Comunicación 2020: realidad o espejismo

La comunicación es una cualidad indivisible al desarrollo humano, por instinto o por necesidad la humanidad siempre a buscado comunicarse. El problema surge cuando por más deseo ferviente que exista la tan funesta brecha digital sea impulsada por intereses de quien sabe quién.

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Editor La Disputa; Licenciado en Comunicación Social para el Desarrollo (2009) por la Universidad Politécnica Salesiana; especialista superior en Comunicación Social, mención TIC (2013) y magíster en Comunicación (2015) por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Ha participado en investigaciones sobre las formas de percepción de las personas no-videntes a través de ponencias y como coautor del volumen colectivo Tras cámara: La imagen pensada por fotógrafos (2013). Asimismo, presentó su investigación intitulada Ocularcentrismo, Cuando el sentir supera al ver (2019), trabajo que expone a profundidad   la incidencia del régimen escópico, predominio de la vista sobre otros sentidos, y su relación con las personas videntes y no-videntes por condición adquirida.

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Palabras claves: comunicación, conectividad, poder, ser humano

El ser humano a diferencia de otras especies tiene la capacidad de exteriorizar su pensamiento, sus emociones y sus sentimientos.

Dicho en otras palabras, se puede comunicar.

Sin embargo, en la actualidad esta habilidad suprema se la confunde con la mera transmisión de información, es decir; ahora si te llega una notificación a las redes sociales, supuestamente estás comunicado; ¡pero no!

La comunicación no se la puede entender como la circulación unidireccional de información desde un emisor hacia un receptor. Y sin que este último pueda responder.

Para que exista un proceso comunicacional verdadero deberá existir la conjugación de varios factores que permitan que los intervinientes puedan crear, transmitir, entender y responder un mensaje a través de un canal, con un código similar o de fácil asimilación.

En otros términos, la comunicación es todo un proceso horizontal donde se involucran varios actores y elementos que permitan generar una relación dialógica, y esto no tiene que ver con la evolución tecnológica del último decenio.

Mas bien, la comunicación está ligada al origen mismo de la humanidad y a su instinto gregario; ya que, desde sus inicios la humanidad siembre anduvo en la búsqueda de exteriorizar sus ideas, sea por medios pictóricos, sonidos guturales o un primitivo sistema de señas.

 Esto debido a que la humanidad fue creada con una necesidad innata de agruparse y comunicarse, lo cual podemos comprobarlo.

En el momento que se solicite a un grupo de personas que se mantengan incomunicados entre sí, luego de breves instantes, se evidenciará que de una u otra forma intentarán establecer contacto con el otro. Sea de forma, visual, corporal, oral o cualquier medio que les permita atravesar esa barrera del silencio.

En definitiva, la cualidad comunicativa humana es una destreza increíble, que se potencia a través de la evolución tecnológica, ya que, gracias a las inverosímiles velocidades de datos, en un abrir y cerrar de ojos un mensaje atraviesa todo el globo terráqueo en cuestión de milésimas. Lo que significa que las distancias geográficas casi son inexistentes, el problema surge cuando las personas no tienen acceso a esta gran autopista infocomunicativa.

La nefasta brecha digital, es un abismo que todavía los seres humanos no pueden eliminar, y hoy por hoy alrededor del planeta son millones y millones de individuos que no gozan de la tan famosa navegación en la red.

¿Cómo resolver esto?

Entre los gobiernos y la empresa privada se suscita un vaivén de otorgación de responsabilidad y mientras esa historia sin fin en pleno 2020, aún existen estudiantes de zonas rurales que no pueden ni siquiera enviar un mensaje de texto, peor soñar en una conectividad 5g.

Bajo el discurso demagogo de muchos gobiernos que prometen eliminar la brecha digital, se esconde quizá el anhelo de que la población permanezca incomunicada y así no puedan generar un feedback a sus peroratas cada vez más desdeñables y tan carentes de verosimilitud, que incluso son adecuadas para el origen de las fake news.

Es en este punto que las iniciativas ciudadanas podrían surgir como alternativas de equiparación digital, pues entre más personas puedan instruirse y conocer el otro lado de la moneda, será más complejo que las alocuciones del poder persuadan a la gente e incida sobre sus decisiones, en favor de sus intereses.

Lamentablemente, el limitante financiero se presenta como una gran barrera infranqueable, empero, aunque suene difícil de creer todavía existen organizaciones que luchan para que la distancia social se desvanezca. No obstante, para no caer en la promoción de alguna firma, es mejor abstenerse de nombrarlas.

Finalmente, es preciso un exhorto a que la sociedad deje de lado las prácticas impersonalizantes de la comunicación y se decanten por el contacto cercano, aunque en estos momentos resulta casi imposible por medidas de seguridad sanitaria.

Entonces, que vía queda; la de apoyarnos en la tecnología para enriquecer la comunicación, la de promover contactos comunicacionales primarios y crear vínculos societales de comunicación igualitaria; es decir, la tecnología y medios de comunicación al servicio de la ciudadanía y no al contrario como estamos viviéndolo.

 Partiendo de esta premisa es apremiante que las personas puedan exponer su punto de vista, y que no sean víctimas de la censura previa, que, por el criterio antojadizo de algún editor con delirio de grandeza, no vean la luz.

La cuestión es que todo aquel que consuma medios de comunicación sean digitales o tradicionales, puedan vislumbrar la postura mediática y descartarlo si fuese el caso, porque hay medios para todos los gustos. Los que buscan afianzar la imagen de la persona que los financia, los que pretenden generar opinión pública sesgada o los que a toda costa propician el endeudamiento a través de la adquisición de bienes suntuarios. Hay para todos los gustos, pero la diferencia es que los medios que no tienen intereses ocultos se muestran como una ventana ciudadana que permite expresar el sentir social. Dicho en otras palabras, los medios antagónicos al statu quo son fáciles de identificar, mediante una imagen accesible, sin invasiones eternas de publicidad o con la pluralidad de sus participantes. Es decir, lo que prima es el contenido de interés real para la gente y no los mensajes prefabricados del poder.

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