciudadanos los actos rabiosos contra la vida, la paz, la propiedad pública y privada, que se perpetraron en varias urbes del país en nombre de la “lucha social”, la “defensa de los derechos” y la “resistencia”.

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Escape fingido

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Álvaro Peña articulista La Disputa
Pintura de Vannesa Vargas: Escape fingido

“¿Cómo pudo tu amor volverme triste?”, reza una parte del pasillo “Corazón que no olvida” del autor lojano Emiliano Ortega Espinosa, como reprimenda a aquel sentimiento que en su momento fue la más bella historia de amor e ilusión y que ahora sólo queda el recuerdo amargo, la fragilidad y lo efímero de la vida. De este poema plasmado en una canción, muchos artistas han extendido el pasillo en diversas obras de arte como la literatura, la pintura y en la música misma.

En esta ocasión haré un homenaje nuevamente al potencial artístico de Loja, esta vez ha captado mi atención “Escape fingido”, una obra de arte de Vanessa Vargas, estudiante egresada de la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Loja.

Su gusto por la pintura surgió desde niña. Como todo niño, soñaba con convertirse en una famosa pintora, desarrollar el potencial que tenía en su mente a través de pinturas que plasmarían la perspectiva que ella tenía del amor y de la vida misma.

Su obra es inspirada en el arte surrealista, cuya tendencia surgió en Francia en 1920 como respuesta a las ideas de Freud. Donde lo imaginativo, onírico e irracional serían la base de expresión de dicho arte y actuarían como la antípoda a lo figurativo, lógico o racional, es decir, al arte tradicional.

Vanessa, desde el punto de vista femenino, intenta a través de su obra dar a conocer lo que está en su mente y en su corazón, y que posiblemente exista en la psicología y emocionalidad de toda mujer.

Escape fingido es un escape a lo adormitado, a lo que genera parsimonia y aletargamiento; a lo que no te permite desarrollar; a lo que te instala en la zona de confort y te coarta de volar en búsqueda de nuevos cielos; lo que te ancla a viejos mares que no te permiten navegar aguas nuevas.

Fingir un escape es romper por un momento el vínculo afectivo que te somete a la esclavitud emocional de quien finge amarte, pero no en libertad. Fingir un escape, es fingir que estamos bien, pero en el fondo, añoramos el bienestar que profesamos y plasmamos en una obra de arte. Ella haciendo honor a la belleza femenina, con sutileza placentera asciende y se desprende del vínculo que la ata a su compañero, doblegándola en pasión y voluntad. Escape fingido implica fingir un hipotético escape, porque quien lo hace sabe que terminará regresando a donde supo amar y amar de verdad.

Recorrer la obra es una aventura, porque como decía Gabriel García Márquez: “Sus amores eran lentos y difíciles, perturbados a menudo por presagios siniestros, y la vida les parecía interminable.[i]El escape fingido de la mujer implica que su aciaga relación ha llegado a su fin, que no hay más que hacer que escapar a la terrible codependencia de un ser desnudo de alma y cuerpo, impávido y somnoliento en su inmenso prejuicio y egoísmo, pero carente de la misma necesidad, de la misma atención y del mismo afecto.

El contexto de la obra muestra la soledad en que se encuentran los protagonistas. Es irónico pensar que siendo creados el uno para el otro, ahora estén tan distantes y a un palmo de separarse. Fingir amar cuando no se es capaz de hacerse uno con el otro, es un cuento siniestro que hoy está de moda, porque hace del amor una carga difícil de llevar en unos hombros débiles que no se ejercitan para soportar.

Parece también una crítica a la vida moderna, donde el placer es el eje central de las relaciones y cuando éste ya se ha agotado, no hay más que hacer. Los participantes quedan desnudos y con el alma hecha pedazos por lo que pudo ser y no fue. Sólo los une el recuerdo de lo que han vivido, la música, la naturaleza y un espacio inmenso donde buscar nuevos amores y de la misma forma, perderse nuevamente en la búsqueda constante de llenar el vacío de sus almas.

La artista como buena lojana, en toda su obra destaca los signos de la ciudad, y fue precisamente el arte musical el que la inspiró pintar esta belleza, cuyo resultado converge en un lenguaje sonoro-visual: la letra del pasillo lojano y la pintura de sus manos.

Descifrar el final de la obra, fue el efecto que generó en mí. Para esto me gustaría mencionar nuevamente al Gabo Márquez: “Le recordó que los débiles jamás entrarían en el reino del amor, que es un reino inclemente y mezquino, y que las mujeres sólo se entregan a los hombres de ánimo resuelto, porque les infunden la seguridad que tanto ansían para enfrentarse a la vida”[ii]

Fingir un escape es para los inseguros, y éstos jamás entrarán en la dimensión estática, plena y fantástica del amor; la inseguridad que profesan es sinónimo de tibieza, miedo a jugársela al todo o nada.

La mezquindad es para los soberbios y codiciosos, cuyo fin siempre es acaparar y reservarse el amor y el beneplácito para sí solos.

Ella finge un escape… él simula aceptarlo… o la acompaña o la retiene. La idea es hacerlo juntos.

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[i] El amor en tiempos de cólera

[ii] Ibídem

Más monumentos, menos derechos

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Imagen destacada Gabriela Vivanco Collantes
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Más monumentos menos derechos Más monumentos menos derechos Más monumentos menos derechos

Este 8 de marzo, como cada año, marchamos por las calles de la capital, nos convocamos en un par de sitios, nos juntamos a tiempo y mientras la Batuka Batumbá preparaba sus tambores, nosotras alistábamos la garganta para gritar cada consigna desde el corazón.

La convocatoria se ha extendido por varias provincias como Cuenca, Guayas, Loja, Ambato o Riobamba. Somos parte de una lucha que se gestó en las calles, un encuentro de alegría, que, desde la lucha feminista, se ha convertido en el espacio ideal para decirle basta al sistema patriarcal que mantiene reprimidas a muchas de nuestras compañeras y amigas.

En las marchas, lo más impresionante, es el poder que se siente en cada grito, en cada salto. Somos tantas, que las calles quedan cortas, tantas, que la gente nos deja el camino libre para sacar toda esa rabia contenida por nuestras muertas, por la violencia, por la desigualdad, por la injusticia social.

Y no somos simples carteles, cada palabra plasmada en ellos le da sentido a nuestra indignación, es un símbolo de la lucha que nos mantiene firmes. Siempre lo he dicho, si no puede decirlo, escríbalo.

Mientras avanzábamos, la marcha se hizo más ruidosa, incluso con mascarillas, nuestras voces retumbaron desde el parque El Arbolito hasta el infinito; así, unidas y sin miedo, ni siquiera las mallas colocadas en las angostas vías del centro de Quito, limitaron nuestra presencia.

La policía cerró el paso para llegar a la Plaza Grande, un lugar que es de acceso público, cuando quisimos pasar, se desató lo inevitable. Arremetieron con violencia a quienes éramos parte de una marcha pacífica, lanzaron bombas lacrimógenas, chorros de agua a presión y la caballería…  Innecesario y excesivo.

Y ni así, lograron que retrocediéramos, “suban” gritaban las compañeras al frente de la marcha, íbamos dispuestas a tomarnos esas calles que nos pertenecen, en las que muchas de nosotras crecimos.

Aun así, nos tachan de violentas, había niñas en la marcha ¿ellas son violentas? Y nuestras compañeras periodistas en primera línea ¿también son violentas? Ni ellas, ni ninguna otra, merecía ser reprimida de esa manera.

Nosotras exigimos igualdad en todos los ámbitos, no somos violentas, estamos decididas a terminar con su impresentable manera de responder a nuestras exigencias, respondemos a un sistema que limita nuestras opciones, mientras defiende monumentos, en lugar de nuestras vidas.

Moda o reflexión

Que las marchas no llevan a nada, que vayamos a cocinar nos dicen, olvidaron que en 2021 hubo 178 femicidios; y, que hasta la fecha se registran 50 en el país, que otra vez una niña parió al hijo de su violador. Que las estudiantes universitarias no quieren regresar a las aulas, porque sus agresores tristemente siguen impartiendo cátedra.

Cuántas veces la policía recibió llamadas de auxilio que nunca fueron atendidas. Cuántas sobrevivientes han sido revictimizadas, mientras cuentan una y otra vez lo qué les pasó.

Muchos justifican las acciones de un Estado misógino, que tiembla solo de pensar que somos cientos y miles de mujeres exigiendo derechos, que estamos cansadas de las migajas, que su sistema patriarcal se va a caer o más bien, lo vamos a botar.

No es menos triste que, el Municipio de Quito publicara un detalle de los gastos derivados por los daños a bienes públicos, me pregunto, ¿Cuántos planes de prevención de violencia lidera?, ¿A cuántas mujeres sobrevivientes de violencia brindan apoyo?; o, ¿A cuántos wawas -hijos de víctimas de femicidio- atienden? Esperaría que existan respuestas adecuadas, pero seguramente me equivoco.

En mi absurda lógica, los bienes valen menos que una vida ¿verdad? Entonces, ¿por qué molestarse tanto por proteger cosas inmóviles, que no gritan, ni sienten?

Nosotras gritamos, alzamos la voz por las compañeras que ya no están, por la falta de respuestas del Estado, por la violencia que vivimos. Nosotras gritamos si nos golpean, gritamos si nos violan, gritamos si nos matan.

De qué otra manera les decimos que nuestras vidas valen, que nuestros proyectos de vida importan, que nuestros cuerpos son más valiosos que cualquier monumento de la ciudad, no vamos a permitir que le pongan precio a nuestra dignidad, que etiqueten nuestras luchas a su conveniencia y que las asuman como propias, cuando ni siquiera comprenden su significado.

Desde hoy, la lucha en las calles es por un rotundo NO a sus prácticas indiferentes a la realidad, a su represión desmedida, a su falta de empatía con las víctimas, a su diminuta capacidad de percibirnos como iguales, incluso cuando representamos más de la mitad de la población mundial, seguimos limitadas a vivir a la sombra.

Avanzamos juntas y fuertes por nuestra dignidad. Calladas, ¡Nunca más!

Nota aclaratoria: este artículo no promueve un lenguaje sexista y está de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo. Pero no utiliza los pronombres el/la los/las o les, para evitar posibles confusiones.

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8M: Nuestros derechos en la Historia

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Imagen destacada Gabriela Vivanco Collantes
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La lucha por los derechos de las mujeres es un camino que ha significado varios cambios a lo largo de la Historia. Desde el acceso al voto, derecho a la educación, a la salud y a igualdad de condiciones han sido motivo de polémicos debates, en los cuales, las voces de las mujeres fueron determinantes.

El 8 de marzo no es una fecha escogida al azar. Ese día en 1908, un grupo de mujeres exigía sus derechos laborales, un sueldo digno y jornadas justas, mientras varias de sus compañeras morían en un incendio provocado, por las prácticas discriminatorias de grandes empresas.

Pero ese no era el único pedido, las mujeres también exigían ser consideradas en espacios de toma de decisiones y recibir el mismo trato que los hombres en la esfera pública.

Desde 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, en conmemoración de la lucha incesante de mujeres por el reconocimiento y garantía de nuestros derechos.

Acceder a estos derechos no sería posible sin la determinación de nuestras antecesoras, ellas desafiaron el statu quo de su época, abriendo paso a nuevas generaciones en la búsqueda de derechos para todas, en escenarios antes desconocidos, en los que, poco a poco mujeres tan diversas como extraordinarias plasmaron sus nombres en momentos históricos.

Mujeres históricas en Ecuador

Para que nuestros derechos sean reconocidos, hemos vencido estereotipos ligados a nuestra condición de mujeres, como lo hiciera en su momento Matilde Hidalgo Navarro, reconocida como la primera mujer doctora en 1921; y, la primera mujer latinoamericana en ejercer su derecho al voto en 1924.

En ese entonces, las mujeres eran limitadas al ámbito privado y no se reconocía su postura para tomar decisiones en la política, pero Matilde cambió esta percepción, participó activamente en la vida política del país, convirtiéndose en la primera concejala de Machala en 1925; y diputada por Loja en 1941.

Pero si de luchas hablamos, Dolores Cacuango fue una de las promotoras de gestas sociales en nuestro país, esta mujer indígena, era la voz de su pueblo. Conocida como “Mamá Dulu” rompió esquemas y luchó hasta el final de sus días por condiciones más justas para su pueblo, por el respeto y reivindicación de sus derechos.

Allá por el año 1887, una mujer feminista que amaba el periodismo, pero, que como muchas otras, utilizó un seudónimo. Conocida como “Zarelia”, Zoila Ugarte Fajardo, se dedicó al periodismo feminista, plasmando consignas y exigencias en periódicos como “El Tesoro del Hogar”. Además, creó la revista “La Mujer”, espacio que invitaba a otras mujeres periodistas a escribir y fundó junto con su amiga y compañera de lucha María Angélica Idrobo: la Sociedad Feminista “Luz de Pichincha”.

En este camino, encontramos a mujeres que marcaron el paso en áreas clave: Juana Miranda Dávila, primera docente universitaria del país; Nela Martínez, primera mujer ecuatoriana en llegar al Congreso Nacional; o, Hermelinda Urvina, primera mujer aviadora.

También hay nombres imborrables como parte de gestas sociales: Manuela Espejo; Tránsito Amaguaña; Manuelita Sáenz; Zoila Espinoza Minda (Mamá Zoila), activista y gestora cultural; Martina Carrillo, lideresa afroecuatoriana; o, Purita Pelayo, activista por los derechos de las mujeres trans.

Como ellas, muchas mujeres han luchado por nuestra libertad en diferentes espacios y momentos de la Historia, siendo pioneras en la lucha por nuestros derechos, en el ámbito educativo, social o laboral, nos dejaron como herencia su tenacidad y fortaleza.

Mis derechos, son los derechos de todas

Así de a poco, se han abierto caminos para las mujeres, que hoy en día son parte activa del desarrollo de la sociedad, transformando la realidad de sus comunidades desde el aporte diario en varios ámbitos, que nos permite dirigirnos a un mundo más igualitario.

Pero, este cambio no es posible sin el compromiso de los Estados. Es así, que, desde la Organización de las Naciones Unidas, aúnan esfuerzos con varios gobiernos para construir nuevas realidades, en las cuales, las niñas, adolescentes y mujeres sean consideradas como un eje fundamental para las transformaciones tan necesarias en materia de derechos, conforme se desprende de la Declaración y la Plataforma de Beijing de 1995, y los exámenes que se han realizado a su aplicación desde el año 2000, en períodos de 5 años cada uno.

Entre sus compromisos, se encuentran:

9. Garantizar la plena aplicación de los derechos humanos de las mujeres y las niñas como parte inalienable, integral e indivisible de todos los derechos humanos y libertades fundamentales;

Y aunque reconocen que existe un importante avance en varios aspectos relacionados a los derechos de las mujeres, también afirma que los progresos no han sido homogéneos, persisten las desigualdades entre mujeres y hombres y sigue habiendo obstáculos importantes, que entrañan graves consecuencias para el bienestar de todos los pueblos.

Precisamente por ello, defender nuestros derechos es una prioridad, para vencer las brechas de desigualdad a los que se enfrentan las mujeres en el mundo, como la falta de acceso a servicios de salud, a la educación, a trabajos dignos o a decidir sobre sus vidas.

La falta de acceso a estos derechos -que se supone son reconocidos para todas en leyes y tratados- ciertamente los convierte en privilegios para un grupo, siendo cada vez más lejanos para mujeres que no se encuentran en igualdad de condiciones como las niñas, adolescentes y mujeres rurales o empobrecidas, que no han tenido acceso a derechos básicos como educación o salud.

Por ellas, exigir igualdad es una necesidad imperante, que ubica la lucha en escenarios que nos fueron negados durante mucho tiempo, pero de los que nos seguimos apropiando para exigir el respeto a nuestros derechos, no solo el 8 de marzo, sino todos los días.

Derechos en la Constitución

Art. 3.- Son deberes primordiales del Estado: 1. Garantizar sin discriminación alguna el efectivo goce de los derechos establecidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales, en particular la educación, la salud, la alimentación, la seguridad social y el agua para sus habitantes.

Están reconocidos en la Constitución de la República del Ecuador, y tratados internacionales, de carácter vinculante en gran parte.

El artículo 11, numeral 2, de la Constitución del Ecuador señala que todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, filiación política, pasado judicial, condición socio-económica, condición migratoria, orientación sexual, estado de salud, portar VIH, discapacidad, diferencia física; ni por cualquier otra distinción.

Así mismo, el artículo 65 dispone que El Estado promoverá la representación paritaria de mujeres y hombres en los cargos de nominación o designación de la función pública, en sus instancias de dirección y decisión, y en los partidos y movimientos políticos. (…)

El artículo 70 determina que el Estado formulará y ejecutará políticas para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres, a través del mecanismo especializado de acuerdo con la ley, e incorporará el enfoque de género en planes y programas, y brindará asistencia técnica para su obligatoria aplicación en el sector público.

Es decir, entre nuestros derechos se encuentran el tener una vida digna y libre de violencia, el acceso a la educación, a la salud, al trabajo, participación política en igualdad de condiciones, derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, acceso a bienes y servicios, libertad de expresión, derecho a elegir sobre el matrimonio, libertad financiera, entre otros.  

Por otro lado, el artículo 331 indica que el Estado garantizará a las mujeres igualdad en el acceso al empleo, a la formación y promoción laboral y profesional, a la remuneración equitativa, y a la iniciativa de trabajo autónomo. Y, prohíbe toda forma de discriminación, acoso o acto de violencia de cualquier índole, sea directa o indirecta, que afecte a las mujeres en el trabajo.

Desafíos

Luego de enfrentar una pandemia, se evidenciaron las falencias de un Estado incapaz de responder al pedido de las niñas, adolescentes y mujeres, fueron expuestas a diversas vulneraciones a sus derechos humanos.

La violencia es sin lugar a dudas una de las situaciones más problemáticas y un factor de riesgo para quienes tienen que obligadamente compartir el espacio físico con sus agresores, sin posibilidad de escapar, a la espera de que el Estado se active.

La violencia de género es la vulneración de derechos más generalizada en el mundo, extendiéndose ampliamente en América Latina y el Caribe; en el Ecuador, 6.5 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia a lo largo de sus vidas.(INEC, 2019).

La violencia política también ha sido visible en el último año, las mujeres que deciden incursionar en este ámbito, se ven expuestas a agresiones verbales, limitación de funciones, ciberacoso, causando serios daños en su salud mental y afectando su imagen personal.

La aparición de la pandemia limitó la participación laboral de las mujeres. De acuerdo con CEPAL, representó el 46% en 2020, en comparación a un 69% de los hombres. Además, el porcentaje de desocupación de las mujeres fue del 12% en 2020, subiendo al 22,2% en 2021.

Nuestros derechos sexuales y reproductivos también son debatidos, ahora mismo estamos a la espera de que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en casos de violación sea aprobada o vetada por el presidente, un cuerpo normativo que establece plazos restrictivos a las sobrevivientes de violencia sexual.

Sumado a lo antes dicho, la discriminación que aún sufren las mujeres rurales, mujeres pertenecientes a diversos pueblos y nacionalidades, mujeres con discapacidad, en situación de movilidad humana, adultas mayores, y quienes son parte de las diversidades sexo-genéricas es evidente en varios campos.

Las desigualdades estructurales son la causa de esta violencia y discriminación latente en nuestro medio, constituye una de las tareas pendientes de las autoridades gubernamentales, que continúan dando largas a una problemática social que afecta todos los niveles.

Implementar una agenda y políticas públicas con enfoque de género es fundamental para reducir las brechas de desigualdad existentes, y que son aún más fuertes cuando las mujeres afrontan otras situaciones de vulnerabilidad.

Este 8 de marzo a las calles

Para muchos, las mujeres no sufrimos de desigualdad de condiciones, de hecho, tenemos acceso a más derechos que los hombres, y nuestras exigencias son exageradas o sin importancia.

Pero no alcanzan a comprender que este pedido nos abarca a todas, incluye a aquellas que no tienen acceso a derechos como el resto de nosotras, luchamos por quienes no pueden elegir con libertad sobre sus cuerpos, por las que viven en situaciones de violencia, que limitan sus proyectos de vida, por quienes exigen igualdad de condiciones en su comunidad, por quienes han dedicado su vida al cuidado de los demás, por las niñas y adolescentes que no tienen acceso a educación.

La lista es extensa, exigir derechos nos lleva a tomarnos las calles, desde donde la lucha es colectiva, capaz de cambiar realidades, aunque para muchos sea una lucha que no arroja resultados, para nosotras significa que el cambio es posible.

Nota aclaratoria: este artículo no promueve un lenguaje sexista y está de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo. Pero no utiliza los pronombres el/la los/las o les, para evitar posibles confusiones.

Referencias:

  • CEPAL. (2021). La pandemia del COVID-19 generó un retroceso de más de una década en los niveles de participación laboral de las mujeres en la región. https://bit.ly/3IQv4fS.
  • Constitución de la República del Ecuador, 2008.
  • ONU. (1995). Declaración de Beijing.
  • ONU Mujeres. (2021). Discurso social sobre las mujeres en movilidad humana: discriminación, sexismo, violencia basada en género y estereotipos en Ecuador. https://bit.ly/375YRTU

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Eres tú

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Apis
Apis

Eres tú Eres tú

El viaje no planeado

Eso eras tú, el viaje no planeado
El beso que no esperaba.
La caricia anhelada.
La chica del pasillo que no vi llegar a mi vida.

Espontánea, así eres tú.
El mensaje que no se espera, pero que te cambia la mañana
La llamada en la madrugada que te llena de esperanza.

Tú ANT
Eras el rocío de mi vida.
El alba de mis mañanas
Las nubes de colores de mis tardes grises
Y la primera estrella de mi noche oscura.


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CPCCS: institución al servicio de todos, menos de los ciudadanos

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Análisis sobre el CPCCS Análisis sobre el CPCCS Análisis sobre el CPCCS

El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) es prácticamente una institución fallida, creada únicamente para responder a los dictámenes de los gobiernos de turno. Por ello, nunca representó a los intereses de los ciudadanos, quienes, de paso, jamás se sintieron identificados con ella.

Su existencia – impulsada por los promotores de una Constitución con alta dosis chavista (la de 2008) – distorsiona y precariza la funcionalidad del régimen democrático, ya que desde esta instancia se privilegia el hiperpresidencialismo y la omnipresencia (descarada en unos casos y solapada en otros) de quien gobierne el país por sobre el control independiente de la sociedad civil y la soberanía popular. Es decir, el Consejo de Participación Ciudadana lleva en su genética institucional el ser un botín político al servicio del poder.

La diferencia es que hoy el escenario de disputa es mucho más abierto. El correísmo perdió paulatinamente influencia en el CPCCS, al cual convirtió en su agencia de empleos particular para poner a los allegados y simpatizantes partidistas del expresidente Correa, prófugo de la justicia, en entidades del Estado como el Consejo de la Judicatura, Contraloría General del Estado, Procuraduría General del Estado, Defensoría del Pueblo, Defensoría Pública, Consejo Nacional Electoral y Tribunal Contencioso Electoral.

No obstante, de ello, la implosión que hoy vive el Consejo de Participación Ciudadana puso en evidencia las bajas pasiones y angurrias de las más variopintas organizaciones políticas que intentan cooptarlo. ¿Para qué? ¿Con qué finalidad si su estructura ampliamente cuestionada sigue intacta? ¿Acaso la sola existencia del CPCCS o de su capacidad para designar autoridades de control se justifican en cuanto respondan a intereses ajenos al correísmo, pero cercanos a cualquier otro grupo político o de quien gobierne?

Defender un posible cambio de amo en el CPCCS es casi tan repugnante como preservar la vigencia de quienes fueron poder, pues no se trata de que el órgano operativo de la Función de Transparencia pase de las manos de una o dos organizaciones políticas, a otros partidos o movimientos; mucho menos al gobierno de turno, porque la articulación entre las instituciones de Estado es una cosa muy distinta al manoseo o a la intromisión.

En realidad, todos o casi todos los partidos políticos quieren a su haber el Consejo de Participación Ciudadana –emulo de los desprestigiados Congresos y Asambleas del país– para hacer y deshacer como les venga en gana con lo poco de institucionalidad que le queda a este país. Pero nadie levantó su voz de reclamo ante la ausencia de una política pública en materia de lucha contra la corrupción y es que a nadie dentro y fuera de este Consejo y del Parlamento le interesa combatir un negocio que alimenta a pocos en perjuicio de millones.

Por otra parte, hasta la fecha seguimos con autoridades prorrogadas en el Consejo Nacional Electoral (CNE), Tribunal Contencioso Electoral (TCE), Defensoría Pública y con autoridades encargadas en la Contraloría General del Estado y la Defensoría del Pueblo. ¿A quién o a quiénes les conviene mantener a estas personas en sus puestos, pese a que en algunos casos su falta de probidad le ha costado la credibilidad a las instituciones que presiden y lideran? ¿Quién o quienes pretenden controlar la justicia, la verdad sobre los contratos del Estado y las elecciones? ¿Por qué no avanzaron los concursos para estas dignidades y quienes fueron los responsables de ello?

Si se pretende dilapidar la política del amarre y la componenda, se requiere algo más que mediatizar las sesiones del CPCCS para llevar al “paredón” a sus funcionarios, a que den cuenta de las órdenes que recibieron de quienes fueron autoridades, porque la transparencia y la lucha contra la corrupción son conceptos y principios que van más allá de la espectacularización de los cuasi-juzgamientos de los consejeros de la nueva mayoría y de las preocupantes afirmaciones de algunos de ellos.

Lo que se necesita son políticas públicas claras y prácticas transparentes. Pero sobre todo, una consulta popular por iniciativa ciudadana para que, a través del ejercicio de la democracia directa los ciudadanos puedan retirar de esta institución la designación autoridades de control, tarea encomiable en la que está trabajando el Colectivo Voces por la Democracia que integra a ciudadanos y a varias organizaciones de la sociedad civil.

Mientras esto no ocurra, quienes se postulen como candidatos al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social llevarán sobre sus hombros el estigma que causa la pretensión de administrar el destino de una entidad desprestigiada, carente de credibilidad y legitimidad, cuyo camino es totalmente contrario al de la democracia.

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