El último deseo

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Escritor aficionado.
Participante del taller de escritura y lectura a cargo de Abdón Ubidia.
Coordinador del Club de lectura Cuervx desde 2018.
Primer lugar del Concurso REMICCS, terminemos el cuento, con la obra La nostalgia de Pleysho Guntherdin, 2019.
Segundo lugar en el Concurso de poesía por la Naturaleza, con el poema Verónica, lluvia y tierra, 2012.

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¿Cuántos años han pasado desde entonces? Nunca olvidé aquella víspera de Navidad. La recuerdo porque padre estaba preparando las canastas que debía entregar a sus empleados al día siguiente. Yo lo ayudaba envolviendo los paquetes en papel celofán, ajustándolos con una cinta roja y pegando un primoroso lazo en la parte superior. Luego, padre colocaría una tarjeta con un mensaje genérico de “Buenos deseos y Felices fiestas”.

Me preguntaba dónde estaría mi madre. Sin querer, había escuchado la discusión de mis padres la noche anterior. No entendí gran cosa en ese momento; estaba como hipnotizado por las luces multicolores, los brillantes adornos del árbol en una esquina, la musiquilla navideña que lo inundaba todo, los caramelos y chocolates que comía con tanta avidez, como si una premonición me advirtiera que serían los últimos…

Más que nada, contaba impaciente los minutos hasta poder abrir mi regalo. Sabía que sería la figura del caballero Dragón. La había pedido con tanta insistencia que padre no pudo negarse a comprármela, con la condición de no abrir el regalo hasta la noche de Navidad y que le ayudara en la preparación de las canastas.

Cuánta ingenuidad en la mente de un niño. Ya me imaginaba jugando con mis amigos en la escuela, al terminar las vacaciones, intercambiando juguetes y golosinas. Vivía feliz ignorando por completo los problemas del mundo adulto. Padre me dijo que mamá había ido a cuidar de los abuelos que habían enfermado de pronto. No sabía cuándo volvería.

Ni una noticia, ni una llamada. Tuvieron que pasar muchos meses antes de que padre se atreviera a contarme la verdad. Tampoco olvidé aquella noche en que me explicó la palabra que da tanto miedo: divorcio. No volví a ver a mi madre, mi padre nunca más celebró la Navidad, tampoco yo…

Tantos años han pasado y ahora que vivo solo tengo la opción de retomar esa tradición. ¿Qué debería hacer?

Un último deseo: no más árboles cortados ni adornados con luces que desperdician electricidad; no más regalos vacíos que terminarán acumulando polvo en una esquina; no más villancicos castrantes y desafinados; no más comida excesiva mientras otros no tuviesen qué comer. Eso es todo. Adiós.

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