miércoles, febrero 4, 2026
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Reseña de la “En nombre de un amor imaginario” de Jorge Velasco Mackenzie

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Fernando Endara escritor de La Disputa

En 1735 un grupo de intelectuales franceses se embarcó en una misión científica de  envergadura colosal: cruzar el atlántico, medir el meridiano, trazar las coordenadas correctas  del Ecuador y determinar la forma exacta de la Tierra. Gracias a un acuerdo entre los Reyes de Francia y de España, se permitió el ingreso de los expedicionarios a las hasta entonces inaccesibles colonias novohispanas, en compañía de sabios españoles con su propia misión en específico encargada por el Rey.

Esta misión geodésica hispano-francesa al Ecuador estuvo encabezada por Carlos María de La Condamine, Luis Godín, Pedro Bouguer, el botánico José Jussieu, y el cirujano Juan Seniergues, a quienes se sumaron los marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, además del riobambeño Pedro Vicente Maldonado, junto a un equipo de ingenieros, dibujantes, guías locales, ayudantes, esclavos, etc. La medición de este paralelo 0, de esta línea imaginaria, dio lugar a variedad de leyendas, provocó más de un amor e inspiró el nombre de un país imaginario: Ecuador.

“En nombre de un amor imaginario” del guayaquileño Jorge Velasco Mackenzie es una novela histórica que reconstruye algunos sucesos, romances y peripecias de los integrantes de la misión geodésica a través de los recuerdos de Isabel de Godin: debilitada, enferma, cercana a la muerte.

Isabel de Godín, amazona nacida como Isabel Grameson, es la gran protagonista de la novela, hija de un funcionario de la administración criolla Pedro Manuel Gramesón, sufrió una infancia trágica al contemplar en primera fila: la invasión, el saqueo y el incendio perpetrado por el pirata Guillermo Dampierre a su natal Guayaquil.

Estas llamas se cobraron la vida de su madre, Josefa Pardo Figueroa, valiente defensora de la ciudad, de quien se dice, vivió un romance furtivo con el gobernador. ¿Acaso Gramesón, conocedor de la infidelidad de su esposa, planeó y pactó en secreto con los piratas la invasión y el saqueo de Guayaquil, “ciudad de putas y villanos”?

Lo cierto es que Gramesón escapó con su hija Isabel para asentarse en Riobamba, donde la niña creció y se instruyó al amparo de la familia Maldonado. Fue Pedro Donaldo su amigo, su mentor y su primer (y único) amor.

El intelectual riobambeño se destacó por sus tratados sobre el gusano de seda que ella ayudó a transcribir, fue designado Gobernador de la Provincia de Esmeraldas y en tal virtud, trazó el primer camino que unió Esmeraldas con Quito. En cuyos encargos conoció por azar del destino, de la patria y de la ciencia, al aventurero y científico francés La Condamine. Este había viajado para calcular el meridiano y determinar la forma de la Tierra, y que, se había separado de sus compañeros al momento de elegir una ruta para penetrar en las ignotas nevadas de la Real Audiencia de Quito.

Este encuentro fortuito permitió a Donaldo e Isabel, insertarse en los diálogos y debates de los expedicionarios: Jorge Juan y Antonio de Ulloa, aprovecharon los conocimientos indígenas y criollos de la muchacha para elaborar sus relaciones al Rey. Mientras Jean Pierre Godin -sobrino de Louis- fructificó la avaricia perniciosa de Gramesón y pactó (en secreto) un matrimonio con su hija, a cambio de las riquezas de la leyenda de Rumiñahui que pensaron obtener en los Llanganates.

Cuando el maridaje estuvo consumado, cesó el fingido amor de Godin que, enceguecido por el ansia de fama y fortuna, buscó tesoro tras tesoro sin éxito. Arregló embustes y traiciones que fueron descubiertas, y al fin, huyó hacia Cayena en la Guyana Francesa. Isabel tardó en alcanzarlo, su éxodo se recuerda como un acto de suprema heroicidad, porque atravesó la selva amazónica en toda su profundidad, partiendo de Riobamba llegó hasta Cayena, siendo la única sobreviviente de una expedición que se cobró la vida de sus familiares y servidores.

La misión, por otra parte, enfrento problemas desde el inicio. Diversas situaciones provocaron desencuentros entre los geodésicos y las autoridades quiteñas. La misma naturaleza de la expedición fue cuestionada, puesto que puso en el centro de la acción a las ciencias, se enfocó en los resultados empíricos, por encima de los escolásticos, abriendo las puertas para un mundo sin Dios. Abriendo las puertas para la independencia (Handelsman, 2009).

 Los cálculos progresaron lento, el clima complicó las mediciones y, por si fuera poco, los criollos de la audiencia entorpecieron y/o estropearon los trabajos, llegando incluso a robar y destruir algunos cuadernos de notas, recopilaciones herbolarias y otros experimentos. Entonces los plazos quedaron cortos, los recursos económicos menguaron. Las peleas entre científicos, por asuntos técnicos y/o personales, fueron cosa de todos los días.

Para empeorar la situación, cuando la comitiva se trasladó a Cuenca para avanzar en sus mediciones, el médico Juan Seniergues, se vio envuelto en un romance con Manuela Quesada “La Cusinga”, que a la postre lo llevó a la muerte, luego de un complot al finalizar una corrida de toros.

La situación llegó a su extremo cuando los marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa fueron bruscamente separados de la misión por orden del Rey y destinados a la defensa de Guayaquil, sometida, una vez más, al asedio de piratas. En esas condiciones, la misión fue casi insostenible; sin embargo, los trabajos llegaron a su fin, se trazaron los triángulos y se determinó la verdadera forma de la Tierra: achatada en los polos, ensanchada en el Ecuador. Pese a los buenos resultados, el descalabro económico de la misión obligó a que cada quien regrese a su país como pueda.

Donaldo (Vicente Maldonado), por otro lado, viajó a España en donde fue condecorado por el Rey, a París en donde fue recibido como miembro por la Real Academia de la Ciencias, y a Londres, donde fue invitado como miembro de la Real Sociedad Científica; pero falleció antes de incorporarse. Su muerte acaeció el 17 de noviembre de 1748, después de sufrir una violenta enfermedad que no le impidió asistir al estreno de la obra de Handel: Messiah.

“En busca de un amor imaginario” de Velasco Mackenzie es una maravilla, encaramada en los preceptos de la “nueva novela histórica latinoamericana”, cuestiona la historia y las verdades oficiales para plantear una nueva cartografía de los orígenes de la nación ecuatoriana (Handelsman, 2009).

Para ello combina los recursos del monólogo interior, el barroco, el realismo mágico, la polifonía de voces, el salto de tiempo y la crónica de indias para reconstruir un mundo perdido, posibilitado por las reminiscencias de Isabel Gramesón y atravesada por sus emociones y sentimientos, fundamentalmente la nostalgia, el amor no correspondido y el olvido.

En efecto, la novela se expande a través de capas. Una Isabel avejentada, ayudada por dos criadas: Claudine y Santa, evoca sus recuerdos doloridos para que vislumbremos sus heridas: la muerte de su madre, el incendio de Guayaquil, su traslado forzado a la sierra, su amor (no) correspondido con Donaldo, que más que eso, fue un amor imaginario, su matrimonio arreglado con Goudin, las tretas de su padre, su accidentada travesía por la Amazonía, la muerte de sus familiares y servidores en la selva, y, su traslado a Saint Amand, desde donde cada objeto, cada palabra, cada sonido, cada omisión es un pasaje hacia el pasado.

Es una novela que hurga en la memoria desde lo femenino, dándole una voz propia, aunque delirante, a una persona cuya voz fue silenciada al convertirse en un personaje de los relatos de los aventureros. Un mundo femenino que se va desplegando mediante aquello que no pudo ser contado, como un lado b de “larga duración” de la historia. Como ese compendio necesario que conecta los datos históricos, fríos, incógnitos, insignificantes, con las emociones y sentimientos que pudieron tener los protagonistas de esos datos. Otorgando calidez, cercanía y significado al trabajo de los geodésicos en un contexto espacio/temporal limitado, recuperando así su dimensión de humanos que aman, odian, desean, sienten enviada, celos y pasión, que actúan, imprevisibles, según la volubilidad de sus sentimientos.

Esta visión femenina se conecta con la voluntad de Mackenzie por visibilizar los entresijos ocultos de la historia, aquellos intersticios entre los héroes y los nombres insignes, donde surgen aquellos hombres y mujeres que posibilitaron, desde el trabajo de campo, las hazañas de los insignes: cargadores, servidores, guías de caminos, cocineros, escribanos, abogados, esclavos, políticos y otras personas que posibilitaron material, cognitiva y legalmente dichas hazañas.

Así, Velasco Mackenzie recrea a Joaquín Grameson, fiel servidor de Isabel, quien reitera que no es esclavo, sino que ha elegido servir a la familia. La novela se convierte entonces en un “palimpsesto de narraciones, fuentes históricas e interpretaciones de múltiples personajes que muchas veces chocan entre sí debido a sus motivos y puntos de vista contrapuestos” (Handelsman, 2009).

Esta acumulación de estilos, cuentos y materiales produce un estilo cargado, cercano al barroco de la época representada y que, muestra, la imposibilidad de conocer las verdades de la historia. En efecto, Velasco Mackenzie reflexiona de manera reiterativa, en la ineficacia de la traducción, la falsa objetividad de la ciencia trastocada por narraciones fantásticas y de aventuras, y, sobretodo, en las posibilidades de la escritura, la representación y la historia escrita, para fundar, deconstruir o interpelar valores, símbolos y presupuestos consagrados (Handelsman, 2009).

La misión geodésica contribuyó de manera notable y decisiva para la modernización de las regiones que atravesó, y junto con otras exploraciones científicas como la de Humboldt y Bonpland, permitió un segundo descubrimiento de América.

Nuestro país Ecuador, al igual que la novela se encuentra en una permanente tensión entre la historia y la fábula (Handelsman, 2009). Esta fabulación dio rienda suelta a la aguda imaginación de Jorge Velasco Mackenzie que, respaldado por más de diez años de investigación, nos entregó un esmerado trabajo, bello en su interesantísimo contenido, innovador en la manera de contar su historia y rompedor a la hora de encarar la reflexión sobre la escritura: una novela total.

Una novela que intenta solidificar/interpelar, desde la Literatura, algunos postulados acerca del origen de la adopción del nombre Ecuador para este país. En ese sentido, Velasco Mackenzie lo advierte al principio: “Quien decida tomar los nombres y sucesos de esta novela como una verdad, cometerá un error, igual al de quien los toma por una fábula”. Con este recurso, el autor intensifica lo enigmático de los personajes y sucesos para recalcar que, así como no se pueden conocer los secretos más recónditos, tampoco se puede recuperar la verdad del pasado. Así como Isabel Goudin “no puede librarse de su memoria perseguida por un pasado que aparece y desaparece y que lo deja a todo y a todos en estado de confusión” (Handelsman, 2009, pág. 145).

Asimismo, toda reconstrucción histórica será un espejismo, una distorsión, una fábula; Velasco Mackenzie, cuestiona/solidifica/interpela las verdades históricas sobre el origen de la nación ecuatoriana y abre un debate informado en capas de historicidades. Pedro Donaldo refiere:

“había dicho que el destino de esa línea algún día era ser país: un lugar de imaginantes, una tierra de todos, donde por cada hombre hay mil frutos y por cada fruto otras mil semillas para que sigan floreciendo, y que haya tierra para vivir y para morir, y que los muertos le entreguen frutos a los vivos desde debajo de la tierra, y que ellos le den a los muertos sus sembríos para que sigan viviendo aun estando muertos; un país como la hoja de un puñal ancho que formará un gran Bósforo en el pecho de la América mestiza, un suelo fértil que asombrará al mundo por su fuerte pequeñez.

La visión idealista de Pedro Donaldo queda contrastada por nuestro cotidiano: un país en desorden y confusión. En donde sacar una cédula de identidad o un pasaporte es más una fábula que un hecho. Todas las recomendaciones para esta novela que indaga en el misterio de nuestra identidad ecuatoriana.

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El social-correísmo y la toma del poder

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Alfredo Espinosa articulista La Disputa

Guadalupe Llori no fue de mi agrado. No porque sea mujer, ni indígena; sino porque simplemente su gestión fue deplorable y no estuvo a la altura del cargo que ostentó en la Asamblea Nacional, al igual que muchos legisladores que no merecen estar sentados en sus curules.

Para la oposición, Llori fue la piedra en el zapato que les impidió llegar a la conducción de la Asamblea y avanzar en su confrontación hacia el régimen. Para el gobierno, fue una aliada que intentaba medir los tiempos para enfriar el apetito golpista de algunos asambleístas, incluidos sus compañeros de partido.

Cabe preguntarnos. ¿El problema realmente era que Llori sea la Presidencia de la Asamblea Nacional? Pese a sus múltiples falencias el problema dentro del Legislativo nunca fue Llori. Ella está dentro del nivel promedio de asambleístas con indicios de corrupción, poco elocuentes con la honestidad, aunque audaces a la hora de referirse a ella. El problema real para la oposición siempre fue la toma del poder y el control del Legislativo. Ese es el ansiado manjar que Lasso no dio a degustar a sus exaliados socialcristianos y a los aliados de estos: los correístas, antes del 24 de mayo de 2021.  

Independientemente de ello una cosa es cierta, el golpe institucional que fraguaron y ejecutaron social-correístas (PSC/UNES), el ala radical de Pachakutik afín a Leonidas Iza y los ex legisladores de la Izquierda Democrática para tumbar a Llori, no solucionará la crisis de institucionalidad y el estado de descomposición de la Función Legislativa.

Al contrario, la crisis se agudizará más y en ella se ratificarán algunas conductas, por ejemplo: en lo que respecta al tratamiento de los proyectos de ley que envíe el gobierno, los cuales probablemente ni siquiera se debatan; o el llamado a los ministros de Estado para que comparezcan ante un Parlamento en donde los ajustes de cuentas (juicios políticos) empezarán a operar como leitmotiv.

Que no le sorprenda a nadie que la próxima cabeza en rodar en la Asamblea Nacional producto del acuerdo social-correísmo (PSC/UNES), PK rebelde y ex ID sea la de Yessenia Guamaní -segunda vicepresidenta de la Función Legislativa-, sobre quien pesa una denuncia por incumplimiento de funciones aprobada por el Consejo de Administración Legislativa CAL. El modus operandi para el juzgamiento será el mismo: conformar una Comisión Ad Hoc multipartidista (de oposición) para muy probablemente removerla de su función.

¿Qué viene ahora? El avance firme de la oposición por cooptar espacios en el CAL y las dos Vicepresidencias de la Asamblea. ¿Hasta dónde llegará esta “recomposición legislativa”? ¿Se removerá a los presidentes de las comisiones legislativas permanentes? ¿Qué ocurrirá con los procesos de fiscalización?

Pero esto no queda ahí. Existen procesos de juicio político pendientes en el Legislativo contra los consejeros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) y contra los consejeros del Consejo Nacional Electoral (CNE). En el caso de los últimos, posiblemente los juicios no se activen, no solo por el blindaje que adquieren en el proceso electoral, sino porque la mayoría de los consejeros de esta institución están estrechamente ligados a los partidos de oposición en la Asamblea, y no de ahora. El acuerdo social-correísta opera desde 2018 en el CNE con total éxito. ¿Cómo influirá esto en las elecciones seccionales 2023 y de consejeros del CPCCS?

En lo que respecta al Consejo de Participación Ciudadana ¿Asistiremos a una nueva metida de mano al órgano operativo de la Función de Transparencia? Dos cartas se podrían jugar el destino de esta institución. La primera el juicio político para remover a sus autoridades y allanar el camino para cooptar los organismos de control a través de los concursos de méritos y oposición. La segunda, dejar que los tentáculos de la oposición legislativa operen en el CNE, entidad encargada de organizar las elecciones de vocales del CPCCS, y quien días atrás convocó a la inscripción de candidaturas para vocales de esa entidad.

Con este escenario complejo, el presidente Lasso debe sumar un nuevo objetivo a los expuestos el pasado 24 de mayo en su informe a la nación. Pues el 2022 no solo será el año de la “inversión social” –como mencionó el mandatario–, sino también marcará el inicio de una férrea defensa por mantenerse en el poder.


El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

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La colección

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Imagen destacada Gabriela Celorio
Gabriela Celorio escritora de La Disputa

Lucía con sus 37 años, decidió no casarse, ni tener hijos. Disfrutaba de su soltería, tenía un trabajo mediocre, pero le alcanzaba el dinero perfectamente para esos lujitos que la hacían feliz: comprar al menos dos libros al mes y agrandar su colección de duendes.

Su colección ascendía a los 100 duendes, sus amigos le traían uno cuando viajaban a los diferentes países y ella los compraba siempre que encontraba uno en las diferentes tiendas. Tenía 5 favoritos que los tenía en sus cajas, los coleccionaba desde que tenía 18 años, cuando su papá le regaló el primero.

Lucía se preparaba para mostrar su colección en una feria del pueblo, los había sacado de la vitrina para limpiarlos y ordenarlos. Ese día, Lucía se había ido a la cama muy temprano, escuchaba la música de Beethoven y tomaba un somnífero como era de costumbre para poder dormir. Normalmente, pasaban entre 4 y 5 canciones para que su televisión se apagara, sin embargo, un minuto después de escuchar la primera canción todo era silencio.

Lucía se sentó en la cama, se refregó los ojos, en ese trance entre estar despierta y dormida, en medio de la oscuridad absoluta miró fijamente a la televisión, sin notar nada extraño, tomó el control remoto y la volvió a prender. El televisor volvió a apagarse, ahora más despierta la lo volvió a encender

Cuando despertó del todo, vio una sombra que pasaba por el mueble de la televisión. La sombra de una cabeza diminuta con sombrero puntiagudo paseaba por la televisión prendida con Beethoven a todo volumen. De pronto, un cuerpecillo saltó del suelo y se arrojó a Lucía. Su duende favorito le atacaba, de pronto varios cuerpos se acercaban a su rostro.

Rostros pequeños, arrugados, con ojos saltones miraban a Lucía descontrolados, sus manitos pequeñas, golpeaban y rasguñaban su rostro, mientras los lanzaba por los aires, sentía pedazos gelatinosos de su rostro, su sangre resbalaba por sus dedos, mientras atacaban su garganta y frente con sus colmillos pequeños. Lucía gritaba, pataleaba, pedía auxilio, pero nadie le escuchaba, en medio de su ronca voz, los duendes reían y rasguñaban.

De pronto a Lucía se le acabó las fuerzas y se desvaneció…

Lucía despertó en una recámara llena de flores y con su madre dormida en un sofá, tocó su rostro vendado y sintió un dolor profundo. El médico entró a la habitación, le sacó el vendaje de su rostro e intentaba explicarle sobre lo sucedido.

  • Lucía tu rostro sanará en un año más o menos con los cuidados adecuados, pero vendrá la terapista a conversar contigo.
  • Ellos lo hicieron doctor… Los duendes
  • Lucía, la terapista está viniendo ahora, conversa con ella por favor.

La mamá de Lucía con cara de preocupación y llorando igual que su hija, la abrazó y no preguntó nada más. Lucía intentaba explicarle al doctor, que fueron los duendes quienes la atacaron. Pero sin escucharla, salió de la habitación.

Entró la terapista y habló con ella.

  • Lucía tenemos que conversar de lo sucedido.
  • Doctora, ellos, los duendes me atacaron.
  • No Lucía, eso no fue lo que sucedió.
  • Eso sucedió, creerá que estoy loca, pero eso sucedió.

La terapista sacó de su carpeta varias fotos. Lucía estaba tendida en su cama con un cuchillo en su mano izquierda y varias pastillas en su mano derecha, su rostro destrozado y todos los duendes regados en el suelo llenos de sangre.

Lucía se internó en un hospital psiquiátrico y su madre vendió toda la colección de duendes.

Dos años después, el hombre que compró la colección apareció muerto a puñaladas al lado de los duendes…

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Sensología, ocularcentrismo y sensibilidad, componentes de la sociedad contemporánea

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Lenin Carrera Editorial
Lenin Carrera editorialista de La Disputa

–          ¿Gracias a la primacía de la imagen actualmente vivimos una era de la sensología?

–          ¿Han sido disminuidas las sensibilidades corporales gracias al oculocentrismo?

Para dar respuesta a las interrogantes planteadas habría que puntualizar antes entorno a algunas definiciones que permitan establecer directrices de entendimiento acerca de la sensología, ocularcentrismo y sensibilidad; que son los tres grandes conceptos que serán desarrollados en la presente disertación.

Actualmente y gracias al advenimiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ha surgido un fenómeno que ha transformado a la comunicación masiva, pues ahora este proceso tan complejo se denomina sensología, ya que contemporáneamente vivimos un estadio de falso sentir con una duración evanescente y generador de identidades artificiosas y pre confeccionadas. En otras palabras, el proceso comunicacional de masas se caracteriza por difundir una realidad preconcebida desde los media, en otras palabras quienes reciben este mensaje prefabricado están percibiendo algo ya sentido.

En otros términos el mensaje que recibe la sociedad no es más que una construcción discursiva a priori mediática en función de ciertos intereses, lo que posteriormente será asimilado como verdad, por parte de la opinión pública gracias a un menoscabo del mensaje mediante “una exposición excesiva e incontrolada de todas sus variantes”[1]; dicho de otra manera, al tener una seudo realidad proyectada desde los medios de forma constante, tenemos que la sociedad únicamente recibirá como mensaje final todo aquello que los media deseen.

Pese a sonar apocalíptico con esta última línea procederé a delinear algunas situaciones que permitan esclarecer este fenómeno, en el cual el ocularcentrismo ha ganado terreno frente a otras formas sensoras.

Entendiendo al ocularcentrismo como el régimen de la visión que ha imperado sobre la sociedad y sus miembros, otorgándole un papel protagónico e insustituible a la capacidad que el ojo humano posee para percibir la realidad a través de la retina.

Es decir que actualmente nuestra visión se ha situado sobre los otros sentidos como elemento validador de verdad, es así que la imagen por su composición es ubicua, ocupando todas las instancias de la vida, pues la imagen no solo se expresa en fotografías o videos, sino que tenemos imágenes en forma de esculturas, pinturas, sonidos, personas, objetos y cualquier otro artilugio que nuestra visión, nuestro tacto, nuestro olfato, nuestro oído o incluso nuestro gusto pueden captar a pesar de sus propias limitaciones biológicas y anatómicas. Es decir que la imagen sería todo lo que nos rodea y se percibe con nuestros sentidos.

No obstante, en la sociedad imago –centrada en el sentido de lo icónico-visual- se ha vinculado la imagen estrictamente con la visión y su capacidad de apreciar los estímulos lumínicos que posteriormente serán procesados por el cerebro, son estas imágenes las que ahora se consideran como sinónimo de verdad y realidad.

Es este reino de lo icónico a lo que podemos describir como oculocentrismo, aquel estadio donde la visión reina y domina a la percepción, con la aclaración que no es una sola imagen la que se proyecta, difunde y reproduce, sino que son millones de imágenes digitales y análogas las que invaden el espacio público y hasta el interior de cada persona, las mismas que presentan una realidad alterna a la que los seres humanos vivimos día a día. Es decir que, este conjunto de imágenes hipervisibilizada nos presentan un paraíso audiovisual donde los sueños, los anhelos, las esperanzas, lo inverosímil cobra vida y se vuelve el modelo vivencial, percibido por el ojo, que queremos para nosotros.

Pero esta fuerte aceptación de lo icónico tiene su base y explicación biológica tal como lo explica la antropóloga Flora Davis, que atribuye un 93% del proceso de comunicación a las cuestiones no-verbales, es decir que es en este porcentaje donde intervienen imágenes en forma de gestos, movimientos y ademanes que gracias a las tecnologías de la información y comunicación son hipervisibilizadas en las pantallas de los hogares y que tal vez se transformen en elementos o modelos sociales que son emulados por los públicos, quienes aseguran el predominio y perpetuación de la imagen, pues al tener esa realidad prefabricada por los medios en forma de imagen, la sociedad vive una era sensológica en la contemporaneidad.

Esto último nos ha conducido a una disminución de la sensibilidad de las personas, en el sentido que dejamos de lado nuestras formas sensoras, para dar veracidad o mayor atención a lo percibido por la visión, sino ¿Cómo se explica ese poder inconmensurable que se ha otorgado a las imágenes? Es decir, que basta que algún acontecimiento esté validado por imágenes para que esté revestido de credibilidad societal y sino recordemos por un instante aquella frase de William Randolf Hearst “envíame las fotos y yo produciré la guerra”[2]. Con este pensamiento queda de manifiesto que las personas poseen una necesidad imperiosa de ver las cosas para considerarlas como verdaderas y sino imaginemos por un momento ¿cuál sería el nivel de rating de un noticiero en TV que no presente ningún video, fotografía o imagen de las noticias que anuncia?

La respuesta sería casi obvia, pues los televidentes al no poder constatar todo lo anunciado por el presentador, restarían credibilidad, veracidad y confiabilidad a dicho espacio noticioso, tal vez esta sea la respuesta al bombardeo icónico al que estamos sometidos los espectadores, ratificando con ello esa primacía de la visión sobre otros sentidos, con la salvedad de la audición, que funge como un elemento reafirmante de la imagen.

“[…] Nicholas Negroponte, director del Media Lab del MIT, recoge al respecto en Being Digital un experimento llevado a cabo por el investigador social Russ Neuman. Neuman dispuso dos monitores idénticos que reproducían exactamente las mismas imágenes de video. Pero en uno de ellos utilizó la calidad de sonido de un video doméstico y un televisor normal, y en el otro utilizó sonido digital con magníficos altavoces. El resultado fue sorprendente. Muchos sujetos afirmaban ver una imagen mucho mejor en el segundo monitor y aunque la calidad de imagen era de hecho la misma, la experiencia de la visión mejoraba considerablemente al mejorar el sonido”[3]

Sin embargo, habría que preguntarse ¿qué ocurre con el resto de los sentidos? Pues tacto, gusto y olfato están supeditados a la visión; ya que en las grandes ciudades, avenidas, parterres y locales están colmados de elementos visuales o sonoros, que restan sensibilidad a nuestras vías sensoras, las cuales son tan importantes y fundamentales en el proceso de abstracción de la realidad. Es por eso que Le Breton acuña la frase “siento, luego existo” es otra manera de plantear que la condición humana no es por completo espiritual, sino ante todo corporal”[4]. En otras palabras, esta afirmación alude a que la condición humana obedece no solo a una cuestión metafísica o racional desde la perspectiva cartesiana, sino que en esta experiencia está implicada una sensación corpórea que funge como el medio de abstracción, percepción, representación, cognición del mundo exterior.

En definitiva, esta sensibilidad es la ventana a través de la cual establecemos una conexión holística con el entorno y nuestros semejantes, además de constituirse en el pilar donde surge la razón, pues tal como lo anotó Michel de Serres “[…] como punto de partida a los sentidos y al cuerpo porque no hay nada en el intelecto que no haya estado primero en los sentidos”[5] , es decir que esta sensibilidad sensora no se limita únicamente a un proceso bio-anatómico que desarrolla nuestro cuerpo, sino que los sentidos son los responsables de otorgar sentido a lo que sentimos. Por tanto nuestra sensibilidad habría que entenderla no solo como ver, oír, oler, tocar o degustar, sino como aquel proceso que nos permite auto reconocernos como sujeto individual y colectivo primero como una experiencia sensora y posteriormente como una experiencia racional. Además de permitirnos una interacción multi vial con la sociedad y todos sus componentes.

Hasta aquí, se han señalado aproximaciones definitorias que permitan entender la sensología, el ocularcentrismo y la sensibilidad; sin embargo habría que acotar a manera de corolario, que actualmente y gracias al dominio del régimen oculocentrista nuestra sensibilidad ha sido mermada, pues:

Atribuimos veracidad al ver, pero este ver se limita a ver lo prefabricado desde los media, es decir que si en la contemporaneidad sentimos, hay que decir que sentimos una porción o un fragmento del todo. Pues a nosotros como audiencia se nos muestra una parte del todo; en otros términos, nuestra sensibilidad es reduccionista, ya que solo sentimos lo ya sentido, a manera de una burbuja sensológica que nos impide percibir mas allá de lo pre establecido por los media o por cualquier otra instancia que imponga su sentir mediante la lógica ocularcéntirca.

La saturación de elementos icónicos han fungido como artilugio eclipsante de las sensibilidades corpóreas de las personas, es decir que al tener una sobre carga de imagen emanada por los media, resulta casi imposible escapar de esa avalancha imago, por tanto dejamos de percibir otras sensaciones que puedan enriquecer nuestra experiencia vivencial.

BIBLIOGRAFÍA:

1.       Le breton David, El sabor del mundo: Una antropología de los sentidos, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 2009.

2.       Perniola Mario, Contra la comunicación, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2006.

3.       Pérez Jiménez Juan Carlos, Imago mundi: La cultura audiovisual, Madrid, FUNDESCO, 1996.

4.       Serres Michel, Los cinco sentidos: Ciencia, poesía y filosofía del cuerpo, Bogotá, Taurus, 2003.

5.       Varela Julia, edit., Sociología e información, Madrid, La Piqueta, 2002.

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YO… ¡SER HUMANO!

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Imagen destacada Álvaro Peña
Álvaro Peña articulista La Disputa
Fuente: https://edicionescodice.com/wp-content/uploads/2018/03/Cubierta-Yo-Cocodrilo-capturada.png

Hace algunos días terminé de leer un libro del que quedé encantado, su nombre es “Yo… ¡Cocodrilo! (Un cuento de negocios)” escrito por Juanma Opi. Su narrativa es muy sencilla y práctica, inclusive algo cómica, porque a través de pasajes comunes de la vida de las personas y de los animales nos pone de manifiesto el comportamiento que tienen los seres vivos, tanto racionales como irracionales. Aquellos que piensan y analizan, y los que se dejan llevar por el instinto y reducido cerebro y capacidad de raciocinio.

Se trata de una analogía de la vida de dos personajes interesantísimos: un cocodrilo llamado Bolso y un humano llamado Deleite. Todo gira en torno a su forma, estilo, vida y a su capacidad de tomar decisiones que marcan el antes y el después en su historia.

Los seres vivos como tales tenemos ciclos de vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. Entre cada ciclo hay eventos que hacen que la vida tanto de los seres humanos como de los animales se vuelva un éxito o un fracaso, o al menos eso nos han hecho creer desde que estamos en el vientre de nuestras madres.

¿Cuál es el objetivo en nuestra vida? Desde que nacemos ocupamos un lugar en el espacio que lo marcamos como propio e inalienable. Cuando somos niños nos procuran todo tipo de cuidados, con el fin de crecer sanos, fornidos, aptos física y mentalmente para enfrentarnos a la carnicería de la sociedad que devora a sus miembros como panes.

Es común escuchar en la casa y en los grupos de amigos y compañeros frases como: “tienes que ser alguien en la vida”, como si la mera condición humana no fuese suficiente; “trabaja duro para conseguir tus objetivos”, cuando hay muchos que sin mover un lápiz tienen más de lo que han deseado; “el éxito es lo único que te hace importante”, porque se tiene un concepto errado de lo que es el éxito; “estudia para que ocupes un buen lugar en la sociedad y seas distinguido”, cuando hay muchos que han llegado a ser presidentes con tan solo la educación básica; “el estudio te garantiza el éxito”.

Nada más mentira que aquello, cuando la meritocracia se quedó en papeles y en los requisitos de los manuales; y así, un sinfín de cosas que el cerebro del ser humano se amolda y adoctrina con este tipo de filosofías que marcaran el rumbo de la vida de quienes se la toman en serio, que cuando llegamos a un determinado ciclo de la vida, nos damos cuenta que el solo hecho de vivir, implica tanta responsabilidad en los hombros, en la mente y en el corazón.

Precisamente de esto aborda el libro, cómo el estilo de vida de Deleite, adoctrinado por la educación y filosofía de sus padres, y éstos a su vez, absorbidos por el sistema capitalista. Llega a obtener todo lo que se lo propone, inclusive a costa de pasar por encima de lo ética y políticamente correcto.

Está bien ser buen estudiante, siempre y cuando esa excelencia nos permita ayudar a los demás a ser igual que nosotros. Está bien ser buen trabajador, siempre y cuando esa aptitud nos permita crecer como seres humanos, a nivel organizacional y social. Mejorar nuestra calidad de vida en todo el sentido de la palabra. Está bien llegar a ocupar puesto de mucha importancia, siempre y cuando nos pongamos al servicio de la comunidad y coadyuvemos al desarrollo y crecimiento de las empresas y del país en el que vivimos. Está bien llegar a ser un político destacado, siempre y cuando esta práctica nos permita ayudar a los más menesterosos.

Bolso también nos enseña muchísimo, quizá mucho más que el mismo Deleite. No todos tenemos las mismas oportunidades de bienestar y mejora en nuestras vidas; quienes sostienen al sistema económico, político y social viven la vida que les ha tocado vivir, sin remilgar, ni esforzarse tanto por alcanzar las metas o el éxito que se exige, que dadas las precarias condiciones, resultaría  imposible.

La vida consiste en saber adaptarse a las condiciones en que nos encontramos, hacer buenos amigos por donde vayamos. Vivir con lo que el entorno y la naturaleza nos provee, idearnos formas éticas de vivir dignamente, cuidar la salud y el estado emocional, respetar el entorno del otro y hacer de la ética, la moral y la templanza una forma de vida.

Al menos Bolso nos da cátedra de aquello, porque él, aprendió mucho más en la Universidad de la Vida, que en los laboratorios universitarios y en los entornos organizacionales. Al final de cuentas, no seremos más que un instrumento para el goce y deleite de los que vienen atrás. Quienes acaparan a caudales saben mucho de lo que digo.

Si tan sólo las empresas supieran el verdadero valor que tienen, quizá habría más justicia, equidad y racionalidad en el uso y explotación de los recursos. Si tan sólo el ser humano supiese su verdadera misión en el mundo, quizá habría más empatía, compasión y amor por el otro. Creo que en eso reside el problema: que perdemos el foco del sentido de la vida. Siempre se malversa la recta intención por la cual fueron creadas todas las cosas. Aparece el mal: la avaricia, la codicia, el egoísmo.

Más que un cuento de negocios, el libro nos da las pautas para hacer el negocio de nuestras vidas, que nada tiene que ver con el dinero ni los éxitos que logremos, va más allá. La muerte es inminente y de eso, Bolso y Deleite, también nos dieron lecciones importantes.

Los detalles exquisitos del libro me los reservo, para no hacer perder el gusto a quienes no lo hayan leído y tengan el interés de hacerlo.

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

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Reseña del libro Relación de un Veterano de Independencia de Carlos Rodolfo Tobar

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Fernando Endara escritor de La Disputa

Tiempos del bicentenario de la Independencia de la América Española, tiempos de conmemoración y homenaje, de reflexión y recapitulación histórica, de resistencia y reivindicación de algunos de los bandos perdedores: indígenas, mujeres, afroecuatorianos, realistas, contrarrevolucionarios, entre otros.

Sin lugar a duda, y más allá de las fiebres patrióticas o republicanas, el episodio conmemorativo de los 200 años de la Batalla del Pichincha es un puente para encontrarnos con el pasado de esta región y de estas gentes, con nuestro pasado: nudo, desafío e inquietud de identidad.

La mejor manera de repasar una época, con sus conflictos, anhelos y contradicciones, es a través de la Literatura; numerosos poemas, cuentos, novelas y obras dramáticas se tejen en torno a este periodo convulso de ideales y pólvora. Sin embargo, por su argumento, su estilo y su crítica a varios discursos oficiales/hegemónicos, resalta la novela del quiteño Carlos Rodolfo Tobar, “Relación de un Veterano de Independencia” que, para críticos como Ángel Felicísimo Rojas o Hernán Rodríguez Castelo, es la mejor novela histórica ecuatoriana.

Carlos R. Tobar fue escritor, diplomático, intelectual y catedrático, formó parte de la primera generación de novelistas ecuatorianos junto a Juan León Mera y Juan Montalvo. En el plano político, actúo como ministro Plenipotenciario ante el Rey de España para pedir mediación en el conflicto limítrofe que devino en la firma del tratado Tobar-Río Branco entre Brasil y Ecuador en 1904. En el ámbito académico, fue decano de la Facultad de Filosofía y Rector de la Universidad Central del Ecuador, fue miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y de la Real Academia de la Historia de Madrid; en lo literario, publicó varias obras entre las que destacan: “Brochadas”, “Mas brochadas, malos dibujos”, “Timoleón Coloma”, y, “Relación de un Veterano de Independencia”.

 “Relación de un veterano de independencia” fue publicada por entregas por primera vez en la Revista Ecuatoriana entre 1891 y 1893. Después, la Imprenta de la Universidad Central la recopiló en dos tomos en 1895. Una tercera edición apareció en folletín de Diario El Comercio en 1909. Tuvieron que pasar casi 80 años para que, en 1987 llegue a imprenta la cuarta edición a cargo del Círculo de Lectores. La quinta y última edición corresponde a la Campaña de Lectura “Eugenio Espejo” del 2002.

El narrador de esta historia es Antonio Mideros, héroe ficticio de las guerras de independencia. Un narrador protagonista anciano que recapitula su vida desde la infancia para referir los acontecimientos de las guerras de independencia de la Real Audiencia de Quito: el “Primer grito de Independencia” del 10 de agosto de 1809, la liberación de los próceres y la guerra civil del 2 de agosto de 1810, los diversos episodios bélicos entre 1812 a 1822, y, finalmente, la batalla a las faldas del Pichincha del 24 de mayo de 1822.

Varios son los aciertos de esta novela, más allá de la importancia de los temas históricos, sobresale su lograda estilística caracterizada por la presencia de un narrador/protagonista grandilocuente, que casi se vuelve confidente del lector, que despliega su memoria a través de sonidos, olores y sensaciones que lo llevan a rememorar episodios del pasado, que busca la verosimilitud de los hechos mediante constantes contextualizaciones y explicaciones de su espacio/lugar.

Hijo de uno de los héroes del 2 de agosto de 1810, huérfano, aprendiz y soldado en los entresijos de los magnos eventos, que, empleando un lenguaje castizo, cercano a la oratoria, describe con pericia las costumbres y faenas de aquel entonces, y que, por si fuera poco, sazona la narración con escenas tumultuosas, exageradas y graciosísimas, plagadas de adjetivación desconcertante (Castelo, 1987); ante las cuales, no cabe menos que reír ante el ridículo o la ironía.

La novela, dividida en dos partes: a) la formación del héroe y, b) la gesta del héroe. Arranca con los sucesos del 10 de agosto de 1809 captados por la mente de un párvulo, que apenas tiene idea de las fuerzas e ideales que se mueven de un lado y de otro. Un año después, el de 2 de agosto de 1810, varios patriotas intentaron liberar a los próceres encarcelados, entre ellos estaba el padre del protagonista/narrador.

Las tropas realistas reaccionaron rápido y contuvieron a la turba, matando a presos, libertadores, patriotas y desprevenidos. En aquel clima de guerra civil, el obispo salió a las calles en procesión para pedir deponer las armas a los independentistas. Desarmados los republicanos, los realistas dieron rienda suelta a la matanza. Entre los intersticios de las balas y las bayonetas, quedó salvo don Mariano Castillo, personaje histórico real que, fingiendo su muerte, herido y embadurnado de sangre, engañó a realistas y patriotas hasta ser descubierto herido por los frailes del convento de San Agustín, quienes le ayudaron a recuperarse.

El pequeño Mideros en tanto, combatió en la barricada lanzando piedras junto a su madre, mientras el Mideros padre caía fusilado ante la arremetida de los godos. Por la noche, la viuda y el huérfano buscaron el cadáver del asesinado y en tal circunstancia conocieron a Castillo, que al poco se convertiría en mentor, maestro y amigo de Antonio.

Entonces se escondieron en la hacienda de don José Segundo Rey, quien vivía con su esposa doña Cándida y su hijastra Aurora. Aquí, Antonio aprendió sus primeras letras, conoció los primeros sentimientos de amor y descubrió los ideales de justicia y libertad. En la hacienda de don Segundo se reunían hombres y mujeres de las diversas clases sociales del Quito de inicios del Siglo XIX: abogados de las leyes y no de la justicia, sacerdotes y clérigos, intelectuales encubiertos a favor de la independencia por la vía diplomática, extremistas ansiosos de tomar la vía armada, damas realistas y demás personajes de la nobleza criolla de la Audiencia.

Como vemos, la primera parte de esta novela se enmarca en el Bildungsroman o novela de aprendizaje, en tanto que, el personaje central niño pregunta por su identidad, evoluciona, crece, madura hasta convertirse en soldado. Atraviesa una formación patriótica de la mano de Castillo para ser arrojado de forma súbita al mundo adulto, de modo que, “la  trayectoria  de  vida  del  narrador protagonista constituye una alegoría del propio nacimiento de la patria libre” (Velásquez Castro, 2017, pág. 13).

Por otro lado, la novela contiene varios elementos de la novela histórica: sucesos históricos claramente definidos, figuras históricas reales como personajes secundarios, procesos decisivos en la vida de los protagonistas enlazados con procesos históricos y la representación de una comunidad mediante la historia familiar o doméstica (Bajtín, 1989).

Resalta también su costumbrismo, toda la primera parte es una seguidilla de cuadros de costumbres. Cada capítulo es un retazo de minuciosas y menajes domésticos, de fiestas y comidas tradicionales, de romances y lances de la vida quiteña (Castelo, 1987). Esta primera parte, la formación del héroe, termina con la decisión de Mideros de ingresar a los ejércitos libertarios siguiendo a Castillo para combatir en las batallas de 1818-1822.

La segunda parte, retrata las acciones/gestas del héroe, los pormenores de las guerras civiles en las cuáles participó: el bautismo de fuego, las traiciones de los camaradas, el desentendimiento de los líderes emancipatorios, las victorias realistas, la rudeza de la vida de campaña, la pobreza de las ciudades involucradas, y, el camino hacia las faldas del Pichincha.

En medio de las batallas, el narrador/protagonista quedó lastimado, derrotado y enfermo, decidió entonces retornar al hogar materno, al abrigo de su amada Aurora. Y cuando estaba por acostumbrarse a la paz sedentaria de la convalecencia, regresó a la querella al enterarse que Bolívar arribaba por el norte y Sucre por el Sur. Este mismísimo general, su tocayo Antonio, le encargó la importantísima misión de servir de guía en la expendición que bordeó Quito para alcanzar el Pichincha, AQUEL 24 DE MAYO, ERA EL AÑO 1822.

Esa mañana gloriosa fue la venganza de su padre, la victoria de la patria, el nacimiento de la república, y la fantasía (falacia) de la igualdad acaecida en placebo al respirar el aire libre de Quito. ¿La libertad estaba consumada? Esta segunda parte, menos rica en usos y costumbres, y con apenas atisbos de humor, es dramática e idealista. Por un lado, reconstruye el sufrimiento de una sociedad devastada por la guerra civil, y por otro, intenta construir un discurso patriótico/nacional que queda desbordado por los sucesos y las acciones de los protagonistas. Es decir que, aunque se pretende insertar un ideal republicano al pintar la heroicidad de una gesta que buscaba la libertad, esta se confunde en el campo de batalla, en el campo de la lectura, en el campo del análisis, debido a la polifonía de voces y personajes que pueblan la novela.

Pareciera que el narrador y los críticos subsecuentes se esforzaron en destacar las cualidades republicanas/patrióticas de la novela; y, aunque estas se iluminan, también surge la escala de grises, la sombra, el contraste. Los héroes no son tan justos y ecuánimes, más bien medran por su beneficio particular, en tanto que, las familias, divididas, encuentran en los ideales libertarios o realistas el cauce a sus dilemas personales y amorosos.

Siendo así que, “Relación de un veterano de independencia” desmiente un proceso mitificado y desmitifica – como toda buena novela histórica- el periodo que reconstruye, otorgando voces y sentires a sus personajes para demostrar que, nuestro país Ecuador surgió como un país fragmentado en el que no tuvieron cabida los relatos de las mujeres, de los negros, de los pobres, de los iletrados, de los perdedores.

Estos paisajes de época dan cuenta de un relato omitido de la nación o borrado de la historia: el relato de los realismos, fidelistas o contrarrevolucionarios. El narrador expresa sus contradicciones ideológicas y su visión de los acontecimientos históricos a través de las “exposiciones, diálogos y conversaciones detrás de cada situación o acción de los personajes” (Castelo 1987, 9). En los diálogos entre los personajes se pueden apreciar distintas maneras de concebir un proyecto de república desde el realismo y/o desde la insurgencia “independentista”. Esto incide en visualizar los puentes y fronteras difusas de los bandos en disputa, resaltando que pocos combatientes tuvieron ideales fijos, para la gran mayoría, se trató de la puesta en marcha de un sistema de redes de parentesco, clientelismo y corporativismo.

Estas mismas nociones de clientelismo, corporativismo y parentesco permitían cierta agencia y movilidad de los involucrados, que podían pasar de un bando a otro, o suavizar o radicalizar su postura ideológica sin salirse de su bando. El parentesco sobretodo, además de un espacio de afecto y perpetuación cultural-biológica, se consideraba como un capital a adquirir (Sevilla 2017). El parentesco era una compleja e intrincada red de personas que se expandía a varias ciudades, que sobrepasaba el núcleo doméstico y sanguíneo, que se apoyaba en elementos económicos y políticos para alcanzar prestigio social. Las relaciones familiares se utilizaban para apoyar o desestimar causas y personas, para pasar del ámbito de lo privado a lo público, y para conseguir objetivos particulares (Sevilla 2017).

En la novela, por ejemplo, el joven Mideros y el viejo Castillo viajan por diversas haciendas y escondites de la serranía ecuatoriana, a pesar de que Castillo fue un insurgente visible y convencido, recibió posada, alojo y estadía en moradas de realistas y fidelistas, esto fue posible gracias a vínculos que van más allá de lo ideológico como el parentesco o el clientelismo.

Otro ejemplo, la anécdota de la familia Saenz dividida entre realistas e insurgentes por líos de faldas, enfrentando a las medias hermanas Manuela y Josefa en bandos distintos, heroínas, por diversas causas las dos. Asimismo, los hogares de las familias quiteñas fueron escenario de debates y diálogos entre realistas e independentistas, Tobar captura en su novela estas disputas “mejor que historiadores y antropólogos” (Castelo 1987, 16). Esta visión cuestiona la versión hegemónica de una “independencia” realizada por próceres organizados en torno al bien común de una nación en ciernes. “Gran parte de la producción historiográfica ecuatoriana, desconoce la posibilidad de que durante la Revolución y la Independencia se hayan dado giros repentinos de rumbo y de pensamiento” (Sevilla 2017, 27).  

Considero junto con Bhabha (2010) que la expresión más fascinante de imaginarios fundacionales de una comunidad política son “los lenguajes de la crítica literaria” (Bhabha, 2010, pág. 389). La Literatura surge como ese lugar privilegiado para hacer metáforas de la vida nacional (Bhabha, 2010). Tal vez por eso es por lo que Cumandá que inhibe el mestizaje, que salvaguarda la castidad nacional y omite las narrativas del realismo, multiplica sus lecturas año con año; mientras “La Relación”, es casi una tragicomedia desconocida y recóndita.

“Relación de un veterano de independencia” es una novela escrita de manera soberbia y deliciosa, jugosa y áspera, sobria y delicada, crítica y humorística, costumbrista y heroica, que desafía las narrativas homogeneizantes de nación como una comunidad horizontal para presentar una contranarrativa de la nación. Quizá no se difunde a gran escala porque podría cuestionar los fundamentos mismos de la república al otorgar voz mediante otras narrativas, a los vilipendiados y “abyectos” realistas dentro del proyecto de nación.

Varios críticos iluminan las ideas patrióticas de esta novela, por mi parte decidí caminar por la sombra amparado en la predicción de Mariano Castillo sobre la República del Ecuador: “lo que me apena es que quizá todo sea estéril, que estemos abriendo con la pólvora la grieta donde hoy sepultemos un dueño y por donde mañana brote de los infiernos un amo; no por reconquistar los derechos del pueblo, sino por labrar la riqueza de un hombre, de una familia, de las dinastías, de los que andarán a traer a la Patria como a un borracho, tambaleante entre el despotismo y la revuelta, entre el desastre y la infamia, entre la ambición de uno y la necedad de todos, entre la ruina y la desolación, entre el descrédito y la miseria, entre las hipocresías de un patriotismo mentiroso y las estupideces de la inconsciencia de las muchedumbres”. 200 años después, en la conmemoración del Bicentenario, se puede decir: PREDICCIÓN ACERTADA.

Bibliografía

Bajtín, M. (1989). Teoría y estética de la novela. Madrid: Editorial Taurus.

Bhabha, H. K. (2010). DisemiNación. Tiempo, narrativa y los márgenes de la nación moderna. En H. K. Bhabha, Nación y narración. Entre la ilusión de una identidad y las diferencias culturales (págs. 385-422). Buenos Aires: Siglo XXI.

Castelo, H. R. (1987). Prólogo a Relación de un Veterano de Independencia. En C. R. Tobar, Relación de una Veterano de Independencia (págs. 1-20). Quito: Círculo de Lectores.

Castelo, H. R. (1987). Relación de un Veterano de Independencia, gran novela histórica del XIX Americano. En C. R. Tobar, Relación de un Veterano de Independencia (págs. 1-19). Quito: Circulo de Lectores.

Sevilla, A. (2017). “Al mejor servicio del Rey”. Fidelismo, realismo y contrarrevolución en la Audiencia de Quito entre 1809 y 1822. Quito.

Velásquez Castro, M. (diciembre de 2017). El fuego de la lectoescritura patriótica en la novela histórica y sentimental del Perú, Ecuador y Bolivia en la Segunda Mitad del Siglo XIX. Mitologías Hoy. Revista de pensamiento crítico y estudios literarios latinoamericanos, 16, 11-24.

El medio de comunicación no se responsabiliza por las opiniones dadas en este artículo.

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Ocaso vegetal

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Edu Guanoluisa escritor de la Disputa

La variante Omega del virus había pasado por encima de las vacunas, que hasta hace meses habían servido para detener a las cepas tradicionales, pero que habían demostrado ser por completo inútiles frente a la nueva mutación.

Fue casi profético que los científicos la llamaran Omega. Después de ver los efectos devastadores que se registraban en todas partes del mundo. Parecía que no quedaría nadie más para renombrar a una nueva cepa, en el caso de que apareciera: esta sería la última.

Los primeros casos se registraron en algún lugar de Medio Oriente. Después de las Guerra Rusa que se había extendido hasta los países árabes, el mundo se precipitó por un peñasco de inequidades. La gente huía sin un norte claro, más preocupada por encontrar algo que comer que por recibir un tiro por la espalda o por una pandemia que hace mucho, había dejado de ser nueva. Fue entre las polutas columnas de desplazados que se gestó la variante Omega, con todo su poder de transmisión sin límites, con toda su malicia de mortalidad infinita.

Los países del epicentro quedaron deshabitados por completo en pocos meses y, en unos cuantos más, el nuevo virus se propagó por todos los rincones del planeta, dejando un reguero de cadáveres incontables tras su marcha voraz.

La histeria se desparramó como una represa desbordada que arrasa con todo a su paso. Un miedo profundo había germinado en el corazón de la humanidad y una ola de disturbios se expandió con la potencia de un tsunami hasta en los lugares más civilizados. Pero allí donde las fuerzas públicas habían fallado para contener el caos, llegó la variante Omega con su mortalidad imperante, completamente imparcial, un recurso que había sido distribuido para todos por igual, como no lo fue ninguno otro en la historia.

No era del todo cierto, claro. Por muy igualitaria que quisiera ser la labor del virus, siempre había algunos pocos afortunados que vaciaron sus cuentas bancarias, se abastecieron lo mejor que pudieron y escaparon hacia destinos secretos. En el otro lado estaban aquellos que no tenían nada que perder y que se exiliaron con lo puro puesto hacia montañas y bosques remotos.

Pero en los pueblos y ciudades comunes, el panorama era lúgubre: cuerpos por las calles y en las casas, una podredumbre material y espiritual. Una quietud que se había extendido como el ocaso de cada día, como una lluvia perpetua, triste y gris.

Con el paso del tiempo, el reino vegetal reclamó el dominio del territorio que desde hacía milenios se le había arrebatado, y en tan solo unos cuantos meses, los primeros árboles se salían de los límites del bosque, las hiedras crecían incontrolables, los jardines tan cuidados antes, ahora rebosaban de un verde salvaje. Luego de un tiempo, las plantas se habían atrevido a traspasar los espacios vedados por sus antiguos y desaparecidos amos: aquellas prisiones de concreto.

Desde la sala sucia pero bien iluminada de una casa de un solo piso, un diente de león –que ignoraba por completo cómo su milano pudo volar hasta tierras desconocidas y germinar ahí– se elevaba tímido, como queriendo evadir la realidad indiscutible, como renuente a adoptar esa nueva normalidad de vivir sin el miedo de ser arrancado de raíz, temor constante de una mala hierba.

A través del cristal enmarcado en cortinas polvorientas, veía arbustos ramificados, frondosos, rompiendo los cristales de las casas vecinas, y pinos que habían crecido mucho más en los últimos meses que en toda su antigua vida de podas regulares. Escuchaba un aire bullente del cantar de pájaros y un zumbido amarillo de abejas renacidas.

Dentro del cuarto de estar en ruinas, con el papel tapiz desprendiéndose lentamente de las paredes resquebrajadas, el diente de león había crecido sin cuidado alguno –como la mayoría de sus ancestros lo habían hecho siempre– y comprobó que el piso, que antes era de madera, ahora estaba cubierto por un mar verde de césped, tan denso que había borrado las huellas de los antiguos habitantes.

El cuero blanquecino de los sillones que se disponían frente al televisor se había cuarteado con el constante avanzar de la furia vegetal. El televisor se encontraba en frente, pegado a la pared. Y ahí, como un neófito espectador, se encontraba el diente de león, con sus hojas brillantes a la luz de las diez –aunque no hubiese un reloj que funcionase para marcar la hora–.

Bajo el suelo, las raíces de plantas que vivían allí desde antes de la variante Omega, le contaron las historias de humanos embelesados frente a esa caja oscura; de imágenes que se movían e hipnotizaban con su baile a las personas que se acomodaban en los sillones. 

Pero ahora solo se proyectaba su reflejo, oscurecido por la pantalla opaca y sucia. Y el diente de león se preguntó si era eso lo que antes encandilaba a los humanos, el perderse en ese mundo inalcanzable más allá del cristal. Lo único que quedó claro es que podría darse a esa tarea infructuosa, a aquella contemplación impasible hasta desentrañar su significado oculto. Sin miedo de que un día venga un bípedo a arrancarlo de raíz o, peor aún, a colocarlo en una prisión de cerámica. “Alguien debería agradecerle a esa tal Omega, si es que alguien la ve”, pensó. “Yo seguiré contemplando la pantalla”.

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COVID19 y la nueva forma de hacer negocios

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María Paula Espinosa
María Paula Espinosa

La pandemia del COVID19 marcó un antes y después en la cotidianidad y en la forma de hacer las cosas, pues varios de los esfuerzos por contrarrestarla implicaron la restricción agresiva de varios servicios que requerían el contacto físico, modificando de forma importante el comportamiento de las personas, y, por lo tanto, el comportamiento de los usuarios de diferentes servicios.

De acuerdo con un informe emitido en el año 2021 por la consultora Ernst&Young, durante la pandemia, las preferencias de los consumidores se han modificado, dando paso a la comercialización on-line, medios de pago sin efectivo, telemedicina, transmisión de conocimientos por medio de clases virtuales, entre otros servicios a través de canales digitales que se han visto altamente potenciados. También se destaca un consumidor más cauteloso con su salud mental y física y mucho más interesado en las estrategias de sostenibilidad y responsabilidad de sus proveedores (Ernst&Young, 2021).

Son diversos los estudios relacionados a las características del perfil del consumidor, destaco los datos presentados en el informe de comportamiento de las transacciones no presenciales en Ecuador (UESS, 2019),  en donde se señala que el perfil del consumidor en Ecuador se define de la siguiente manera: las mujeres (52%) tienen mayor predisposición para comprar por Internet, su edad fluctúa entre los 26 y 35 años (58%), pertenecen a un nivel socio-económico medio (87%) y tienen formación universitaria (50%).

En un 71% lo que más se compra en línea en Ecuador son servicios, los que lideran: alojamientos y tiquetes, bienes personales (electrónicos) y entretenimiento (música y juegos). Como medio de pago, lidera la tarjeta de crédito (61%), siendo de preferencia el uso de portales internacionales para la compra, con Amazon a la cabeza (84%) (UEES, 2019).

Por otro lado, las redes sociales han pasado a ser parte de la vida cotidiana de las personas. En el caso de Ecuador, se destaca que entre el 2020 y el 2021 las redes sociales que más se posicionaron son Facebook, Instagram, Spotify, Linkedin, Tiktok, Twitter, Pinterest y Snapchat; mientras que las redes sociales que mayor crecimiento de usuarios presentaron son TikTok y Pinterest (Del-Alcázar, 2021).

De acuerdo con el reporte “Ecuador Estado Digital” (Del-Alcázar, 2021) hasta agosto del 2020, 780 mil hogares compraron en canales digitales y el 4% de la canasta familiar fue adquirida por este medio.  Las principales categorías de productos o servicios adquiridos fueron alimentos y bebidas, salud y medicina, comida preparada, tecnologías y servicios de capacitaciones, entre otros que se presentan en menor volumen. Las investigaciones realizadas con relación a este tema dejan ver que la frecuencia de compra de productos y de servicios es alta, y en el caso de los servicios el porcentaje de compras nacionales es bastante similar a las compras internacionales, cuya brecha se ha ido acortando en el tiempo.

Con respecto a los canales de compra, el informe (Del-Alcázar, 2021) determina que el 87% de las compran se hacen vía web y el 85% a través de la app de la marca, siendo el teléfono móvil el que lidera la preferencia de dispositivos utilizados principalmente para comprar en línea.

Las características de las transacciones electrónicas durante la COVID-19 evidencia que el 49% de usuarios prefieren comprar por WhatsApp, el 44% por aplicaciones y el 35% a través de los sitios web (UESS, 2019).  Respecto a los medios y formas de pago, estos se distribuyen en: 32% tarjeta de débito, 29% tarjeta de crédito, 29% efectivos principalmente. Los pagos alternativos como la billetera electrónica tienen aceptación en el público más joven y de menos ingresos.

Frente a este nuevo escenario y a la evolución del comportamiento del consumidor, es necesario que las empresas adapten su propuesta de valor a las nuevas expectativas del cliente y redefinan sus estrategias para comercializar y hacer negocio. Varias de estas estrategias implican, además de una nueva forma de hacer negocios, la transformación digital de los modelos de gestión de ventas como un camino hacia la competitividad y sostenibilidad.

Ernst & Young ratifica esta visión, pues de la encuesta aplicada a los CIOs de 200 empresas en relación con las tendencias tecnológicas del Ecuador para el año 2021, se refleja que el 65% de las empresas proyectan adoptar nuevos modelos de negocio apalancados en tecnología. Además, entre las prioridades tecnológicas señalan la automatización de procesos como el principal reto, seguido por la necesidad de mejorar la experiencia del cliente en cada uno de sus canales ya sea con rutinas híbridas o 100% digitales considerando la apertura importante de estos últimos.

Estos datos se corresponden con los estudios realizados por la UESS (UESS, Situación de las empresas durante el COVID-19 Ecuador, 2020). Luego de su investigación con 126 empresas ecuatorianas, señala que después de la pandemia el 40% hará cambios en su forma de hacer negocios y el 12% señala como mayor reto la implementación de e-commerce y venta digital. 

Pero ¿Cuáles son los principales habilitadores tecnológicos para la adopción de canales digitales? El 53% de las empresas incorporó aplicaciones móviles como habilitador digital de sus canales comerciales, el 30% declara el haber priorizado la implementación de portales e-commerce, el 27% incorporó chatboots a sus canales de venta y un 22% adoptó catálogos interactivos. Las estadísticas citadas dan cuenta de la adopción tecnológica que estos nuevos modelos de negocio han significado para las empresas en Ecuador (Ernst&Young, 2021).

Li (2021) señala que los usuarios de hoy esperan servicios personalizados y experiencias a través de diversos canales: correo electrónico, móvil, redes sociales, publicidad y la web. Es así como la mayoría de los líderes de las áreas de experiencia del cliente están adoptando una actitud de aceleradores rápidos de la transformación digital, pues se observa un alto rendimiento en el uso de mecanismos digitales en sus procesos de atención y servicio.

 Gracias a la transformación digital, las empresas cuentan con importantes insumos generados en los canales digitales, que permiten orientar cada vez de mejor manera dicha experiencia. En el caso de Ecuador, el 70% de las empresas señalan que una de las razones por las cuales las organizaciones adoptan soluciones de Big Data y Analítica es para entender mejor al cliente o para mejorar productos y servicios, siendo esta solución tecnológica una de las tecnologías emergentes con mayor probabilidad de adopción en el corto plazo, esta probabilidad en un 59%, seguido de un 57% de cloud computing y del 47% de chatboots conversacionales (Ernst&Young, 2021).

Estamos, por tanto, ante una realidad de la cual las empresas no pueden permanecer ajenas. El entorno actual cada vez más dinámico y competitivo, hace innegable la necesidad de que las empresas se adapten, transformen, y apliquen acciones y estrategias para fortalecer su modelo de negocio integrándolo a un contexto cada vez más digital e integrando la tecnología a lo largo de su cadena de valor.

De hecho, varias empresas antes de la pandemia tenían estrategias y planes de digitalización en marcha, sin embargo, la COVID19 intensificó la necesidad de agilizar este camino. Además, como bien señala la encuesta global de McKinsey sobre Estrategia Digital, se “confirma que las compañías que pongan la tecnología en el centro de su perspectiva, sus capacidades y sus liderazgos serán las dueñas del futuro”. La misma consultora señala que con miras al 2023, la mayoría de compañías tendrán que crear nuevos negocios digitales para seguir siendo económicamente viables.

Para lograr el éxito esperado, adicional a las estrategias enfocadas a la automatización y experiencia del cliente, uno de los retos está en el desarrollo de una cultura digital en toda la organización, acompañado de estrategias de gestión del cambio que contribuyan a potenciar a las tecnologías como un habilitador de la propuesta de valor, sin perder de vista la estructura empresarial, así como una importante inversión en capital humano a fin de mejorar su cualificación y competencias en el ámbito digital (Espinosa-Velez & Armijos-Buitron, 2021).

Bibliografía

Ernst&Young. (2021). TENDENCIAS TECNOLÓGICAS ECUADOR 2021. Quito: EYGM Limited.

Del-Alcázar, J. P. (2021). Ecuador Estado Digital Ene/21. Quito: Menthino.

UESS. (2020). Situación de las empresas durante el COVID-19 Ecuador.

UESS. (2019). Comportamiento de las transacciones no presenciales en Ecuador.

Li, S. (2021). How Does COVID-19 Speed the Digital Transformation of Business Processes and Customer Experiences? Review of Business, 41(1), 1-14.

Espinosa-Velez, M. P., & Armijos-Buitron, V. A. (2021). La transformación digital y su incidencia en el e-commerce en Ecuador . CICIC 2021.

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La voz de la indignación

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Johana Uribe
Johana Uribe

Como ya hemos escuchado,

como ya hemos visto,

la conquista desde sus inicios

no fue más que crímenes y

castigos disfrazados de necesarios,

en nombre de un supremo ser.


Aquellos, los blancos ¡esos desgraciados blancos!

en la industria textil hasta los niños fueron explotados;

el indígena en la mita,

cansado de vivir lo mejor era morir

¡Pero que gente tan débil!

exclamaba el blanco infeliz.


No había otra opción,

traer esclavos negros era necesario,

Mientras el indígena se regía a un contrato

condenando su vida y a su futura generación

¡A una horrible maldición!

llamada trabajo duro y explotación.


Pero los indígenas no se dejaron,

¿Por qué me tratan así si esta es mi tierra? Pensaron.

Rebeliones pasivas y abiertas iniciaron,

pero ¡Hablar Kichwa y manifestar su cultura les negaron!

cuánto habrán llorado.

¡Oh español desgraciado!

cuánto daño has causado.

(La conquista, poema de mecanismos de explotación y resistencia indígena)

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La crisis carcelaría y de seguridad

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Luis Aguirre
Luis Aguirre

La seguridad se ha convertido en una de las demandas más sentidas por los ecuatorianos y ecuatorianas, robos, asaltos a mano armada, sicariatos, crimen organizado, narcotráfico y delincuencia internacional, así como, crímenes atroces realizados en cárceles, la extorsión de bandas delictivas y el blanqueo de dinero del narcotráfico en construcción y comercio, denotan una crisis de seguridad y una crisis carcelaria.

            Arrias et al, en su investigación “Interpretación del Sistema Carcelario Ecuatoriano”, 2020, a manera de historia plantea que, “en la mitad del siglo XVIII, surgió la cárcel, como el espacio segregativo más importante para el tratamiento de las desviaciones, representando un instrumento que humanizaba las penas al sustituir el castigo corporal por la privación  de  la  libertad,  se  adecuaba  a  los  cambios  en  el  proceso  productivo  e  incorporaba  elementos  disciplinares  para  la  moralización  de  las  clases  subordinadas. 

Según Bustos Ramírez (1992), las prisiones aparecen con la civilización y con las nuevas estructuraciones de la sociedad en las que comenzó a surgir una intensa preocupación por anular el crimen por medio de la utilización de la prisión entendida como detención y no como castigo” (Arrias, et al, 2020, pag. 17).

“En el primer trimestre de 2022, la Fiscalía General del Estado recibió 1.250 denuncias de asalto a unidades económicas en el país… Entre enero y marzo de 2022, el 32,56% de los asaltos a negocios se registró en la provincia de Pichincha, seguida por Guayas, con el 20,64%, y El Oro, con el 6,24%” (Primiciasec, 2022).

Sin ahondar en cifras y Estadística, a diario existen robos violentos de estos, varios con asesinatos. En algunas provincias el narcrotráfico se ha tomado las ciudades y en su ajuste de cuentas, se realizan asesinatos -tipo sicariato- dejando víctimas colaterales. En estos y otros elementos delictivos se han visto involucrados policías, militares, futbolistas, funcionarios públicos, entre otros; lo que grafica que, actualmente la sociedad ecuatoriana está luchando por no ser secuestrada por los aspectos del crimen organizado, como víctimas o como victimarios.

El sistema judicial ha fracasado, con la utilización de recursos legales para salvaguardar la integridad del narcotráfico, de la delincuencia de corbata y de la calle, han dejado en libertad a delincuentes sentenciados por crímenes de corrupción, de extorción, de asesinato y de narcotráfico.

Los casos de Jorge Glas, ex Vicepresidente, de Junio Roldán cabecilla de los Choneros, de Vokshi Nezdet, narcotraficante albanés-holandés, denota que el Habeas Corpus, lejos de ser un instrumento legal que vela por la integridad y seguridad de los privados de libertad, es utilizado para dejar en la impunidad a los criminales más peligrosos. Muchos con responsabilidad por las matanzas ocurridas en las cárceles y otros por actos de corrupción comprobados.

En las cárceles del país, la situación es aún más compleja. En estos años hemos sido protagonistas a nivel internacional de las peores masacres carcelarias, dejando 350 muertos desde febrero del 2021. Es un tema que se ha venido creciendo en el transcurso de estos años. no de los problemas es el hacinamiento, “10 de los 52 centros de rehabilitación sociales a nivel nacional, registran más del 100% de hacinamiento; 9 con el 50 % de sobrepoblación; y nueve con el 25%”. “Los datos revelan que el porcentaje de hacinamiento a nivel nacional es de 40, 37%” (Arrias, et al, 2020).

A esto se suma las masacres carcelarias. La última antes de la de Santo Domingo en el mes de abril del 2022, en la prisión de El Turi, que dejó como resultado a 20 presos asesinados. De acuerdo con las autoridades, se trata de una disputa por ejercer el control de las cárceles por parte de los distintos grupos narco delictivos que operan hace varios años.

Esta crisis demuestra la incapacidad del gobierno actual por el control en las cárceles y en la seguridad a nivel nacional: removiendo funcionarios, no se entrega el presupuesto adecuado para enfrentar esta crisis, y con medidas que no tienen mayores resultados.

“El gobierno no ha visto otra solución a estos problemas que la ejecución de políticas punitivas, como lo muestran las declaratorias de los estados de excepción o el nombramiento de militares para dirigir la SNAI; pero son medidas que profundizan la pobreza y el desempleo, son causas para el crecimiento de los índices de inseguridad. Por eso señalamos que Lasso es responsable por acciones y omisiones de la elevación de la inseguridad y la vulneración del derecho a la vida en el Ecuador” (En Marcha, 2022).

Se necesita presupuesto, según Arrias, et al 2020 “se debe contar con personal especializado conformado con un equipo multidisciplinario que ejecuten programas de rehabilitación y reinserción social para ser impartidos a las personas detenidas con el objeto de que al culminar su proceso penal puedan salir y llevar una vida normal dentro de la sociedad” (Arrias, et al. 2020). El principal objetivo de las cárceles es la rehabilitación de las personas que han cometido delitos para ser reinsertados en la sociedad y puedan ser personas funcionales. Esto en Latinoamérica es letra muerte, las personas que llegan a las cárceles por delitos menores salen con maestría en delincuencia organizada. No existe la llamada rehabilitación social.

No es un problema actual, es la acumulación de la incapacidad y la corrupción de varios gobiernos. En el gobierno correista por ejemplo: se denunció el sobreprecio en la contratación de los servicios de alimentación para los privados de libertad, una comida en pésimas condiciones y con precios excesivos. A pesar de que la mayoría de ecuatorianos hemos sido víctimas de la delincuencia, es necesario profundizar en los motivos del aumento de esta delincuencia y de la crisis carcelaria.

La delincuencia es un problema social, y como tal, se debe analizar desde sus orígenes. Muchos criterios xénofobos buscaban responsabilizar a la migración histórica que se dio desde Venezuela a varios países de Latinoamérica. Criterios que con la situación actual demuestran que se trataba de una cortina de humo para esconder la entrega de recursos nacionales y los actos de corrupción de los últimos gobiernos.

El aumento de la delincuencia tiene que ver con la influencia en los factores políticos, sociales, culturales, económicos, entre otros, (BARLOW, HICKMAN-BARLOW y CHIRICOS, 1993; MELOSSI, 1985, 2003), “llega a la conclusión de que en los períodos de recesión económica el incremento de la explotación de la fuerza de trabajo comporta un coetáneo aumento de la punitividad” (Brandariz, Gonzáles, 2021). Es decir, en las crisis económicas “aumenta la delincuencia debido al desempleo, el aumento de la pobreza, la generación de desigualdad” … y por ende, los gobiernos “endurecen el castigo y el consiguiente incremento de las tasas de encarcelamiento” (Brandariz, Gonzáles, 2021).

Toda recesión económica consecutivamente con su crisis destruye las fuerzas productivas de la sociedad, lo que conlleva un aumento de la delincuencia. En Ecuador por ejemplo: apenas 2’685.359 millones tienen empleo pleno, mientras que 1’984.800 millones están en el subempleo, 925.558 se encuentran con empleo no remunerado, 2’499.556 millones en empleo no pleno, 19.170 mil en empleo no clasificado y 367.654 se encuentran en el desempleo, de acuerdo con la ENEMDU, 2022.

Es por este elemento que la solución para frenar la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico, a parte de generar una verdadera política de Estado que combata la delincuencia organizada transnacional y el narcotráfico, tiene que ver con la generación de fuentes de empleo, el aumento de universidades, colegios y escuelas a nivel nacional, la reequiparación salarial de los maestros. El aumento de presupuesto para garantizar universidad para todos y en todas las provincias del país. La diversificación de la economía apoyando al desarrollo de las economías locales, que frenen la política extractivista, y que prioricen otras alternativas económicas como el agro sostenible y el ecoturismo.

Referencias

  • Arrias, et al. 2020. Interpretación del sistema carcelario ecuatoriano. https://rus.ucf.edu.cu/index.php/rus/article/view/1607/1614
  • En Marcha, 2022. Vulneraciones a la seguridad y a la vida crecieron en este gobierno. Edición 1999.
  • Primicias, 2022. Crimen organizado “blanquea” dinero en comercio y construcción. https://www.primicias.ec/noticias/en-exclusiva/crimen-organizado-blanquea-dinero-comercio-construccion-ecuador/
  • Barrandiz, Gonzáles, 2021. Crisis, delincuencia y penalidad. https://scholar.google.com/scholar?hl=es&as_sdt=0%2C5&q=crisis%2C+delincuencia+y+penalidad&btnG=

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