Reseña de la novela Opiniones de un payaso de Heinrich Böll

Opiniones de un payaso

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Creyente, profesional, emprendedor y cafeinómano. Trabajo por ser empático, solidario y justo. Mi fin último: trascender.

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La vida tiene diferentes matices, vista desde la perspectiva de un payaso, a más de jocosa se mira real y cruel.

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Las crisis de las situaciones financieras por el mal uso de los escasos recursos que llegaban a sus arcas; las brechas familiares producidas por la rebeldía de sus miembros y de su forma de pensar; los análisis de la forma de comportamientos de los humanos frente a las necesidades del prójimo. Los recuerdos de los días en que algún día fue feliz y que lo mantiene con vida, albergando la posibilidad de volver a los días de gloria; y, la hipocresía de los que profesan las religiones, frente a su ideología, son algunos de los temas que se abordan en Opiniones de Un Payaso.

Opiniones de un Payaso es un libro muy interesante, escrito por Heinrich Böll, (Alemania 1917 – 1985) Premio Nobel de Literatura 1972, reconocido por su pluma excepcional, en cuyo libro narra de forma artística su vida como payaso fallido, cuya profesión está en decadencia debido a la crítica mordaz que hace al sistema político, religioso y social de la época. En sus números (presentaciones artísticas en los escenarios) con cierto toque de picardía y humor negro, critica y cuestiona la forma de vida de la sociedad burguesa, católica y creyente de la Alemania de la postguerra.

Perteneciente a una familia acomodada, de la burguesía alemana, dedicados a la extracción del lignito. Hans Schnier -el protagonista de la novela- escribe en primera persona y a través de una finísima técnica en tiempo presente para dar a conocer la penosa situación real en la que vive, producto de las muchas experiencias con su eterno amor Marie, con su familia, con sus amigos y con su carrera artística.

En cuyo contexto, nos sumerge a través de las recuerdos y flashbacks que nos transportan en muchas ocasiones a situaciones jocosas ordinarias que él aún recuerda con mucha nostalgia y que le han marcado la vida; su carrera se trata de eso, de representar la vida a través de un número artístico en un escenario.

Hans se profesa y confiesa abiertamente ateo, pero a lo largo de la novela prefiguran muchas experiencias y situaciones religiosas que lo hacen cuestionarse realmente la verdad sobre Dios y sobre las personas que creen en él. Marie -su eterno amor- es católica, de quien está enamorado y con quien tiene muchas diferencias ideológicas. Como es obvio, por sus estilos de vida y por los adoctrinamientos que le exige en cuanto se casen, por ejemplo: tener que enseñarles el catecismo a los hijos que lleguen a tener, el matrimonio civil y las cuestiones de dogma y de culto.

El amor que siente por Marie, que en la actualidad ya no está con ella, porque lo abandonó por un católico. Lo hacen soñar con una visita al Papa en Roma, para exponerle sus formas de pensar respecto a las normas que la Iglesia tiene. Anhelaba ese encuentro para plantearle algunas sugerencias al Papa con la idea de flexibilizar la ortodoxia religiosa que mucho daño le ha hecho a la humanidad.

En el fondo de su ser y según el hilo de la historia, Hans cree en Dios, pero no en el dios que la gente de su alrededor profesa, católicos y protestantes. Hay un dialogo muy interesante en el que se nota aquello: Hans confiesa que los católicos le ponen nervioso, porque siempre juegan sucio, que los protestantes siempre le irritan por su manoseo de las conciencias y que los ateos le aburren porque siempre hablan de Dios. Si la gente hiciera lo que debería hacer y si dejásemos de juzgar con los escrúpulos, las cosas tornarían de forma diferente para aquellos quienes anhelan ver un dios todopoderoso, ejerciendo la caridad con el prójimo.

Hans reflexiona: “yo creo que nadie en el mundo entiende a un payaso, ni siquiera otro payaso, porque siempre entran en juego la envidia y la rivalidad”. Dejar de ser actor, profesión que a su familia le hubiese gustado que practique; renunciar a la posibilidad de ser un empresario exitoso, por legado, también de su familia; y, vivir sin el amor de su vida, por ejercer la libertad a través de la comedia (payasería) como profesión, nadie lo entiende.  

Según la religión, la envidia vista como tal es un pecado, porque destruye a quien la practica y a quien la provoca. La rivalidad es consecuencia de la anterior, es una competencia desmedida por escalar y destruir a quien se interpone en el camino. Es lo que llamo yo: la mercantilización y deshumanización de las profesiones, que ocurre en todas las esferas. Me imagino que, en la comedia, es peor esta tarea, porque determinar quién es el mejor, haciendo reír al mundo, debe resultar infructuoso y frustrante.

Hans vive en una lucha constante por vencer el orgullo para aplacar el hambre. Humillarse a pedir dinero en las personas que consideraba sus amigos e inclusive, aceptar las migajas de su padre, que en un acto de benevolencia y caridad “cristiana” le ofrece a cambio de que acepte sus condiciones y mejore su carrera artística, lo ponen entre la espada y la pared. Saber que eres bueno en lo que haces y que no sea valorado porque el sistema exige otras cosas para la armonía del mundo, es cuestión de vida o muerte.

Para Hans, la vida es una fiesta y lo ve reflejado en los afanes de la vida: como un obrero que se alegra por su paga en un sobre, por aquel profesional que cierra un buen negocio y con ello obtiene ganancias. También lo observa en aquella vendedora que se alegra al finalizar la jornada cuando se recoge el cabello y se alista para ir a su casa. Todo es una fiesta, lamenta que su fiesta sea un número, cuya vida solo sea un número, representada en un escenario y vituperada por los asistentes.

Como Hans, cada uno representa un número, una vida, una profesión y una forma de pertenecer al mundo. Las ideologías y su forma de manifestación marcan la diferencia entre lo que es y lo que debería ser. Quienes creemos en Dios, debemos dar muestras aquello, al menos eso espera la humanidad, signos, verdaderos signos.

El meollo del asunto y en el que versa el libro de forma implícita es en el amor. Por amor, él es capaz de renunciar a lo que no cree por vivir con lo que ama y en lo que cree. Él y muchos, grandes y chicos, pobres y ricos, podemos dar crédito que el amor transforma el mundo. De hecho, me gustaría terminar con otro de sus pensamientos: “… hay un punto en que las personas, aunque sea por motivos ideológicos, se vuelven humanos”. Eso es lo que yo llamo fe. Fe en la humanidad.

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